lunes, 19 de agosto de 2024

RECUPERAR LOS RITOS

 

"Hemos presbiterializado demasiado lo sacerdotal. Debemos recuperar, con más fuerza, la afirmación de que la Iglesia es -en todos y cada uno de los bautizados- pueblo sacerdotal. La Iglesia no es, ante todo, una jerarquía de sacerdotes sin más, sino un cuerpo formado por todos los ungidos en el bautismo como sacerdotes, profetas y reyes. ¡ese es el sacerdocio fundamental que -en cada forma de vida cristiana y de ministerio- adquiere características particulares! Quizá la expresión "sacerdocio fundamental" sea más expresiva que "sacerdocio común". Y responde al sueño de Dios sobre su pueblo, su nación santa. 

 El pueblo sacerdotal de Dios no está llamado a dominar el mundo, sino a servirlo, como signo e instrumento de reconciliación, de unidad; a cuidar la casa común y congregar a todos los pueblos en una familia universal. Y en esta noble tarea tiene su lugar necesario  e imprescindible la ritualidad. No hay sacerdocio sin ritos

No renunciemos a la dimensión poética y mistérica de nuestra forma de vida. Recuperémosla si la estamos perdiendo. Seamos el reflejo del sueño de Dios: pueblo de sacerdotes y sacerdotisas que le dan culto, que se mantienen siempre en su presencia y desde donde trasmiten los mensajes de Dios hacia los cuatro puntos cardinales".

José Cristo Rey García Paredes

Vida Religiosa 1/2024

(La nueva ritualidad en la vida consagrada)

domingo, 4 de agosto de 2024

ORAR CON SAN JUAN DE LA CRUZ EN 15 PUNTOS


1. 
San Juan de la Cruz fue un hombre de oración; bebió del espíritu de su tiempo, y conoció las formas, devociones y estilos de su época y de su Iglesia. Oró como pueblo (familia pobre), como estudiante, religioso y sacerdote. Recibió el influjo de los maestros de su tiempo, y de la corriente espiritual que promovía la oración y la interioridad.

2. Como religioso y sacerdote desarrolló indudablemente una pastoral de la oración y la vida espiritual entre los suyos, acompañando y animando para una práctica cristiana más profunda, como así lo cuentan muchos testigos.

3. En sus escritos nos dejó algunas oraciones (Ej: la oración del alma enamorada), sin embargo, en sus obras mayores no nos ha dejado un magisterio explícito acerca de la oración, como sí es el caso de Teresa de Jesús.

4. Más que de oración (formas, métodos, etc.), a Juan le interesa la persona que ora, como prepararla y disponerla, entender por qué es posible y necesario orar.

5. Como esquema general, digamos que Cristo es el punto de partida, las virtudes teologales son el camino, y la meta es la Unión. La unión del alma con Dios es el tema central de la doctrina sanjuanista (unión implica transformación, es un movimiento existencial).

6. Podemos orar porque Dios ha tomado la iniciativa, se ha querido dar a nosotros en Cristo, abriendo la posibilidad de entrar en relación con él. Al hacerlo realizamos nuestra verdadera vocación. Por eso el santo invita a considerar e imitar a Cristo, en quien Dios ha hablado de forma definitiva.

7. Dios se esconde en lo más profundo de nosotros, del otro, de la historia, de la creación. Al salir a buscarlo, con la gracia recibida, se desencadena un dinamismo espiritual que va de la cruz a la resurrección.

8. Necesitamos hacer espacio para Dios en nosotros (propuesta ascética: negar, vaciar de todo lo que no es Dios), y el mismo Dios va creando ese espacio en nosotros. A ese proceso Juan le llama Noche. Nuestras carencias nos permiten caer en la cuenta de nuestra verdadera dignidad, porque únicamente Dios puede satisfacer el anhelo que nos pone en camino.

9. Más que orar, Juan, como Teresa, habla de “ser oración”. Vivir las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), que son al mismo tiempo don de Dios y respuesta nuestra a él. Vivir y orar en cristiano es creer, esperar y amar, en un proceso que es al mismo tiempo purificación y transformación (restar y sumar).

10. Juan nos invita a dejar incluso lo que es bueno (todo lo que no es Dios, incluso las cosas de Dios, sus bienes) para mirar e ir más lejos; para alcanzar el Todo, en el que reencontramos lo que dejamos y mucho más.

11. Es siempre camino y meta de amor (Dios como presencia amorosa), por eso el lenguaje que Juan usa es lenguaje amoroso también (Amado, esposa, unión). Presenta el amor como categoría fundamental de la vida cristiana. Orar es amar.

12. El culmen de la vida teologal está, para Juan de la Cruz, en la contemplación, simplificando toda la vida de oración y el contacto con la Palabra de Dios. Toda la existencia del orante es una “noticia sencilla amorosa” totalizante, que lleva a la comunión con Dios, que se le descubre en toda la realidad humana.

13. En resumen: partimos de una llamada, de un anhelo (Dios llama, va delante siempre), para adentrarnos en un camino, búsqueda, esfuerzo, subida, que pasa por la noche (donde a pesar de todo la Fuente no deja de manar, hasta que amanece con una Llama ardiente en el interior de la persona que ya es una nueva creatura en Cristo, para Dios.

14. También podemos hablar de cuatro momentos (Ian Mathew): el don (Dios), hacer espacio (vacío positivo), dejarse sanar (noche sanadora), pleno encuentro (unión amorosa).

15. La oración como actitud teologal contemplativa crea una síntesis vital entre el amor a Dios y el amor al prójimo, y es fuertemente liberadora e integradora. Que mejor modo de expresar la experiencia orante a la que nos convoca y en la que nos introduce Juan de la Cruz, que sus propios versos: “Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el Amado, cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado, entre las azucenas olvidado”.

Fr Manuel de Jesús, OCD

martes, 23 de julio de 2024

ORACIÓN Y VIRTUDES TEOLOGALES EN SAN JUAN DE LA CRUZ

"En una época en que los maestros concentraban su atención en la oración y en el ejercicio ascético, entendido como práctica de las virtudes morales, Juan de la Cruz cambió el panorama asentando el pilar de la vida espiritual en las virtudes teologales.

Fe, esperanza y caridad son guía seguro en el camino de la unión con Dios; las tres virtudes teologales son las únicas que pueden considerarse como medio inmediato para esa unión; las demás equivalen a sendas lentas y remotas.

La vida teologal es la que tiende el puente capaz de salvar la infinita distancia entre el ser de Dios y el ser de las criaturas. Las virtudes teologales son medios proporcionados que hacen posible que los extremos (hombre-Dios) lleguen a la unión por transformación de amor.

Tienen esa virtualidad porque las virtudes teologales son un don infundido de Dios al ser humano y al mismo tiempo son acogida y respuesta por parte nuestra a la comunión que Dios le ofrece. Fe, esperanza y amor vienen de Dios y hacia Dios conducen. Cuando son acogidas por el ser humano se convierten en actitudes fundamentales con las que el ser humano se dispone ante el misterio, entra en comunión con él y lo respeta en su ser.

El hombre ha sido querido por Dios, desde toda la eternidad, para vivir en comunión con él, y para que pueda alcanzar ese fin ha recibido de parte del Creador unas capacidades que hacen posible la relación de amistad entre ambos.

Al Dios que se nos ha revelado en Jesucristo, respondemos con la fe. Al Dios que promete una plenitud de vida el hombre responde con la esperanza. Al Dios Amor que nos ha amado primero, respondemos con la caridad que es el amor de Dios derramado en nuestros corazones (Romanos 5,5).

Fe, esperanza y amor, como acogida y respuesta a la comunión que Dios ofrece al ser humano, hacen posible la relación dialogal entre ambos, respetando el ser y la identidad de cada uno.

Aunque las tres virtudes teologales son el único medio proporcionado para alcanzar la unión, da mayor relevancia a la fe (dedica a ella todo el libro segundo de Subida), pero lo que dice de ella el santo podemos extenderlo a las otras dos virtudes, pues forman un todo inseparable".

Diccionario de San Juan de la Cruz (Monte Carmelo)

 

lunes, 22 de julio de 2024

ORIGINALIDAD DEL MAGISTERIO SANJUANISTA SOBRE LA ORACIÓN CRISTIANA

 

"El mensaje sanjuanista sobre la práctica cristiana de la oración es de gran hondura, amplitud y originalidad. Hondura porque coloca la cuestión más allá de la mera descripción y didáctica de un ejercicio concreto o de una práctica devocional; amplitud, porque traslada la cuestión sobre la dificultad o sobre el ejercicio de la oración a la pregunta sobre su autenticidad, es decir, desplaza la cuestión sobre la oración, su qué, su cómo, su cuándo y dónde a la cuestión sobre quién es el que ora y en qué condiciones se puede decir que un hombre ora. Le importa hacer orantes no hacer ni enseñar oraciones; de ahí la originalidad de su mensaje" 

(Diccionario de San Juan de la Cruz, Monte Carmelo. Voz: oración).

sábado, 20 de julio de 2024

ORACIÓN EN SAN JUAN DE LA CRUZ (2)

De la lectura del libro de Ian Mathew, EL IMPACTO DE DIOS, son las siguientes notas que pretenden indagar en las enseñanzas de San Juan de la Cruz acerca de la oración, ahora en la segunda entrega: 

De ahí que, si la palabra oración es poco frecuente en los escritos de San Juan de la Cruz, es porque el lenguaje que usa es el de la esposa y el Esposo; el de dar y recibir; el creer y amar; el lenguaje de la unión. Lo que importa en la oración es el encuentro, la amistad personal; a Juan no le interesa tanto lo de pedir cosas sino lo de estar con Dios.

 ¿Es eso posible, ya no para el místico o el consagrado, sino para la gente común, los cristianos que viven el medio de la historia y del mundo? Ya Juan contesta en el prólogo de Subida: “Hay muchas almas que piensan no tienen oración, y tienen muy mucha; y otras que piensan que tienen mucha y es poco más que nada”. Invita a no cansarse, a no abandonar la oración, a no pensar que nada sucede.

 Juan, eso sí, sacrifica lo accidental, no porque no tenga valor, en aras de algo que bien merece ese sacrificio: lo vivo, la realidad viviente, el espíritu, la fe. Juan apreciaba las imágenes, pero invita a ir más allá, buscando la imagen de Cristo que cada uno lleva en su interior. Juan aprecia la belleza de las catedrales y oratorios, pero nos recuerda que no hay templo más bello para Dios que el interior de cada ser humano. En el corazón humano existe una vitalidad insondable que garantiza la posibilidad de la oración.

Cristo Jesús, muerto y resucitado, es el eje de nuestra relación con Dios, habitando en nosotros. Encontrar a Dios en la oración quiere decir entrar adentro; amar y ser amado ahí dentro, en el Cristo cuya imagen llevamos en nuestro interior. Es la mirada de Dios sobre nosotros la que garantiza la posibilidad de orar. “Ciertamente resucitado, y por tanto vivo en la historia personal de cada uno, mirando dentro de esa historia no sólo con bondad sino también con eficacia”, porque es un amor activo, que produce y transforma. “El mirar de Dios es amar y hacer mercedes”. Gracias a Cristo, “merece el alma el amor de Dios”. “La mirada de Dios cuatro bienes hacen al alma, a saber: limpiarla, agraciarla, enriquecerla y alumbrarla” (CB 19.6; 32.6; 33.1).

 Para Juan, “amar Dios al alma es meterla en cierta manera en sí mismo, igualándola consigo” (CB 2.6). Cuando oramos, cuando nos dirigimos a Dios en amistad, creyendo en su presencia y deseándole y queriéndole, entonces, a pesar de aparentes arideces, algo está sucediendo. Dios nos está metiendo dentro de él mismo y nos está haciendo como él. Esos tiempos de oración seca y monótona activan una corriente espiritual que cambia nuestras vidas.

 Ese es el gran aporte de San Juan de la Cruz, que no hablas de palabras, o técnicas de silencio, sino de encuentro con el Dios vivo. La mirada amorosa de Cristo está constantemente sobre nosotros, y crea esa posibilidad.

(Continúa...)

lunes, 15 de julio de 2024

ORACIÓN EN SAN JUAN DE LA CRUZ (1)

  De la lectura del libro de Ian Mathew, EL IMPACTO DE DIOS, son las siguientes notas que pretenden indagar en las enseñanzas de San Juan de la Cruz acerca de la oración

Para hablar de la oración, el autor parte de este presupuesto:

Un Dios que se nos acerca, que penetra allí donde encuentra espacio y que trabaja en la oscuridad para crear ese espacio… la fe, la esperanza y la caridad que son nuestros ojos hacia el Dios que se autocomunica… Jesús es quien se ha sumergido en nuestra oscuridad, y él mismo es el don”. Es mediante la oración que entramos a formar parte de ese proceso.

 San Juan de la Cruz usa raramente la palabra oración, pero para él la oración es un valor incomparable. No trata de maneras o métodos para orar, sino del por qué y el para qué de la oración: ¿Es posible? ¿Es provechosa? Parte de su propia experiencia, pues oró mucho y sirvió de guía a muchos orantes.

 Cuando empieza a describir su relación personal con Dios que brota de su anhelo, de una herida:  la primera palabra es un grito que brota de un anhelo, de una herida:

“¿A dónde te escondiste,

¿Amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste

habiéndome herido;

salí tras ti clamando y eras ido”

(Cántico, canción 1)

 

El anhelo suscita una salida y una búsqueda, y esa necesidad se convierte en el centro de su vida, en el motor que le mueve. Orar significa contactar con ese anhelo o necesidad, que brota del centro de la persona. Siempre Juan levanta sus ojos a Dios, ya sea en momentos de crisis o en medio de la vida cotidiana; cuenta un testigo que tenía grandes ratos de oración y conversaciones con nuestro Señor. Así, orar, conversar con Cristo, fue para Juan algo habitual, porque ese era el espacio donde las cosas se clarificaban y donde conseguía la fuerza y perspectiva necesarias para la vida.

 Así dice Juan, en Subida (2S2,5): “No nos queda en todas nuestras necesidades, trabajos y dificultades, otro medio mejor y más seguro que la oración y esperanza que él proveerá por los medios que él quisiere…”. Consejo que es válida también hoy para nosotros: pide a Dios, pero pide en fe; no como último recurso o como de pasada, sino directamente, y confiando plenamente. Porque en toda oración, lo que en resumidas cuentas está en juego es toda tu vida.

“Se puede rezar pidiendo fuerza para mañana, pidiendo perdón por ayer, pidiendo ayuda para las cosillas de hoy. Se puede orar por quienes están presos por su conciencia, por amigos y enemigos, por los sin techo o por los ricos, por la paz del mundo o la tranquilidad interior. Pero en todos estos casos la necesidad, aunque real, es síntoma de otra necesidad más profunda; de un anhelo que es tan íntimo y vital como lo somos nosotros para nosotros mismos”.

 Juan, que como místico ha sondeado las profundidades del alma humana, ha dicho algo fundamental: hemos sido creados para necesitar a Dios; tenemos una “capacidad infinita” para Dios. Todas las demás necesidades son síntomas de esta necesidad universal, la más real de todas, la necesidad de Dios. Nuestras necesidades son expresión de una necesidad mayor: estamos hechos para cosa más alta, y en ello radica nuestra dignidad (por ello nos arde y escuece dentro, y sufrimos esta hambre y necesidad que no saciamos con nada que no sea Dios).

 Juan usa el término “esposa” para hablar de esa necesidad; toda la humanidad y cada persona tiene ese rango. Desde la propia creación fuimos modelados para Cristo; tenemos capacidad y necesidad de Cristo.

 Nuestra carencia es nuestra dignidad. Y cuando la sentimos es cuando más somos lo que realmente somos; cuando manifestamos nuestra queja desde dentro, por esa falta, demostramos nuestra madurez. Esa queja se llama ORACIÓN; por eso la oración es un valor supremo para la persona humana. Y si la oración nos conduce a ser nosotros mismos, entonces es también un valor supremo para el mundo: devuelve al universo su ritmo, su equilibrio, su verdad.

 Así, por eso, para Juan solamente Dios salva, y el amor nos abre a un Dios que está empeñado en salvar. Dios se autoentrega en Cristo, se comunica de modo arrollador, y necesita quienes reciban ese don, quienes estén abiertos a la escucha. Por eso, para Juan, los que aman (los que oran) son los que más aprovechan a la Iglesia y los que salvan al mundo.

Es más precioso delante de Dios y del alma un poquito de este puro amor y más provecho hace a la Iglesia. aunque parece que no hace nada, que todas esas otras obras juntas” (CB 29,2).

“Adviertan, pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho haría a la Iglesia, y mucho más agradarían a Dios, dejado aparte el buen ejemplo que de sí darían, si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración, aunque no hubiesen llegado a tan alta como ésta. Cierto, entonces harían más y con menos trabajo con una obra que con mil, mereciéndolo su oración, y habiendo cobrado fuerzas espirituales en ella; porque de otra manera todo es martillar y hacer poco más que nada, y a veces nada, y aun a veces daño” (CB 29, 3).

 Así resume el autor el mensaje de Juan: sólo Dios salva; el amor crucificado efectúa la apertura del mundo al don; ese amor se pone en marcha en la oración. La oración es el motor del cambio y el valor supremo frente a las necesidades del mundo.

jueves, 11 de julio de 2024

SAN JUAN DE LA CRUZ: CRISTO ES TODO LO QUE NECESITAMOS


DIOS NOS LO HA DADO TODO EN CRISTO

Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de muchos modos y de muchas maneras, ahora a la postre, en estos días nos lo ha hablado en el Hijo todo de una vez. En lo cual da a entender el Apóstol que Dios ha quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en el todo, dándonos al Todo, que es su Hijo.

Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad. Porque le podría responder Dios de esta manera, diciendo: "Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿Qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas. Porque tú pides locuciones y revelaciones en parte, y si pones en él los ojos, lo hallarás en todo; porque él es toda mi locución y respuesta y es toda mi visión y toda mi revelación. Lo cual os he ya hablado, respondido, manifestado y revelado, dándoosle por hermano, compañero y maestro, precio y premio. Porque desde aquel día que bajé con mi Espíritu sobre él en el monte Tabor, diciendo (Mt. 17, 5): Este es mi amado Hijo, en que me he complacido, a él oíd; ya alcé yo la mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas y se la di a él. Oídle a él, porque yo no tengo más fe que revelar, ni más cosas que manifestar. Que, si antes hablaba, era prometiendo a Cristo; y si me preguntaban, eran las (preguntas) encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien, como ahora lo da a entender toda la doctrina de los evangelistas y apóstoles. Mas ahora, el que me preguntase de aquella manera y quisiese que yo le hablase o algo le revelase, era en alguna manera pedirme otra vez a Cristo, y pedirme más fe, y ser falto en ella, que ya está dada en Cristo. Y así, haría mucho agravio a mi amado Hijo, porque no sólo en aquello le faltaría en la fe, mas le obligaba otra vez a encarnar y pasar por la vida y muerte primera. No hallarás qué pedirme ni qué desear de revelaciones o visiones de mi parte. Míralo tú bien, que ahí lo hallarás ya hecho y dado todo eso, y mucho más, en él.

 Si quisieres que te respondiese yo alguna palabra de consuelo, mira a mi Hijo, sujeto a mí y sujetado por mi amor, y afligido, y verás cuántas te responde. Si quisieres que te declare yo algunas cosas ocultas o casos, pon solos los ojos en él, y hallarás ocultísimos misterios y sabiduría, y maravillas de Dios, que están encerradas en él, según mi Apóstol (Col. 2, 3) dice: En el cual Hijo de Dios están escondidos todos los tesoros de sabiduría y ciencia de Dios. Los cuales tesoros de sabiduría serán para ti muy más altos y sabrosos y provechosos que las cosas que tú querías saber. Que por eso se gloriaba el mismo Apóstol (1 Cor. 2, 2), diciendo: Que no había él dado a entender que sabía otra cosa, sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y si también quisieses otras visiones y revelaciones divinas o corporales, mírale a él también humanado, y hallarás en eso más que piensas; porque también dice el Apóstol (Col. 2, 9): En Cristo mora corporalmente toda plenitud de divinidad".

No conviene, pues, ya preguntar a Dios de aquella manera, ni es necesario que ya hablé, pues, acabando de hablar toda la fe en Cristo, no hay más fe que revelar ni la habrá jamás. Y quien quisiere ahora recibir cosas algunas por vía sobrenatural, como habemos dicho, era notar falta en Dios de que no había dado todo lo bastante en su Hijo. Porque, aunque lo haga suponiendo la fe y creyéndola, todavía es curiosidad de menos fe. De donde no hay que esperar doctrina ni otra cosa alguna por vía sobrenatural. Porque la hora que Cristo dijo en la cruz: Consummatum est (Jn. 19, 30), cuando expiró, que quiere decir: Acabado es, no sólo se acabaron esos modos, sino todas esas otras ceremonias y ritos de la Ley Vieja. Y así, en todo nos habemos de guiar por la ley de Cristo hombre (y de su Iglesia y ministros, humana y visiblemente, y por esa vía remediar nuestras ignorancias y flaquezas espirituales; que para todo hallaremos abundante medicina por esta vía. Y lo que de este camino saliere no sólo es curiosidad, sino mucho atrevimiento. Y no se ha de creer cosa por vía sobrenatural, sino sólo lo que es enseñanza de Cristo hombre) como digo, y de sus ministros, hombres. Tanto, que dice san Pablo (Gl. 1, 8) estas palabras: Si algún ángel del cielo os evangelizare fuera de lo que nosotros hombres os evangelizáremos, sea maldito y descomulgado”.

 

San Juan de la Cruz

Segundo libro de Subida, capitulo 22, 4-7

domingo, 25 de febrero de 2024

BUSCARLE ESCONDIDO

"Grande contento es para el alma entender que nunca Dios falta del alma, aunque esté en pecado mortal, cuánto menos de la que está en gracia. ¿Qué más quieres, ¡oh alma!, y qué más buscas fuera de ti, pues dentro de ti tienes tus riquezas, tus deleites, tu satisfacción, tu hartura y tu reino, que es tu Amado, a quien desea y busca tu alma? Gózate y alégrate en tu interior recogimiento con él, pues le tienes tan cerca. Ahí le desea, ahí le adora, y no le vayas a buscar fuera de ti, porque te distraerás y cansarás y no le hallarás ni gozarás más cierto, ni más presto, ni más cerca que dentro de ti. Sólo hay una cosa, que, aunque está dentro de ti, está escondido. Pero gran cosa es saber el lugar donde está escondido para buscarle allí a lo cierto. Y esto es lo que tú también aquí, alma, pides cuando con afecto de amor dices: ¿Adónde te escondiste? 

 Pero todavía dices: Puesto está en mí el que ama mi alma, ¿Cómo no le hallo ni le siento? La causa es porque está escondido, y tú no te escondes también para hallarle y sentirle. Porque el que ha de hallar una cosa escondida, tan a lo escondido y hasta lo escondido donde ella está ha de entrar, y, cuando la halla, él también está escondido como ella. Como quiera, pues; que tu Esposo amado es el tesoro escondido en el campo de tu alma, por el cual el sabio mercader dio todas sus cosas (Mt. 13, 44), convendrá que para que tú le halles, olvidadas todas las tuyas y alejándote de todas las criaturas, te escondas en tu retrete interior del espíritu (Mt. 6, 6), y, cerrando la puerta sobre ti, es a saber, tu voluntad a todas las cosas, ores a tu Padre en escondido; y así, quedando escondida con él, entonces le sentirás en escondido, y le amarás y gozarás en escondido, y te deleitarás en escondido con él, es a saber, sobre todo lo que alcanza la lengua y sentido

 ¡Ea, pues, alma hermosa!, pues ya sabes que en tu seno tu deseado Amado mora escondido, procura estar con él bien escondida, y en tu seno le abrazarás y sentirás con afección de amor".

San Juan de la Cruz
Cántico B, canción 1 

viernes, 23 de febrero de 2024

LLEGAR A SER HERMOSURA

Seguimos febrero con San Juan de la Cruz; el siguiente pasaje de Cántico B es uno de los textos del santo que más llaman mi atención. Es un texto extático e inspirado, que usa la reiteración para mostrar lo importante: llegar a ser hermosura.

"Y vámonos a ver en tu hermosura.

 Que quiere decir: hagamos de manera que, por medio de este ejercicio de amor ya dicho, lleguemos hasta vernos en tu hermosura en la vida eterna, esto es: que de tal manera esté yo transformada en tu hermosura, que, siendo semejante en hermosura, nos veamos entrambos en tu hermosura, teniendo ya tu misma hermosura; de manera que, mirando el uno al otro, vea cada uno en el otro su hermosura, siendo la una y la del otro tu hermosura sola, absorta yo en tu hermosura; y así te veré yo a ti en tu hermosura, y tú a mí en tu hermosura, y yo me veré en ti en tu hermosura, y tú te verás en mí en tu hermosura; y así, parezca yo tú en tu hermosura, y parezcas tú yo en tu hermosura, y mi hermosura sea tu hermosura y tu hermosura mi hermosura; y así, seré yo tú en tu hermosura, y serás tú yo en tu hermosura, porque tu misma hermosura será mi hermosura; y así, nos veremos el uno al otro en tu hermosura

Esta es la adopción de los hijos de Dios; que de veras dirán a Dios lo que el mismo Hijo dijo por san Juan (17, 10) al Eterno Padre, diciendo: Todas mis cosas son tuyas y tus cosas son mías. El por esencia, por ser Hijo natural; nosotros por participación, por ser hijos adoptivos. Y así lo dijo él, no sólo por sí, que es la cabeza, sino por todo su cuerpo místico, que es la Iglesia; la cual participará la misma hermosura del Esposo en el día de su triunfo, que será cuando vea a Dios cara a cara. Que por eso pide aquí el alma que se vayan a ver ella y el Esposo en su hermosura".

(Cántico B, canción 36, # 5)

miércoles, 14 de febrero de 2024

ENTRAR EN DESNUDEZ, VACÍO Y POBREZA POR CRISTO

Seguimos con el propósito de acompañar todo el mes de febrero con textos y comentarios de San Juan de la Cruz; hoy, al comenzar la Cuaresma, este pasaje que pone a Cristo en el centro (toda conversión es una vuelta a Cristo) y una propuesta ascética muy al estilo del santo: no buscar lo fácil, sino lo difícil...

"Estos avisos que aquí se siguen de vencer los apetitos, aunque son breves y pocos, yo entiendo que son tan provechosos y eficaces como compendiosos, de manera que el que de veras se quisiese ejercitar en ellos, no le harán falta otros ningunos, antes en éstos los abrazará todos. 

 Lo primero, traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se hubiera él. 

4. Lo segundo, para poder bien hacer esto, cualquiera gusto que se le ofreciere a los sentidos, como no sea puramente para honra y gloria de Dios, renúncielo y quédese vacío de él por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto, ni le quiso, que hacer la voluntad de su Padre, lo cual llamaba él su comida y manjar (Jn. 4, 34). 

Pongo ejemplo: si se le ofreciere gusto de oír cosas que no importen para el servicio y honra de Dios, ni lo quiera gustar ni las quiera oír. Y si le diere gusto mirar cosas que no le ayuden (a amar) más a Dios, ni quiera el gusto ni mirar las tales cosas. Y si en el hablar otra cualquier cosa se le ofreciere, haga lo mismo; y en todos los sentidos, ni más ni menos, en cuanto lo pudiere excusar buenamente; porque si no pudiere, basta que no quiera gustar de ello, aunque estas cosas pasen por él. Y de esta manera ha de procurar dejar luego mortificados y vacíos de aquel gusto a los sentidos, como a oscuras. Y con este cuidado en breve aprovechará mucho. 

5. Y para mortificar y apaciguar las cuatro pasiones naturales, que son gozo, esperanza, temor y dolor, de cuya concordia y pacificación salen estos y los demás bienes, es total remedio lo que se sigue, y de gran merecimiento y causa de grandes virtudes.

  Procure siempre inclinarse: no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso; no a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; no a lo más gustoso, sino antes a lo que da menos gusto; no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso; no a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo; no a lo más, sino a lo menos; no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado; no a lo que es querer algo, sino a no querer nada; no andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor, y desear entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por Cristo de todo cuanto hay en el mundo.

 7. Y estas obras conviene las abrace de corazón y procure allanar la voluntad en ellas. Porque, si de corazón las obra, muy en breve vendrá a hallar en ellas gran deleite y consuelo, obrando ordenada y discretamente".

San Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo

(Libro primero, capítulo 13, 2-13)

viernes, 9 de febrero de 2024

SAN JUAN DE LA CRUZ: EL VIAJE MÍSTICO

 

"La historia que nos cuenta San Juan de la Cruz está salpicada de metáforas por doquier. Metáforas que casi siempre utiliza él de una manera inconsciente y automática. Son las mismas metáforas de la vida cotidiana que hoy en día seguimos utilizando nosotros sin darnos cuenta. Y sin duda, la más afortunada y extendida de todas es la del viaje o camino. Sólo a través de realidades tan concretas y físicas como el cuerpo o el movimiento ("vías de carne y tiempo") podemos hablar de otras más abstractas y espirituales como el alma o la experiencia mística. Porque la mística es un viaje, y el místico es un viajero, y los apegos (o apetitos) son obstáculos en el viaje, y las noches son lugares, y la fe es guía, y el amor es fuerza, y la unión es la meta... Todo es metáfora.

La experiencia mística es un viaje. Y hay dos formas de hacer un viaje: con brújula o con mapa. La meta puede que sea la misma, y sin embargo, la experiencia de un viaje u otro resulta radicalmente diferente... El viaje místico es con brújula y sin mapa.

En un sentido, el viaje de Juan de la Cruz es un viaje hacia adelante, porque la meta siempre está delante de nosotros; en otro sentido es un viaje hacia arriba, es un vuelo a un mundo hecho de libertad y de fiesta; en otro sentido es un viaje hacia adentro, porque sólo en el interior está la belleza y lo valioso del hombre".

Juan Antonio Marcos

Un viaje a la libertad

miércoles, 7 de febrero de 2024

EN UNA NOCHE OSCURA...

1. Por tres cosas podemos decir que se llama noche este tránsito que hace el alma a la unión de Dios

La primera, por parte del término (de) donde el alma sale, porque ha de ir careciendo el apetito de todas las cosas del mundo que poseía, en negación de ellas; la cual negación y carencia es como noche para todos los sentidos del hombre. 

La segunda, por parte del medio o camino por donde ha de ir el alma a esta unión, lo cual es la fe, que es también oscura para el entendimiento, como noche. 

La tercera, por parte del término adonde va, que es Dios, el cual, ni más ni menos, es noche oscura para el alma en esta vida. Las cuales tres noches han de pasar por el alma, o, por mejor decir, el alma por ellas, para venir a la divina unión con Dios.

 2. En el libro del santo Tobías (6, 18-22) se figuraron estas tres maneras de noches por las tres noches que el ángel mandó a Tobías el mozo que pasasen antes que se juntase en uno con la esposa. 

En la primera le mandó que quemase el corazón del pez en el fuego, que significa el corazón aficionado y apegado a las cosas del mundo; el cual, para comenzar a ir a Dios, se ha de quemar y purificar todo lo que es criatura con el fuego del amor de Dios. Y en esta purgación se ahuyenta el demonio, que tiene poder en el alma por asimiento a las cosas corporales y temporales. 

3. En la segunda noche le dijo que sería admitido en la compañía de los santos patriarcas, que son los padres de la fe. Porque pasando por la primera noche, que es privarse de todos los objetos de los sentidos, luego entra el alma en la segunda noche, quedándose sola en fe (no como excluye la caridad, sino las otras noticias del entendimiento -como adelante diremos-) que es cosa que no cae en sentido. 

4. En la tercera noche le dijo el ángel que conseguiría la bendición, que es Dios, el cual, mediante la segunda noche, que es fe, se va comunicando al alma tan secreta e íntimamente, que es otra noche para el alma, en tanto que se va haciendo la dicha comunicación muy más oscura que estotras, como luego diremos. Y pasada esta tercera noche, que es acabarse de hacer la comunicación de Dios en el espíritu, que se hace ordinariamente en gran tiniebla del alma, luego se sigue la unión con la esposa que es la sabiduría de Dios. Como también el ángel dijo a Tobías que, pasada la tercera noche, se juntaría con su esposa con temor del Señor; el cual temor de Dios cuando está perfecto, está perfecto el amor, que (es) cuando se hace la transformación por amor del alma (con Dios). 

5. Estas tres partes de noche todas son una noche; pero tiene tres partes como la noche. Porque la primera, que es la del sentido, se compara a prima noche, que es cuando se acaba de carecer del objeto de las cosas. Y la segunda, que es la fe, se compara a la media noche, que totalmente es oscura. Y la tercera, al despidiente, que es Dios, la cual es ya inmediata a la luz del día. Y, para que mejor lo entendamos, iremos tratando de cada una de estas causas de por sí.

San Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo Libro primero, capítulo 2

lunes, 5 de febrero de 2024

PRÓLOGO DE SUBIDA DEL MONTE CARMELO

PRÓLOGO
 
1. Para haber de declarar y dar a entender esta noche oscura por la cual pasa el alma para llegar a la divina luz de la unión perfecta del amor de Dios, cual se puede en esta vida, era menester otra mayor luz de ciencia y experiencia que la mía; porque son tantas y tan profundas las tinieblas y trabajos, así espirituales como temporales, por que ordinariamente suelen pasar las dichosas almas para poder llegar a este alto estado de perfección, que ni basta ciencia humana para lo saber entender, ni experiencia para lo saber decir; porque sólo el que por ello pasa lo sabrá sentir, mas no decir.

 2. Y, por tanto, para decir algo de esta noche oscura, no fiaré ni de experiencia ni de ciencia, porque lo uno y lo otro puede faltar y engañar; mas, no dejándome de ayudar en lo que pudiere de estas dos cosas, aprovecharme he para todo lo que, con el favor divino, hubiere de decir -a lo menos para lo más importante y oscuro de entender- de la divina Escritura, por la cual guiándonos no podremos errar, pues que el que en ella habla es el Espíritu Santo. Y si yo en algo errare, por no entender bien así lo que en ella como en lo que sin ella dijere, no es mi intención apartarme del sano sentido y doctrina de la santa Madre Iglesia Católica, porque en tal caso totalmente me sujeto y resigno no sólo a su mandato, sino a cualquiera que en mejor razón de ello juzgare. 

3. Para lo cual me ha movido, no la posibilidad que veo en mí para cosa tan ardua, sino la confianza que en el Señor tengo de que ayudará a decir algo, por la mucha necesidad que tienen muchas almas; las cuales, comenzando el camino de la virtud, y queriéndolas Nuestro Señor poner en esta noche oscura para que por ella pasen a la divina unión, ellas no pasan adelante; a veces, por no querer entrar o dejarse entrar en ella; a veces, por no se entender y faltarles guías idóneas y despiertas que las guíen hasta la cumbre. Y así, es lástima ver muchas almas a quien Dios da talento y favor para pasar adelante, que, si ellas quisiesen animarse, llegarían a este alto estado, y se quedan en un bajo modo de trato con Dios, por no querer, o no saber, o no las encaminar y enseñar a desasirse de aquellos principios. Y ya que, en fin, Nuestro Señor las favorezca tanto, que sin eso y sin eso otro las haga pasar, llegan muy tarde y con más trabajo y con menos merecimiento, por no haber acomodádose ellas a Dios, dejándose poner libremente en el puro y cierto camino de la unión. Porque, aunque es verdad que Dios las lleva - que puede llevarlas sin ellas-, no se dejan ellas llevar; y así, se camina menos, resistiendo ellas al que las lleva, y no merecen tanto, pues no aplican la voluntad, y en eso mismo padecen más. Porque hay almas que, en vez de dejarse a Dios y ayudarse, antes estorban a Dios por su indiscreto obrar o repugnar, hechas semejantes a los niños que, queriendo sus madres llevarlos en brazos, ellos van pateando y llorando, porfiando por se ir ellos por su pie, para que no se pueda andar nada, y, si se anduviere, sea al paso del niño

4. Y así, para este saberse dejar llevar de Dios cuando Su Majestad los quiere pasar adelante, así a los principiantes como a los aprovechados, con su ayuda daremos doctrina y avisos, para que sepan entender o, a lo menos, dejarse llevar de Dios. 

Porque algunos padres espirituales, por no tener luz y experiencia de estos caminos, antes suelen impedir y dañar a semejantes almas que ayudarlas al camino, hechos semejantes a los edificantes de Babilonia que, habiendo de administrar un material conveniente, daban y aplicaban ellos otro muy diferente, por no entender ellos la lengua (Gn. 11, 1-9), y así no se hacía nada. Por lo cual es recia y trabajosa cosa en tales sazones no entenderse una alma ni hallar quien la entienda. Porque acaecerá que lleve Dios a una alma por un altísimo camino de oscura contemplación y sequedad, en que a ella le parece que va perdida, y que, estando así, llena de oscuridad y trabajos, aprietos y tentaciones, encuentre quien le diga, como los consoladores de Job (2, 11-13) o que es melancolía, o desconsuelo, o condición, o que podrá ser alguna malicia oculta suya, y que por eso la ha dejado Dios; y así, luego suelen juzgar que aquella alma debe de haber sido muy mala, pues tales cosas pasan por ella.

 5. Y también habrá quien le diga que vuelve atrás, pues no halla gusto ni consuelo como antes en las cosas de Dios; y así doblan el trabajo a la pobre alma. Porque acaecerá que la mayor pena que ella siente sea del conocimiento de sus miserias propias, en que le parece que ve más claro que la luz del día que está llena de males y pecados, porque le da Dios aquella luz del conocimiento en aquella noche de contemplación, como adelante diremos; y, como halla quien conforme con su parecer, diciendo que serán por su culpa, crece la pena y el aprieto del alma sin término, y suele llegar a más que morir. Y no contentándose con esto, pensando los tales confesores que procede de pecados, hacen a las dichas almas revolver sus vidas y hacer muchas confesiones generales, y crucificarlas de nuevo; no entendiendo que aquél, por ventura, no es tiempo de eso ni de eso otro, sino de dejarlas así en la purgación que Dios las tiene, consolándolas y animándolas a que quieran aquella hasta que Dios quiera; porque hasta entonces, por más que ellas hagan y ellos digan, no hay más remedio.

 6. De esto habemos de tratar adelante con el favor divino, y de cómo se ha de haber el alma entonces y el confesor con ella, y qué indicios habrá para conocer si aquella es la purgación del alma, y, si lo es, si es del sentido o del espíritu, lo cual es la noche oscura que decimos, y cómo se podrá conocer si es melancolía u otra imperfección acerca del sentido o del espíritu. Porque podrá haber algunas almas que pensarán, ellas o sus confesores, que las lleva Dios por este camino de la noche oscura de purgación espiritual, y no será, por ventura, sino alguna imperfección de las dichas; y porque hay también muchas almas que piensan no tienen oración, y tienen muy mucha; y otras, que tienen mucha, y es poco más que nada

7. Hay otras que es lástima que trabajan y se fatigan mucho, y vuelven atrás, y ponen el fruto del aprovechar en lo que no aprovecha, sino antes estorba, y otras que con descanso y quietud van aprovechando mucho. Hay otras que, con los mismos regalos y mercedes que Dios les hace para caminar adelante, se embarazan y estorban y no van adelante. Y otras muchas cosas que en este camino acaecen a los seguidores de él, de gozos, penas y esperanzas y dolores: unos que proceden de espíritu de perfección, otros de imperfección. De todo, con el favor divino, procuraremos decir algo, para que cada alma que esto leyere, en alguna manera eche de ver el camino que lleva y el que le conviene llevar, si pretende llegar a la cumbre de este monte. 

8. Y por cuanto esta doctrina es de la noche oscura por donde el alma ha de ir a Dios, no se maraville el lector si le pareciere algo oscura. Lo cual entiendo yo que será al principio que la comenzare a leer; mas, como pase adelante, irá entendiendo mejor lo primero, porque con lo uno se va declarando lo otro. Y después, si lo leyere la segunda vez, entiendo le parecerá más claro, y la doctrina más sana. Y si algunas personas con esta doctrina no se hallaren bien, hacerlo ha mi poco saber y bajo estilo, porque la materia, de suyo, buena es y harto necesaria. Pero paréceme que, aunque se escribiera más acabada y perfectamente de lo que aquí va, no se aprovecharan de ello sino los menos, porque aquí no se escribirán cosas muy morales y sabrosas para todos los espíritus que gustan de ir por cosas dulces y sabrosas a Dios, sino doctrina sustancial y sólida, así para los unos como para los otros, si quisieren pasar a la desnudez de espíritu que aquí se escribe. 

9. Ni aun mi principal intento es hablar con todos, sino con algunas personas de nuestra sagrada Religión de los primitivos del Monte Carmelo, así frailes como monjas, por habérmelo ellos pedido, a quien Dios hace merced de meter en la senda de este monte; los cuales, como ya están bien desnudos de las cosas temporales de este siglo, entenderán mejor la doctrina de la desnudez del espíritu".

San Juan de la Cruz
Subida del Monte Carmelo

sábado, 3 de febrero de 2024

FEBRERO CON SAN JUAN DE LA CRUZ...

 

Casi como impulsado por el Espíritu, porque no es algo que provenga de mí impulso natural, me he propuesto dedicar este mes de febrero a San Juan de la Cruz. No es que no ame al santo, pero he sentido siempre que entre él y yo, en lo que a doctrina se refiere, hay un muro que no consigo superar. No es que no lo haya leído, lo hice íntegramente hace ya más de 20 años, y luego he seguido leyendo de manera parcial su obra, sus poemas, sus cartas. Pero nunca con la pasión o motivación con que he leído a santa Teresa; no es la primera vez que lo reconozco. 

Pero, al mismo tiempo, algo siempre me atrae al santo, aunque mi dialogo con él no sea nunca pacífico, y cada cierto tiempo saco del librero sus obras completas, manoseadas y llenas de apuntes y subrayados, para tratar de encontrar lo que de valioso e intemporal esconde Juan de la Cruz en sus escritos. También busco en sus comentadores alguno que me permita entender mejor al santo, a no quedarme en lo que escribió, sino en lo que puede decirle al hoy que vivo, que vivimos. "Quienes leen libros pero no ven la sabiduría de los sabios  son esclavos de la letra" (Huanchu Daoren). 

La clave de toda la obra sanjuanista es la unión con Dios: el mayor don al que el ser humano puede aspirar, y la gracia suprema que nos consiguió Cristo. Los escritos de san Juan de la Cruz tienen una finalidad eminentemente práctica, y se dirigen, en principio, a un público restringido. Su doctrino alcanza siempre lo universal, y se refiere a la esencia del vivir cristiano. Busca clarificar las vicisitudes de la vida espiritual. Los protagonistas son Dios y el ser humano (seguimiento), en diálogo con la Biblia, la teología, la experiencia y la poesía. 

 Seguiré compartiendo ideas sobre el santo en la medida en que vaya leyendo y releyendo lo que tengo a mano y me provoque, lo que me permita crecer y aprovechar mi amistad con él.

Fray Manuel de Jesús, ocd


sábado, 13 de enero de 2024

LECTURAS DE SAN JUAN DE LA CRUZ

 5 razones para leer Dichos de luz y amor de san Juan de la Cruz

Daniel Esparza

Una colección de afirmaciones concisas y contemplativas de san Juan de la Cruz que captan el núcleo mismo de sus experiencias místicas

Adentrarse en la profundidad mística de los escritos espirituales de san Juan de la Cruz puede resultar intimidante para muchos, sobre todo si se tiene en cuenta que el santo carmelita es también uno de los más grandes autores del Siglo de Oro español. Sin embargo, entre sus numerosas obras, Dichos de Luz y de Amor, destaca como un punto de entrada accesible y atractivo al mundo espiritual del santo.

Estos dichos, que en cierto modo se asemejan a los de los Padres del Desierto, se cuentan entre las obras místicas más importantes en español y han influido profundamente en escritores espirituales posteriores mucho más allá de las fronteras de la cultura española, como T. S. Eliot, Teresa de Lisieux, Edith Stein y Thomas Merton.

 

¿Qué son Los Dichos de Luz y Amor?

Los Dichos de Luz y Amor son una colección de afirmaciones concisas y contemplativas, presentadas en el estilo poético típico del santo carmelita, que captan el núcleo mismo de sus experiencias místicas. Se trata de una serie de breves reflexiones sobre temas como el amor divino, la unión del alma con Dios y el poder transformador de la paciencia.

Aunque la excepcional belleza de la prosa original de san Juan de la Cruz puede ser difícil de captar plenamente en la traducción, Dichos de Luz y Amor conservan una notable capacidad para comunicar el núcleo de sus enseñanzas místicas, en cualquier idioma: Las ideas de Juan de la Cruz trascienden fácilmente las barreras culturales y lingüísticas.

Aquí enumeramos cinco razones por las que todo el mundo (independientemente de su credo, formación teológica o inclinaciones espirituales) debería, como mínimo, echar un vistazo a estos aforismos.

ESPIRITUALIDAD ACCESIBLE

Los Dichos de Luz y Amor de san Juan de la Cruz traducen reflexiones espirituales en pepitas de sabiduría concisas y comprensibles. La brevedad y claridad de estos dichos los hacen accesibles a lectores con distintos conocimientos teológicos, ofreciendo un suave punto de entrada a las enseñanzas del santo.

RELEVANCIA UNIVERSAL

Los temas explorados por el santo carmelita, como el viaje del alma hacia la unión con Dios, resuenan universalmente. Independientemente de la formación teológica previa de cada uno, estos dichos proporcionan una guía intemporal en la búsqueda del crecimiento espiritual.

APLICACIÓN PRÁCTICA

Juan de la Cruz tenía los pies en la tierra. Los Dichos de Luz y Amor ofrecen consejos prácticos para integrar los principios espirituales en la vida cotidiana. Proporcionan consejos reales para afrontar los retos de la experiencia humana, sin perder de vista el poder transformador del amor divino.

REFLEXIÓN PERSONAL

Cada refrán sirve de catalizador para la reflexión personal. Tanto si eres un teólogo experimentado como un recién llegado a la exploración espiritual, estos refranes ofrecen un camino seguro a la vez que animan a una introspección atrevida y sincera.

INSPIRACIÓN PARA LA ORACIÓN

Los dichos de san Juan de la Cruz sirven como poderosos estímulos para la oración y la meditación. Ofrecen una hoja de ruta (de hecho, todo un itinerario) para cultivar una vida de oración significativa, que se traduzca en una vida vivida según el sentido común, la virtud y los principios fundamentales del Evangelio


(Tomado de : Aleteia)

jueves, 11 de enero de 2024

ORACIÓN TERESIANA

 Descubre el secreto y el método de Santa Teresa de Ávila para orar y ser escuchada

Descubre el fascinante mundo de la oración según Santa Teresa de Ávila, una mística y doctora de la Iglesia. Exploraremos su método único y el secreto que ha inspirado a generaciones.

Santa Teresa de Ávila, destacada mística y escritora española del siglo XVI, dejó un legado espiritual profundo que trasciende el tiempo. Su enfoque único y apasionado hacia la oración ha capturado la atención de creyentes y buscadores espirituales durante siglos.

En este artículo, exploraremos el método de Santa Teresa para orar y cómo podemos incorporarlo en nuestras vidas cotidianas.

 


El método de Santa Teresa para orar:

La oración mental profunda: Santa Teresa abogaba por una oración mental profunda, una comunión íntima con Dios que va más allá de las palabras. Su método se centraba en una conversación personal y sincera con el Creador, buscando una conexión profunda del alma con lo divino.

La imaginación como puerta a lo divino: La santa invitaba a usar la imaginación como una puerta para acceder a la presencia de Dios. En sus escritos, describía cómo la mente puede visualizar escenas sagradas, como la Encarnación o la Pasión de Cristo, para fortalecer la conexión con lo divino.

La recogida interior: Santa Teresa abogaba por la "recogida interior", un estado en el cual la mente y el corazón se retiran de las distracciones del mundo exterior para centrarse exclusivamente en la presencia de Dios. Esta recogida espiritual facilita la oración profunda y contemplativa.

La oración de quietud: Dentro de su método, Santa Teresa enfatizaba la "oración de quietud", un estado en el cual el alma, después de haber buscado a Dios con fervor, entra en una profunda paz y silencio interior. Esta quietud permite que Dios actúe y hable en el corazón del individuo.

El uso de la palabra o frase breve: La santa recomendaba el uso de una palabra o frase breve como ancla para la concentración durante la oración. Palabras como "Jesús" o "Amor divino" se convertían en puntos focales para centrar la mente y el corazón en la presencia de Dios.

La importancia de la humildad: Santa Teresa resaltaba la humildad como un elemento clave en la oración efectiva. Reconocer la propia pequeñez frente a la grandeza de Dios, así como aceptar con humildad las limitaciones y pecados personales, facilitaba una conexión más profunda con lo divino.

 

Cómo practicar el método de Santa Teresa en casa:

Encuentra un espacio tranquilo: Busca un rincón tranquilo en tu hogar donde puedas retirarte del bullicio y las distracciones. La paz exterior contribuirá a la recogida interior que Santa Teresa valoraba.

Establece un tiempo diario: Dedica un tiempo específico cada día para la oración. Puede ser por la mañana, al mediodía o antes de acostarte. La regularidad fortalecerá tu práctica.

Visualiza escenas sagradas: Usa la imaginación para visualizar escenas sagradas que resuenen contigo. Puedes meditar en la vida de Jesús, escenas bíblicas o momentos de la vida de los santos.

Usa una palabra o frase breve: Elige una palabra o frase breve que tenga significado espiritual para ti. Puede ser "paz", "gracia" o incluso el nombre de Jesús. Úsala como ancla durante la oración.

Practica la humildad: Antes de comenzar, reflexiona sobre tu propia humildad y reconoce la grandeza de Dios. La humildad prepara el corazón para una conexión más profunda.

Acepta la quietud interior: Durante la oración, permite que tu alma se sumerja en la quietud interior. Acepta la paz y el silencio como un regalo divino.

Conversa con Dios: Establece una conversación sincera con Dios. Habla desde el corazón, compartiendo tus alegrías, preocupaciones y agradecimientos. La comunicación honesta fortalece la relación espiritual.


Al adoptar el método de Santa Teresa para orar en casa, puedes experimentar una profunda conexión espiritual y encontrar paz en la presencia divina. La riqueza de su enseñanza perdura, ofreciendo un camino valioso para aquellos que buscan fortalecer su vida de oración.

(Tomado de: Teresa, de la rueca a la pluma, La Vanguardia)

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...