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martes, 20 de mayo de 2014

NUEVO LIBRO SOBRE EDITH STEIN

El asunto principal de este libro es la vida filosófica de Edith Stein (1891-1942), la pensadora judía alemana, primer asistente de Husserl, rechazada por la academia germánica, monja carmelita, y gaseada en Auschwitz, de la que se va ofreciendo un estudio completo de todos sus escritos fenomenológicos, literarios y místicos, en el contexto intelectual y sociopolítico alemán que condujo al triunfo del nazismo y a la segunda guerra mundial. En torno a esta figura filosófica y espiritual, el libro es un relato de los entrecruces de vida y pensamiento que se producen con las también vidas entregadas al filosofar de María Zambrano (1904-1991), Hannah Arendt (1906-1975) y Simone Weil (1909-1943), de las que se ofrecen asimismo sus respectivas biografías intelectuales. Al hilo de este relato en dos partes, se van destacando los modos en que las cuatro vidas filosóficas entrecruzadas de estas pensadoras, desde la propia singularidad de cada una, configuran una específica constelación de pensamiento ante la crisis sociopolítica y espiritual europea, a las que las cuatro estimarán como una profunda noche de lo humano, y en la que perecerán trágicamente dos de ellas, Edith Stein y Simone Weil, mientras que las otras dos, María Zambrano y Hannah Arendt, proseguirán sus vidas filosóficas apurando la crítica de los derroteros culturales y espirituales de Occidente, así como poniendo de manifiesto la fragilidad de la democracia. De modo que las nociones más específicas de cada una de estas pensadoras —la razón poética de Zambrano, el amor del mundo de Arendt y la misma radicalidad política y mística del "conocimiento sobrenatural" de Weil— se entrelazan con las preguntas y respuestas de Edith Stein y con los ejes que movieron su propio pensar: la empatía, le estructura de la persona humana, el sentido del ser, y una fenomenología de la mística, que parecen señalar los propios límites no sólo de la fenomenología sino del pensamiento mismo en sus dos obras finales, Ser finito y ser eterno y Ciencia de la cruz.

sábado, 17 de mayo de 2014

SAN SIMÓN STOCK

Ayer la Iglesia hacía memoria de san Simón Stock, miembro de la Orden del Carmen. Llama mi atención el hecho siguiente: en la "tradición" del Carmelo, San Simón ocupa un lugar relevante a nivel simbólico, dado que figura como la persona que recibía de la Virgen el famoso "escapulario", señal de preferencia carismática y protección. Sin embargo, en el Oficio propio de la Orden esta conmemoración es "memoria libre", es decir, no es de obligatoria celebración, y los datos que aparecen son también muy escasos: ni dice que San Simón fuera "superior general" de la Orden, ni tampoco menciona explícitamente su encuentro con la Virgen.  Yo quiero traer aquí al blog el texto del que hablo, y luego lo que publicara ayer ZENIT sobre el santo. A mi parecer, en un caso se peca por defecto, y en el otro por exceso, pues a la vez que se reconoce la falta de historicidad de lo que se comenta, se siguen repitiendo cosas que nacen evidentemente de la imaginación piadosa de quienes nos precedieron.

"San Simón Stock, presbítero de nuestra Orden: De nacionalidad inglesa, vivió en el siglo XIII y murió en Burdeos. Alcanzó en la Orden del Carmen renombre por su relevante santidad y singular devoción mariana. El culto que se le comenzó a tributar aquí y allí durante el siglo XV se hizo extensivo a la liturgia de toda la Orden en el siglo siguiente. Su fiesta se celebraba por lo común el 16 de mayo" (Oficio propio del Carmelo Teresiano).



San Simón Stock
«El santo del escapulario, como lo denominó Juan Pablo II, es conocido también como el amado de María. A él se le atribuyen inspirados textos marianos como Flos Carmeli y Ave Stella Matutina, símbolo de su amor a la Madre de Dios»

Por Isabel Orellana Vilches

MADRID, 16 de mayo de 2014 (Zenit.org) - Gran parte de su vida aparece envuelta en conjeturas. La primera referencia que ofrece algo de luz al respecto la proporciona un dominico, Gerardo de Fraschetom, contemporáneo de Simón fallecido en 1271. Otra reseña pertenece a 1430. Pero ambas aluden al santo con cierta penumbra, sin visos de estricta credibilidad. Respecto a la fecha de nacimiento, en diversos textos, que seguramente adolecen de la contrastación correspondiente, se fija la de 1165. Pero si fuese así, al asumir el oficio de general de la Orden en 1247 –hecho corroborado– tendría 82 años, algo improbable siendo que algunos aseguran que estuvo al frente de la misma veinte años. Más inverosímil cuando otros advierten que fueron cincuenta. Además, es impensable que a esta edad recorriera apostólicamente diversos países como algunos han asegurado. Por otro lado, no se puede atribuir su apellido Stock a que morase en un tronco, significado del término inglés «stock». De sus padres, infancia y demás no consta información. No se duda de que nació en Kent, Inglaterra, y está ratificada su relevancia en la Orden carmelita. Se acepta la tradición que le atribuye la aparición de María, así como la imposición del santo escapulario del Carmen. Hay quien lo ha situado en Roma como predicador itinerante y de allí partiría a Tierra Santa donde permaneció afincado un tiempo.

Seguramente, al participar en las Cruzadas sería un hombre de cierto vigor, y estaría lleno de los ideales que impulsaron a tantos otros a luchar para defender la fe frente a sus enemigos. Siguiendo los datos cruciales aportados por sus hermanos de religión, se sabe que al encontrarse con los primeros integrantes de la Orden carmelita, que estaba naciendo en el corazón del yermo en los santos lugares, se vinculó a ellos hasta que la invasión de los sarracenos afectó de lleno a las comunidades primigenias que se vieron obligadas a abandonar la zona y a dispersarse por tierras lejanas. Simón formó parte de los que regresaron a Europa y se afincó en Kent. Después, las virtudes que le adornaron hicieron que en 1247 en el capítulo general de los carmelitas, celebrado en Aylesford, Inglaterra, fuese elegido general, el sexto, como sucesor de Alan.

Las fuentes, que indudablemente han de ser fidedignas porque son de sus contemporáneos, proporcionan datos que permiten configurar con rigor y cercanía lo que fue de su vida desde este momento en el que lo designaron para regir los caminos de todos. Su gobierno fue pródigo en bendiciones espirituales y apostólicas. Y es que en esta misión demostró gran energía. Su incesante actividad, fijando los pilares de la Orden (aprobada en 1274 por el concilio de Lyon), y velando por su extensión, así lo avalan. A él se debe un cambio estructural en la misma que de ser eremítica pasó a convertirse en cenobítica y mendicante. Fue su impulsor en Europa. Además, con la venia de Inocencio IV, modificó la regla de san Alberto, mitigándola.

Partidario de la vida activa, sin dejar la contemplación, Simón tuvo el acierto de abrir casas en puntos neurálgicos culturales: Cambridge, Oxford, París, Bolonia…, favoreciendo la formación universitaria de los miembros más jóvenes y el aumento de vocaciones que llevaba anexa. Pero también propagó la fundación por Chipre, Mesina, Marsella, York, Nápoles, entre otras ciudades. Ahora bien, esta acción que podemos valorar positivamente en estos momentos, no fue bien acogida por una parte de los carmelitas. Tenía gran peso el hecho de que las constituciones que se redactaron en esa época hubiesen sido aprobadas por Inocencio IV en 1247. Pero tres años más tarde sus integrantes, que gozaban de las bendiciones de este pontífice que les había defendido, suscitaron recelos y enconada envidia en estamentos eclesiales de distintos países. Entre el descontento interno y la resistencia a la expansión de la Orden por parte de aquéllos, se creó una difícil situación que acarreó a Simón muchos sufrimientos. Y como su devoción por la Virgen María estaba por encima de todo, a Ella acudía diariamente buscando su amparo.

El 16 de julio de 1251 –extremo este de la fecha no constatado, aunque es el más extendido– hallándose en oración en Cambridge, se le apareció María acompañada de una multitud de ángeles. Portaba en sus manos el escapulario que le entregó, diciéndole: «Este será privilegio para ti y todos los carmelitas; quien muriere con él no padecerá el fuego eterno; es decir, el que con él muriese se salvará». Así está consignado en el catálogo de los santos de la Orden. En el siglo XIII Guillermo de Sandwich O.C. se hizo eco en su «Crónica» de esta aparición, momento también en el que la Virgen le prometió la ayuda del papa.

Hacia 1430 Johannes Grossi en su «Viridarium» dio cuenta del hecho, posteriormente documentado en 1642 con un escrito dictado por el propio Simón a su confesor, secretario y amigo Peter Swanyngton. Además, ahí está la innegable fuerza de la tradición que lo ha mantenido vivo, acrecentando la devoción al santo escapulario, que ha sido secundada por diversos pontífices a través de varias indulgencias. Esta piedad recogida en la liturgia carmelita consta de dos hermosas composiciones dedicadas a María, cuya autoría se atribuye a Simón: «Flos Carmeli» y «Ave Stella Matutina», símbolo de su amor a la Madre de Dios. El santo, conocido como «el amado de María», murió hacia 1265 en Bordeaux, Francia –algunos establecen la fecha como el 16 de mayo de ese año– mientras se hallaba de visita en la provincia de Vasconia. En 1951 sus restos se trasladaron al convento de Aylesford de Kent. En el siglo XVI la Orden insertó su culto en su calendario litúrgico, incluida en la reforma del mismo emprendida tras el Concilio Vaticano II. En 1983 Juan Pablo II lo denominó «El santo del escapulario».

ORACIÓN
Señor y Dios nuestro, que llamaste a san Simón Stock a servirte en la familia de los hermanos de santa María del Monte Carmelo, concédenos, por su intercesión, vivir como él entregados siempre a tu servicio y cooperar a la salvación de los hombres.

lunes, 21 de octubre de 2013

ONCE MIL VÍRGENES

Traigo acá esto como algo curioso, un hermano fraile ha publicado en su FB esta pintura con el siguiente texto: 
Hoy es la memoria de las Once Mil Vírgenes. Santa Teresa y San Juan de la Cruz rezaban cada año de esta memoria, pues aparecía en el Misal y Breviario Carmelitano”. 
Enseguida aparecieron algunos comentarios singulares como estos: "Estaría muy bien que mandaran un poco de ellas a este mundo que parece y es dominado por el placer carnal", y otros similares. No creo que haya que mirar el pasado con añoranza, ni pasar por alto que muchas de esas devociones responden a conceptos espirituales y humanos a menudo superados, o incluso a ciertas supersticiones o idealizaciones de la santidad. Prefiero valorar estas tradiciones en lo que son: memoria de un pasado vivido, que ha dejado sus huellas en la historia que hoy compartimos, y que nos ayuda a entender mejor ciertos elementos que conforman  el cristianismo en sus diversas expresiones actuales.

Esta “memoria” litúrgica ya no forma parte del rezo carmelitano, pero el cuadro que compartimos sigue siendo hermoso.

(Nota:  El cuadro es de Vittore Carpaccio, famoso pintor veneciano, y pertenece a una serie con la vida de Santa Úrsula, que pintó para cofradía de dicha santa).

martes, 17 de septiembre de 2013

SAN ALBERTO DE JERUSALÉN

Nacido hacia la mitad del siglo XII en la ciudad de Castel Gualtieri en Emilia (Italia), ingresó en los Canónicos Regulares de la Santa Cruz de Mortara (Pavía), y fue su prior en 1180. Obispo de Bobbio en 1184, es trasladado al año siguiente a Vercelli, donde gobernó durante veinte años. Durante este período desempeñó, con firmeza y prudencia, misiones de alcance nacional e internacional. Fue mediador de paz entre las ciudades de Pavía y Milán en 1194 y entre las ciudades de Parma y Piacenza cinco años después. En 1191 celebró un sínodo diocesano de gran valor en la parte disciplinar, que ha continuado sirviendo de norma hasta los tiempos modernos. Desarrolló también una gran actividad legislativa a favor de las órdenes religiosas: dictó los estatutos para los canónicos de Biella y se cuenta entre los consejeros para la regla de los Humillados.
Fue elegido en 1205 Patriarca de Jerusalén y poco después nombrado legado papal para la provincia eclesiástica de Jerusalén. Llegó a Palestina a principios de 1206 y fijó su residencia en Accon (Acre), al estar Jerusalén ocupada por los sarracenos. En Palestina desarrolló una notable actividad de pacificación no sólo entre los cristianos, sino también entre éstos y los no cristianos, y realizó su misión con gran energía. Durante su patriarcado, reunió en comunidad a los ermitaños del Monte Carmelo y les dió una Regla. El 14 de septiembre de 1214, durante una procesión, Alberto fue asesinado a puñaladas por el Maestro del Hospital del Espíritu Santo, al cual había reprendido y depuesto de su cargo por su mala vida.
Su espiritualidad

Por los años 1206-1209, a petición de los eremitas que moraban en el Monte Carmelo, entregó al "hermano B (rocardo) y compañeros" una Norma de vida o Regla, que llamamos "Regla de San Alberto".

Alberto codificó en breves trazos, ricos en citas bíblicas, la tradición monástica del Carmelo. Son normas concretas y prescripciones disciplinares, que insisten, sobre todo, en la meditación de la Palabra de Dios para mejor servir a Jesucristo, en la oración, silencio,´ disciplina y trabajo.

La entregó en un solo cuerpo, pero hoy la tenemos dividida en un prólogo, dieciocho capitulillos y un epílogo.

Cantidad enorme de autores de dentro y fuera de la Orden han comentado durante estos más de siete siglos que cuenta de vida, este maravilloso documento legislativo-espiritual.

Muchos hombres y mujeres se santificaron observando esta Regla, que fue aprobada y renovada por varios Pontífices.

El himno antiguo del Oficio de Lecturas de su fiesta sintetizaba así su espiritualidad:

Alberto, sol refulgente, / pastor y legislador, / tus hijos hoy te celebran, / escucha su invocación./ De la paz y la concordia, Imensajero sembrador,/ eres faro que nos das / en fe y costumbres fulgor. / Patrias fronteras rebosa / de tu virtud el olor; / y llena Jerusalén / tu dignidad y tu honor./ Resplandeciendo en la Iglesia/santo y prudente rector, len santa Regla al Carmelo / guias por sendas de amor. / Haz que en nosotros aumenten / caridad, gracia, oración; / y contigo a Dios rindamos / sempiterna adoración. Amén

lunes, 15 de julio de 2013

EFEMERIDES TERESIANAS.....

Calendario de efemérides Teresianas para los próximos años
En el año 2015 la Orden del Carmelo Descalzo vivirá un gran acontecimiento, el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Por ello, desde el Centro de la Orden se quieren recordar ciertas fechas importantes de cara a la preparación y celebración de esta gran efeméride.
El 23 de abril de 2014 celebraremos el IV Centenario de la Beatificación de Santa Teresa. En ese mismo años, el 21 de septiembre, se cumplen cuatrocientos años de la muerte del P. Jerónimo Gracián. Con este motivo se celebrará en Bruselas una jornada conmemorativa y se instalará una placa en la iglesia de los Carmelitas Descalzos. Así mismo, los Generales OCD y OCarm escribirán una carta conjunta.
El 15 de octubre de 2014 es la fecha elegida para la apertura oficial del V Centenario Teresiano, que tendrá como fecha principal el 28 de marzo del 2015.
Dentro de este calendario teresiano tendrá importancia el 4 de abril, V Centenario del Bautismo de Santa Teresa, que en ese año coincide con la vigilia pascual.
La clausura de los actos del V Centenario se celebrará el 15 de octubre de 2015.
Además de estas fechas, cabe destacar que en el 2014 se cumplen cuatrocientos años del nacimiento de fr. Lorenzo de la Resurrección y el 28 de mayo de 2015 cuatrocientos de la muerte del Venerable Juan de Jesús María.

(Tomado de la Web de la Curia General OCD)

sábado, 13 de julio de 2013

CELEBRACIONES EN EL CARMELO TERESIANO...

Julio es un mes carmelitano. Ayer hicimos memoria de los padres de Teresa de Lisieix, y hoy nos unimos en comunión a otra Teresa, la de los Andes. El martes es la más solemne, Nuestra Madre del Monte Carmelo. Pero hay otras...

sábado, 25 de mayo de 2013

UNA INMENSA MUCHEDUMBRE....

Los Santos del Carmelo son una inmensa muchedumbre de hermanos nuestros que consagraron su vida a Dios, abrazando las enseñanzas del divino Maestro e imitando su vida, y se entregaron al servicio de la Virgen María en la oración, la abnegación evangélica y el amor a las almas, sellado a veces con su sangre. Ermitaños del Carmelo, mendicantes de la Edad media, doctores y predicadores, misioneros y mártires; monjas que dilataron el pueblo de Dios con la misteriosa fecundidad de su vida contemplativa; religiosas que descubrieron el rostro de Cristo a sus hermanos con el apostolado sanitario o docente, sobre todo en tierras de misión; seglares que en medio del mundo supieron encarnar el espíritu de la Orden. Toda la familia del Carmelo de la patria con María, su madre, a la cabeza constituye en este día el motivo de nuestro gozo y nuestra alabanza al Padre. Recordamos a nuestros hermanos que ayer se dedicaban a la asidua oración en la tierra y hoy participan en la liturgia del cielo, y nos unimos espiritualmente a su gloria, mientras peregrinamos por los caminos que ellos, animosos, recorrieron, viviendo en obsequio de Cristo y siguiendo las huellas de nuestra Señora.

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...