jueves, 30 de septiembre de 2021

EN SINTONÍA ESPIRITUAL CON TERESITA...

En estos días estamos en sintonía espiritual con Teresita. Para mí ella es puro testimonio evangélico, frente a una religiosidad que busca ganar el favor de Dios a costa de esfuerzo, penitencias y méritos. Teresita es confianza, sencillez, abandono, y sobre todo AMOR; con mayúsculas, sí, en grande y de verdad.

TERESITA es una mujer joven, consagrada y contemplativa de finales del siglo XIX; no es una teóloga propiamente, pero sus escritos guardan una rica doctrina espiritual, nacida de su experiencia. Más allá de su lenguaje piadoso y a veces ñoño, hay una fuerza evangélica que ha tocado muchos corazones. También tiene una dimensión misionera y ecuménica, un profundo amor a la Palabra de Dios. Habla de una santidad encarnada en la vida ordinaria, muestra a Dios cercano y misericordioso (Aceptación-gratuidad-confianza y abandono). Al servicio de la Iglesia (en su corazón, que es el amor).

Mentalidad jansenista: Exaltación de la majestad de Dios y su trascendencia, la postración de la condición humana después del pecado original; visión del hombre y del mundo muy pesimistas; insiste en la severidad de Dios y su cólera, una rigidez sin inteligencia, una religión de temor y una vida sin amor, una ascesis expiatoria que conquista la gracia necesaria para salvarse.

UNA IGLESIA conservadora, que mira con sospecha todo lo nuevo, restauración del tomismo, falta de encarnacionismo y de sentido profético. Fuerte anticlericalismo social, falta de cultura en el clero. Surgimiento de institutos religiosos, piedad popular centrada en Cristo (Sagrado Corazón y la Eucaristía, Reparación y Adoración) y María (Apariciones, Medalla Milagrosa). Fuerte espíritu devocional: tremendismo en las predicaciones, abuso de un Dios juez; piedad sentimental y moralizante, espiritualidad individualista.

En SANTA TERESITA
: Fuerte raigambre familiar (elementos positivos y negativos); una santidad forjada en las pruebas y los sufrimientos (pérdidas en la familia, carácter de Teresita, trabajos en el Carmelo); una santidad de contrastes (tendencia rigorista: austeridad, méritos, ascesis Vs primacía del amor); una santidad fruto de la Palabra de Dios; un camino “nuevo”: la vuelta al Evangelio: confianza, alegría. En TERESA encontramos una FIDELIDAD CREATIVA.

EL CAMINITO: 1. Se sitúa ante Dios en su realidad: es pequeñita. 2. Consciente de que no puede hacer nada por sí misma, se pone confiadamente en los brazos de Dios. 3. Esto desemboca en su ofrenda al amor misericordioso (no a su justicia). 4. Deseos de santidad (don gratuito). 5. Primacía del amor.

Teresa se adelanta al Concilio Vaticano II al universalizar la santidad, haciéndola asequible.

Fray Manuel de Jesús, ocd.

martes, 28 de septiembre de 2021

TERESITA Y LOS ÁNGELES

 

El pensamiento maduro, neto, de santa Teresita acerca de la representación de los ángeles, lo encontramos la víspera de su muerte. Estaba en su lecho de  muerte, cuando una de sus hermanas de comunidad se le acercó para´consolarla.

 -Los ángeles, le decía la monja, descenderán del cielo vestidos de blanco, resplandecientes, hermosos y alegres, para llevar su alma a la gloria

Teresita, por su parte, respondió con una sonrisa en los labios:

 "Esas imágenes no me causan la menor impresión. No puedo nutrir mi espíritu más que con la verdad. Dios y sus ángeles son espíritus puros; nadie puede ver con los ojos del cuerpo lo que son en la realidad. Por eso yo no he deseado nunca esas gracias extraordinarias de visiones corporales. Prefiero esperar la visión eterna". 

 Sencillez, diafanidad , ortodoxia y al mismo tiempo una delicada intimidad...

(Tomado del DICCIONARIO DE TERESA DE LISIEUX)

lunes, 27 de septiembre de 2021

LA COMPRENSIÓN CRECIENTE DE NUESTRA IDENTIDAD COMO CARMELITAS DESCALZOS

 "El sexenio apenas concluido nos llevó a los frailes a reflexionar y trabajar en las Constituciones, el texto base de nuestra legislación, con la intención explícita de llegar a una mejor comprensión de nuestra identidad de Carmelitas descalzos hoy. Este trabajo ha sido el fruto y la consecuencia natural de lo que hicimos en la preparación del quinto centenario del nacimiento de Teresa: la relectura sistemática de sus obras nos ha impulsado a encontrar el modo para reapropiarnos y expresar de nuevo la riqueza de nuestro carisma en el contexto actual del mundo y de la Iglesia. “Las Constituciones son la expresión concreta del carisma en el tiempo presente y contienen los elementos fundamentales que lo componen, así como las indicaciones prácticas, incluso jurídicas, que permiten vivirlo” . El esfuerzo realizado en esta relectura ha permitido poner de relieve una brecha entre el ideal que proponen las Constituciones y la realidad concreta y ordinaria de nuestra vida religiosa. En el Definitorio Extraordinario de Goa en febrero de 2019 se encontró en el instrumento de la “Declaración sobre el carisma” el modo apropiado para elaborar un texto que recoja sintéticamente los elementos esenciales del carisma, con el objetivo de que sea un estímulo para la renovación interna de la cual se siente necesidad y que sea la guía para una clara propuesta de nuestra identidad carmelitana a nuestros jóvenes y a los que se acercan a nuestros conventos con una pregunta vocacional. 

Necesitamos transformar nuestro modo de vivir para que pueda ayudarnos a crecer hacia el ideal carismático que nos ha sido dado.

  La propia experiencia de Teresa nos ofrece una comprensión del carisma que podríamos definir como progresiva: nivel personal (el encuentro con las llagas de Cristo), nivel comunitario (San José), nivel eclesial (fundación de los frailes y de otros monasterios), nivel misionero/mundial (el anhelo por la salvación de los indios). Cada momento de este desarrollo ha implicado para Teresa la revisión del modo práctico de vivir su intuición original y ha ido acompañado por una progresiva maduración de la experiencia de la intimidad con Dios, hasta llegar al matrimonio espiritual. En varias ocasiones en sus escritos Teresa nos ofrece páginas de reflexión sobre quien es la carmelita, su función en la Iglesia, su atención al mundo contemporáneo, casi movida no solo por la necesidad de explicar el nuevo tipo de vida que está inaugurando sino también por la conciencia de la dinamicidad intrínseca de la apropiación del propio carisma

Los elementos fundamentales de nuestro carisma (oración, vida fraterna, misión) tienen un fuerte principio de unidad e interdependencia recíproca. Para ser carmelita descalzo hoy en los diversos contextos socio-culturales con los cuales la Orden ahora se confronta cotidianamente, el reto que tenemos delante es precisamente el de no perder esta unidad y descubrir modos apropiados de encarnación en los diversos contextos vitales. El recorrido no resulta fácil, a causa de la multiplicidad de impulsos hacia una definición de nuestra identidad que proceden de otras instancias que no son propiamente las carismáticas. ¿Qué es ser carmelita descalzo? ¿Qué es lo que lo caracteriza? ¿Cuál es su relación con la misión y vida de la Iglesia?: hemos caído en la cuenta de que si bien a nivel teórico tenemos aún una cierta unidad de visión, en la práctica de vida, en el modo de aceptar compromisos (pastorales, apostólicos, misioneros, acciones sociales), de organizar la vida (economía, estructura de la comunidad), de pensar la relación entre nosotros a varios niveles (comunitario, provincial, con la Orden), las diferencias son múltiples y comportan el riesgo de socavar a nivel carismático nuestra verdadera identidad y la unidad de nuestra familia religiosa. 

 
La Declaración sobre el carisma es el instrumento que el Capítulo General ofrece a la Orden para que, discutiéndolo y haciéndolo fructificar en nuestras comunidades, podamos crecer en el conocimiento del carisma y proponerlo a nuestro mundo de hoy

Se trata de un documento dinámico, punto de partida para múltiples profundizaciones ulteriores. El Capítulo General ha trabajado también en posibles pistas de aplicación del texto como, por ejemplo: reflexiones a nivel comunitario y provincial guiados por fichas adecuadamente preparadas, elaboración de recorridos para la animación vocacional y la formación inicial, profundización de aspectos específicos investigando el gran patrimonio de los escritos de nuestros santos, texto base para una reflexión sobre el carisma guiado a nivel provincial o regional entre frailes, monjas y miembros de la Orden Seglar, pensar conjuntamente estrategias de inculturación del carisma en áreas geográficas comunes. Un rol importante en este trabajo podrían tenerlo las Conferencias regionales de superiores. 

Con claridad el Papa Francisco en la audiencia del 11 de septiembre nos ha recordado cual es nuestro carisma “propio” y lo que la Iglesia espera de nosotros, ayudándonos a encontrar el justo equilibrio y la interconexión entre los elementos fundamentales de nuestro carisma, y la relación correcta entre contemplación y apostolado. “La vida carmelita es una vida contemplativa. Este es el don que el Espíritu ha otorgado a la Iglesia con santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, y luego con los santos carmelitas que son tantos. Fiel a este don, la vida carmelita es una respuesta a la sed del hombre contemporáneo, que en el fondo es sed de Dios, sed de eterno: y el hombre contemporáneo tantas veces no lo entiende, lo busca por doquier. La vida carmelita está al abrigo de psicologismos, espiritualismos o falsas actualizaciones que esconden un espíritu de mundanidad. Vosotros conocéis la tentación de los psicologismos, de los espiritualismos y de las actualizaciones mundanas: el espíritu de la mundanidad. Y en esto os pido, por favor: cuidado con la mundanidad espiritual, que es el peor mal que le puede pasar a la Iglesia.”. 

Y el Papa nos ha dicho también: “La amistad con Dios madura en el silencio, en el recogimiento, en la escucha de la Palabra de Dios; es un fuego que hay que alimentar y custodiar día a día. El calor de este fuego interior también nos ayuda a practicar la vida fraterna en comunidad. No es un elemento accesorio, sino sustancial. Vuestro propio nombre os lo recuerda: “Hermanos descalzos”. Arraigados en vuestra relación con Dios, la Trinidad del Amor, estáis llamados a cultivar las relaciones en el Espíritu, en una sana tensión entre estar solos y estar con los demás, a contracorriente del individualismo y la masificación del mundo. […] La Santa Madre Teresa nos exhorta al “estilo de fraternidad”, “el estilo de hermandad”. Es un arte que se aprende día a día: ser una familia unida en Cristo, “hermanos descalzos de María”, con la Sagrada Familia de Nazaret y la comunidad apostólica como modelos.”

Tomado de: Juntos andemos, Señor (CV 26, 6) Documento conclusivo 92° Capítulo General de la Orden de los Carmelitas Descalzos Roma, 30 agosto – 14 septiembre 202

sábado, 11 de septiembre de 2021

MESÍAS (Domingo XXIV-B)

¿Quién es Jesús?
Es el Señor, el Mesías, el Cristo. ¿Qué significa eso? Ser mesías no es lo que piensa Pedro: ser liberado de las limitaciones humanas, y convertirte en una especie de superhombre, con dones extraordinarios, con poder político; más o menos lo que el Diablo le ofreció a Jesús en el desierto. Tampoco es eso la fe o la práctica religiosa: un camino para conseguir ventajas sobre los otros, que te libera de la cruz, de la lucha, de tu humanidad.

Un mesianismo triunfal, una religión de poder y ganancia, no es la religión de Jesús: él vino a dar y a darse, aceptó su humanidad plenamente, incluida la muerte, para mostrar que el camino hacia Dios es nuestra propia humanidad (nuestra finitud, nuestra fragilidad, nuestro sufrimiento). Rechazar ese camino es “satánico”, contrario al proyecto de Dios.

Es nuestra humanidad, la cruz, la que se convierte en el camino para ir a Dios. Nuestro sufrimiento no complace a Dios, ningún sufrimiento es querido por él; pero Dios sabe que para construir el Reino tenemos que rechazar nuestro egoísmo, nuestro afán de superioridad o poder, para ponernos de parte de los débiles, de los marginados, de los pecadores, y ahí toca sufrir, “cargar la cruz”, dar la vida “hasta el extremo”, como la dio Jesús. Dios no quiere más sufrimiento que el que nos viene por causa de nuestra lucha a favor de los que sufren. No pidamos ser liberados de lo que nos toca; no huyamos de la cruz.

Hagamos nuestras las palabras del profeta: “El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás”. ¿Cómo es esto posible? Porque confío en él: El Señor me ayuda, no quedaré defraudado, está cerca mi defensor.

Esa es también la fe de la que habla la segunda lectura, la que se expresa en obras concretas de amor y servicio a los demás, aunque nos cueste y nos duela, y es el camino que Jesús propone a los suyos: “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. En la respuesta que, en la práctica, damos a esa invitación, a ese llamado, está también lo que respondemos al interrogante que está hoy en el centro de la Palabra que hemos compartido, y que han tenido que responder tantos a lo largo de la historia humana: ¿Quién es Jesús para ti? ¿Quién dices tú que es Jesús?

Él nos sigue diciendo hoy: “Quien pierda su vida su vida por mí y por el Evangelio la salvará”. Por la fe, creemos que eso es “caminar en presencia del Señor en el país de la vida”.

Fray Manuel de Jesús, ocd

viernes, 10 de septiembre de 2021

LIBRO DE LAS FUNDACIONES (1)

 

Las Fundaciones o Libro de las Fundaciones es el escrito en el que Santa Teresa recoge su labor de fundadora por tierras de Castilla, La Mancha y Andalucía. En él prosigue el relato de la fundación de San José de Ávila, que había ocupado los capítulos 32-36 del Libro de la Vida. Lo comienza en 1573 y lo concluye en vísperas de su muerte, en 1582, es decir, que fue redactado sobre la marcha a lo largo de 20 años, en diferentes contextos y climas literarios. Estaba destinado a las y los carmelitas, como una especie de memoria interna del grupo fundado por ella misma, dando por supuesto que el relato fuera completado por "estos padres" (F29,31). El manuscrito acompaña, por tanto a Teresa, durante su aventura existencial como fundadora, con sus prisas y sus pausas, y concluye sin título ni índice de capítulos. 

Fue el jesuita Jerónimo Ripalda, el 25 de agosto de 153, el que al ver el Libro de la Vida, le manda a Teresa que escribe sobre la fundación de los otros monasterios que después había fundado, siete en total en ese momento. Teresa misma había escuchado años antes (1570?) una voz interior que le sugería "que escribiese la fundación de estas casas" (R9). El mandato del P. Ripalda era preciso y múltiple: escribir la fundación de esos conventos fundados por Teresa, así como el principio de los monasterios de los frailes, y en segundo lugar, que tratara algunas cosas de oración y del engaño que podrían tener los que la tienen. Dos líneas entonces: la narrativa y la doctrinal, que se irán entreverando en el escrito. 

Teresa se mueve en su labor de historiadora con una doble intención: dar gloria a Dios, contando los regalos que ha recibido en sus fundaciones, y buscando dejar constancia de la verdad de lo que ha vivido. Alternando, irán sucediéndose las páginas doctrinales, referidas a la oración o las distintas formas de neurosis o "melancolías"; también sus consejos a las prioras o recordar los trabajos pasados en los caminos, con frío, sol, o nieve, o intercalando una serie de tipos ejemplares, que ella considera viva encarnación de su ideal religioso (Gracián, Juan de la Cruz, las jóvenes pioneras de la primera fundación, etc.).  


El libro no es solo la crónica de los orígenes del Carmelo reformado, sino que es fuente envidiable y cristalina para revivir la historia de la Iglesia y de Castilla en un momento singular. Habla de las rivalidades entre Roma y Madrid, la división radical de aquella sociedad, los caminos terribles y las posadas que le recuerdan el infierno, su predilección por ciudades ricas y pobladas y su resistencia a fundar en núcleos rurales y la evolución del propio pensamiento de Teresa. 

El manuscrito original de las Fundaciones, con todas las credenciales de autenticidad, se conserva en la Biblioteca del Escorial: páginas densas, grafía ágil, de trazos típicamente teresianos, con cambios según el período en que fueran escritas esas páginas. En la primera edición de las Obras de la Santa, Fray Luis de León no incluyó las Fundaciones; vieron la luz en Bruselas, publicadas por Gracián y Ana de Jesús. 

El libro se abre, en su prólogo, con un improvisado elogio de la virtud de la obediencia:

"Por experiencia he visto, dejando lo que en muchas partes he leído, el gran bien que es para un alma no salir de la obediencia. En esto entiendo estar el irse adelantando en la virtud y el ir cobrando la de la humildad; en esto está la seguridad de la sospecha que los mortales es bien que tengamos mientras se vive en esta vida, de errar el camino del cielo. Aquí se halla la quietud que tan preciada es en las almas que desean contentar a Dios. Porque si de veras se han resignado en esta santa obediencia y rendido el entendimiento a ella, no queriendo tener otro parecer del de su confesor y, si son religiosos, el de su prelado, el demonio cesa de acometer con sus continuas inquietudes, como tiene visto que antes sale con pérdida que con ganancia; y también nuestros bulliciosos movimientos, amigos de hacer su voluntad y aun de sujetar la razón en cosas de nuestro contento, cesan, acordándose que determinadamente pusieron su voluntad en la de Dios, tomando por medio sujetarse a quien en su lugar toman. Habiéndome Su Majestad, por su bondad, dado luz de conocer el gran tesoro que está encerrado en esta preciosa virtud, he procurado -aunque flaca e imperfectamente- tenerla; aunque muchas veces repugna la poca virtud que veo en mí, porque para algunas cosas que me mandan entiendo que no llega. La divina Majestad provea lo que falta para esta obra presente".

(Tomado de DICCIONARIO DE SANTA TERESA y otras fuentes)



SANTA TERESA, FUNDADORA

 

Antes de entrar a leer y comentar el libro de las FUNDACIONES de Santa Teresa, digamos algo sobre un tema que ha sido largamente debatido en algunos ámbitos religiosos: ¿Fue Teresa reformadora o fundadora? En Roma, al pie de su estatua en la basílica de San Pedro, junto a la de otros "santos fundadores", dice "S. Teresia spiritualis Mater et Fundatrix novae Reformationis Ordinis Discalc. B. M. de Monte Carmelo". La Iglesia reconoce a Teresa como fundadora de una nueva orden religiosa. 

"Fundar" fue uno de los carismas de Teresa, documentado así en el Libro de la Vida, cuando recibe la misteriosa "orden de envío" para iniciar la fundación de San José de Ávila (V 32,11). Desde ahí luego su carisma fundador se despliega, primero en Medina del Campo, y ya luego, animada por el P. Rubeo, General de la Orden, continúa su tarea, hasta llegar a fundar 18 casas. 

Claro que, enseguida aparecieron rumores de los que se escandalizaban de sus trotes fundacionales, por su condición de mujer claustral. Ella misma lo consigna en 1571 en una de sus Relaciones (19):

"Estando, pocos días después de esto que digo, pensando si tenían razón los que les parecía mal que yo saliese a fundar, y que estaría yo mejor empleándome siempre en oración, entendí: «Mientras se vive, no está la ganancia en procurar gozarme más, sino en hacer mi voluntad». Parecíame a mí que, pues San Pablo dice del encerramiento de las mujeres -que me han dicho poco ha y aun antes lo había oído-, que ésta sería la voluntad de Dios. Me dijo: «Diles que no se sigan por sola una parte de la Escritura, que miren otras, y que si podrán por ventura atarme las manos»".

 A esos rumores se agregan también los temores y recelos de dos nuncios papales; el primero, desde su aprecio a Teresa se muestra preocupado; el segundo, menos afín, la acusa de "inquieta, andariega, desobediente y contumaz". Teresa deberá interrumpir en algún momento su labor de fundadora, pero la volverá a retomar cuando pase el torbellino de la adversidad, hasta el último año de su vida (1582). 

Estas son sus fundaciones:
1562, Ávila (V36)
1567, Medina (F3).
1568, Malagón (F9).
1568, Valladolid (F10).
1568, Duruelo (F13-14, religiosos).
1569, Toledo (F15). 
1569, Pastrana (F17, religiosas y religiosos).
1570, Salamanca (F18). 
1571, Alba de Tormes (F20). 
1574, Segovia (F21).
1575, Beas (F22).
1575, Sevilla (F23). 
1576, Caravaca (F27, organizada, no realizada por T.)
1580, Villanueva de la Jara (F28). 
1580, Palencia (F29). 
1581, Soria (F30). 
1582, Granada (Realizada por Ana de Jesús).
1582, Burgos (F31). 

Teresa proyectó otras fundaciones que no pudo realizar, como es el de caso de las de Madrid, Pamplona o Lisboa. 

En la mentalidad y estilo de Teresa, "fundar un Carmelo" exigía una serie de actos, materiales y espirituales: desde conseguir los permisos o patentes, comprar la casa, reunir un grupo de religiosas, celebrar la Eucaristía y poner el Sagrario, hasta instaurar "el estilo de vida y recreación que llevamos juntas", la vida comunitaria de estilo teresiano. No se trataba de un mero asunto burocrático, sino que ella se sentía accionada por un impulso interior, con la mirada puesta en la gloria de Dios. También se sabía apoyada por otras personas, a las que no deja de considerar también "fundadoras" de algunas de las casas, como es el caso de Doña Luisa de la Cerda, y otras. Teresa tiene consciencia de ser fundadora, y a menudo se lo toma con ironía y humor. En sus escritos Teresa no utiliza nunca el título de "reformadora" que se le aplicará más tarde, y tanto en el breve de beatificación como en la bula de canonización se le reconoce como "fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos". Lo mismo sucederá con los primeros editores de sus escritos, le llamarán FUNDADORA

(Resumen del DICCIONARIO DE SANTA TERESA)

jueves, 9 de septiembre de 2021

LAS METÁFORAS DEL ALMA: EL VIAJE MÍSTICO

  

La experiencia mística es un viajeTodo viaje se define por un camino a seguir, y un camino tiene inicio, trayecto y meta. Es la experiencia que el místico propone: un viaje, con sus dificultades y problemas, pero donde la fascinación es siempre más grande, más alta, más profunda, y la meta es la unión. Esencial aquí es la idea de “progreso”; para llegar al final del viaje debemos movernos. Las acciones son movimientos. Salir de las cosas, salir de sí mismo, todo ello por amor a Dios; desprendimiento radical impulsado por la fuerza del amor. El amor es la verdad fuerza de movimiento en este viaje, y la confianza es la que posibilita el viaje místico. Es un viaje hacia adelante, un viaje hacia arriba, y un viaje hacia adentro.


 El místico es un viajero: o el alma, como le llama San Juan de la Cruz; metafóricamente, el alma o el viajero es un “recipiente”, lleno de males o pecados, que necesita vaciarse. A lo largo del camino deberá vaciarse de lo que no es Dios y llenarse de lo que sí es Dios; es un proceso, y ese vaciarse es también cuestión de confianza: es el único modo de recibir el Reino.

 
Los obstáculos del camino: el apego a las cosas y los deleites espirituales: Las dificultades son impedimentos para el movimiento, y necesitamos superar, hacer frente, sortear, esquivar, eludir, rodear, pasar de largo, todo depende. SJCruz habla de “apetitos”, apegos o deseos. No se trata de carecer de las cosas, sino del apetito de ellas. Es un proceso de liberación y sanación personal, la integración del deseo, y aquí también el camino, la fuerza, es el amor. 

Luego, están los deleites espirituales, que no hay que superar o hacer frente, sino sortear, esquivar, dejar de lado. Identificamos a Dios con aquello que nos da seguridad: una doctrina, una moral, unos mandamientos, una piedad, unos ritos, unas devociones, y nos quedamos satisfechos, es decir, dejamos de caminar; pero Dios está más allá de todo eso (Noche oscura). A Dios se le encuentra “no entendiendo, no gustando, no sintiendo”; es la superación de lo conceptual. El “olvido” de que habla SJCruz.

Las noches son lugares para sanar: La meta, el destino, está siempre más adelante, y avanzar en el camino supone adentrarse en diversos lugares: entrar, pasar, salir…Conscientes de que ni nuestras meditaciones más hondas, ni nuestras contemplaciones más profundas, son todavía Dios. Todas las imágenes que usa SJCruz para hablar de la “noche del alma” son imágenes de movimiento (entrar, pasar, salir); son espacios o lugares delimitados, y el amor también aparece aquí como constante. El amor es fuerza y calor, en medio de la noche. La noche es “tránsito”, y es tiempo de sanación, conduce a la unión. La noche es camino de libertad. Las noches del alma son los diferentes “lugares” o “espacios” por los que has de ir pasando en tu viaje interior: hay noches del sentido (meditación y contemplación) y del espíritu (contemplación oscura). La Fe acompaña todo el viaje, de principio a fin, pero es en esta última noche en la que es más necesaria, quien guía.


La unión es la meta
: “El deseo de Dios es disposición para unirse con Dios”. Y este es el destino del viaje místico. Los propósitos son metas, y la unión es un nuevo lugar, el último lugar, el final del viaje. El alma, dice SJCruz, ha de quedar “libre, entera, sola y pura”. El final es indecible, una nueva forma de estar, un sabor nuevo, un vivir de otra manera. Es un encuentro amoroso entre personas, Dios y tú, andas por la vida enamorado.

La imagen del VIAJE y sus respectivas formas metafóricas son un recurso más para comprender mejor las experiencias interiores, un modo de diseccionar el mundo del espíritu.

(Resumen de la lectura de: Juan Antonio Marcos, Un viaje a la libertad).

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...