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lunes, 19 de agosto de 2024

RECUPERAR LOS RITOS

 

"Hemos presbiterializado demasiado lo sacerdotal. Debemos recuperar, con más fuerza, la afirmación de que la Iglesia es -en todos y cada uno de los bautizados- pueblo sacerdotal. La Iglesia no es, ante todo, una jerarquía de sacerdotes sin más, sino un cuerpo formado por todos los ungidos en el bautismo como sacerdotes, profetas y reyes. ¡ese es el sacerdocio fundamental que -en cada forma de vida cristiana y de ministerio- adquiere características particulares! Quizá la expresión "sacerdocio fundamental" sea más expresiva que "sacerdocio común". Y responde al sueño de Dios sobre su pueblo, su nación santa. 

 El pueblo sacerdotal de Dios no está llamado a dominar el mundo, sino a servirlo, como signo e instrumento de reconciliación, de unidad; a cuidar la casa común y congregar a todos los pueblos en una familia universal. Y en esta noble tarea tiene su lugar necesario  e imprescindible la ritualidad. No hay sacerdocio sin ritos

No renunciemos a la dimensión poética y mistérica de nuestra forma de vida. Recuperémosla si la estamos perdiendo. Seamos el reflejo del sueño de Dios: pueblo de sacerdotes y sacerdotisas que le dan culto, que se mantienen siempre en su presencia y desde donde trasmiten los mensajes de Dios hacia los cuatro puntos cardinales".

José Cristo Rey García Paredes

Vida Religiosa 1/2024

(La nueva ritualidad en la vida consagrada)

sábado, 29 de octubre de 2022

COMUNIDAD: BUSCAR JUNTOS LA VOLUNTAD DE DIOS (2)

 

La vida de una comunidad implica el servicio y estas reuniones son servicios que se hacen por el bien de todos. Jesús dice: “Cuando dos o tres se reúnen en mi nombre, yo estoy allí en medio de ellos”. Reunidos, esto implica una unión, un encuentro. Jesús no puede estar presente si las personas no se reúnen más que en el plano material, y se niegan a estar en comunión unos con otros.

Es necesario saber sufrir en las reuniones, pasar momentos de discusiones penosas, a veces incluso de luchas. Puede haber estallidos y que algunas personas se expresen con cierta violencia. Todo eso es normal; en un día no se aprende a dejar atrás las propias ideas ni los propios proyectos, para adherirse a las ideas, a los proyectos de la comunidad. Se necesita tiempo para tener confianza en los demás y en la comunidad. Poder expresarse es una liberación. Una comunidad debe tener la suficiente capacidad de escucha como para que cada persona pueda encontrar su liberación.

El éxito de una reunión de comunidad depende de la manera en que la gente se prepara interiormente
. Si todos vienen con un espacio interior de silencio, con disponibilidad y entusiasmo, la reunión será viva y fructífera. Si llegan descontentos y de mal humor (¡Otra reunión más!) seguro que el encuentro será estéril. En una comunidad hay siempre personas a las que les gustan las reuniones y otras a las que no les gustan (unos las ven como un momento para liberarse de las exigencias del trabajo habitual, y otros como pérdidas de tiempo). Pero participar en una reunión comunitaria no es simplemente hablar: implica también escuchar, renunciar a imponer las propias ideas, defender o probar algo que nos concierne. Hay que tener la certeza de que Jesús está presente y nos conduce en nuestra búsqueda de verdad, y que cada uno tiene un don que aportar a la reunión. Juntos encontramos la voluntad de Dios y su verdad.

Desde fuera y visto bajo la perspectiva de la eficacia, este momento comunitario, de diálogo y discernimiento, puede parecer una pérdida total de tiempo, pero desde dentro, ese tiempo aparentemente perdido es importante, porque nos permite clarificar las opciones, dificultades y riesgos para la cohesión interior del grupo. “Toda pérdida de tiempo para el diálogo, en realidad es solo aparente; quiere decir tiempo ganado en seguridad, confianza en sí y en los demás”. Por eso, en una reunión siempre es importante que todos tengan tiempo para expresarse, para decir su opinión, y si están en desacuerdo para manifestar sus razones. Las comunidades deben aprender a aceptar y a amar las diferencias.

La comunidad es siempre una llamada a superarse
. Algunos pueden ser fácilmente anulados e incluso manipulados por el grupo, o dominados por un miedo terrible a ser rechazados si lo contradicen o se muestra diferente a los demás. La pertenencia debería ser siempre para la superación. Si nos esforzamos por agradar a Jesús y no solamente al grupo, entonces creceremos y la comunidad será para las personas. Claro que Jesús quiere que también seamos sumisos a la comunidad; de ahí la necesidad de discernimiento y sabiduría.

En una comunidad todos están llamados a colaborar. La comunidad es ante todo un lugar de comunión, que se basa en una experiencia común de amor fraterno, reconociendo que somos un solo cuerpo, llamado por Dios a ser fuente de amor y paz. Hay que dar prioridad a la vida cotidiana, a las realidades particulares, los símbolos, los encuentros y celebraciones que despiertan y sostienen esta experiencia de comunión. Cuando una comunidad no es más que un lugar de trabajo, está en peligro.

Ideas tomadas de “La comunidad”, de Jean Vanier.

martes, 27 de septiembre de 2022

COMUNIDAD: LA IMPORTANCIA DE ENCONTRARNOS (1)

Cada comunidad es escogida y llamada a manifestar una parcela de la gloria de Dios, pero siempre en comunión con las otras
. Las comunidades son verdaderamente comunidades cuando están abiertas a las otras, cuando son vulnerables y sencillas, cuando sus miembros crecen en el amor, la compasión y la humildad. Sin embargo, dejan de serlo cuando sus miembros se vuelven a cerrar en ellos mismos, convencidos de que están en posesión de la única verdad y la sabiduría. La actitud fundamental de una comunidad en la que se vive una verdadera pertenencia es la apertura, la acogida y la escucha de Dios, del universo, de otras personas y de otras comunidades.

Si la comunidad es pertenencia y apertura, también es amor hacia cada persona. En otras palabras, podríamos decir que la comunidad está definida por tres elementos: amar a cada uno, estar unidos juntos y vivir la misión. En comunidad amamos a cada persona y no a la comunidad en sentido abstracto, es decir, como un todo, una institución o un modo de vida ideal. Lo único que cuenta son las personas; amarlas tal y como son, de tal manera que crezcan según el plan de Dios y sean fuentes de vida. Y esto no de forma pasajera, sino permanentemente.

La vida en común no es una idea abstracta o un idealismo. Sin duda alguna, san Benito habría apreciado el aforismo de Dietrich Bonhoeffer: “Aquel que ama la comunidad la destruye; el que ama a los hermanos es el que verdaderamente la construye”. La comunidad nunca puede tener el primado sobre las personas; está orientada hacia las personas y su crecimiento. Su belleza y unidad provienen del reflejo de cada una de las personas, de la luz y del amor que hay en ellas y de la manera en la que se aman.


Para que una comunidad se forje realmente es necesario que sus miembros puedan juntarse como personas, como hermanos, y no sólo para trabajar. La vida comunitaria implica un compromiso personal que se realiza en los encuentros entre personas. Pero hay veces en que estos se esquivan; se tiene miedo porque comprometen. Se huye hacia lo pragmático, la organización, la ley, el trabajo o el activismo. Se huye del encuentro real con el otro, pero para amarse es necesario encontrarse. La creación de una comunidad es algo distinto del encuentro de personas individuales. Es crear un cuerpo y un sentido de pertenencia, un lugar de comunión, y esto supone re-unirse.

Hay diferentes tipos de reuniones en una comunidad, pero todas tienen el mismo fin: la comunión, la construcción de un cuerpo, la creación de un sentido de pertenencia. Poco importa si hay pocas o muchas cosas que tratar, todo debe estar en función del mismo fin: reunirse en el amor. Existen reuniones cuyo fin es informar; es importante que la gente sepa lo que pasa en la comunidad y en aquellas otras con las que se tienen vínculos especiales, lo que pasa también en los ámbitos que interesan de modo particular a la comunidad. No solo ponerlas por escrito, sino conversarlas, para que inspiren y alimenten nuestros corazones y espíritus y crear la unidad.

Existen reuniones para tratar los asuntos de la comunidad (para profundizar juntos en la visión y tomar decisiones, después de un discernimiento). Existen reuniones en las que se comparte, hablando de lo que se hace y de lo que se vive. Existen reuniones en las que se disfruta el descanso, el estar juntos, y otras son celebraciones o reuniones en las que rezamos juntos, se intercede por la comunidad, se grita a Dios por sus sufrimientos y necesidades, se suplica o se da gracias, o se adora en silencio. Y hay reuniones en las que se anuncia y comparte una visión, un deseo, una esperanza.

Ideas tomadas de "La comunidad", de Jean Vanier

sábado, 1 de febrero de 2020

CAMINAR A LA LUZ DE LA EXPERIENCIA QUE GUARDAMOS EN EL CORAZÓN

"La preocupación por el futuro no debe hacernos perder de vista la experiencia de la llamada, que es la base sólida sobre la cual se apoya nuestra existencia. Nosotros no sabemos cuál será el futuro de la Orden, y menos aún el de la porción a la que pertenecemos. Ni siquiera sabemos la forma que tomará la vida consagrada, o qué cambios experimentarán las instituciones eclesiales que estamos acostumbrados a considerar como inmutables. Pero no es de esto de lo que debemos preocuparnos, sino de caminar a la luz de la experiencia que guardamos en el corazón, de la cual ha nacido y sigue brotando nuestra vida y nuestra identidad espiritual. Se nos puede quitar todo, pero no esta “fuente escondida”, que alimenta nuestra esperanza".

(Declaración carismática OC D, borrador de trabajo)

sábado, 19 de octubre de 2019

HACIA NUESTRO QUINTO CAPÍTULO OCD DEL CARIBE...

Para toda familia religiosa su Capítulo es un momento de gracia, encuentro, y renovación; por ello varios meses antes comenzamos a orar, como comunidad de vida fraterna, al servicio del Reino y la Iglesia. Invitamos a compartir esta oración que transcribo a continuación:


Dios y Padre de Misericordia que nos llenas de alegría al encontrarnos con Cristo en el Evangelio, llamándonos a seguirte como amigos fuertes de Dios, disponemos nuestra vida para que tu Espíritu Santo se renueve en cada uno de nosotros, que lo que inspires en nuestros pensamientos, deseos y acciones favorezca ante todo nuestra vocación fraterna en la Orden

Por intercesión de Nuestro Padre San José, imploramos la humildad del corazón para vivir este tiempo de preparación a nuestro V capítulo haciendo memoria del primer amor que pusiste en cada uno de nosotros para traernos al Carmelo, que nada este por encima de tu llamada, que nuestro único interés sea vivir puramente nuestra vocación sirviéndote, y podamos así revitalizar ese amor que tu sembraste en nuestra vida; que al estilo de nuestro Glorioso San José podamos ser útiles carpinteros en tu Reino y generosos en nuestra misión de hermanos con la Orden en la Iglesia. 

Nos acogemos a la protección de Nuestra Señora del Carmen, Estrella del mar, teniendo como horizonte la oración, la prudencia y la obediencia, que nuestros Santos Padres Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz nos recuerden la casta de donde venimos, y sobre todo el carisma, la misión y el servicio al que le hemos dicho Sí, por Jesucristo nuestro Señor. Amen. Gloria…

domingo, 1 de septiembre de 2019

VIDA EN COMUNIDAD

"No es fácil vivir en comunidad después de veinte años; no es más fácil que al principio. Al contrario, quien entra en una comunidad es un poco ingenuo; está lleno de ilusiones, tiene la gracia necesaria para salir de una vida individual y egoísta. El que se mueve desde hace veinte años en una comunidad sabe que no es fácil. Es muy consciente de sus propias imitaciones y de las de los demás. Sabe cuánto pesa su propio egoísmo. La vida comunitaria es un poco este ir por el desierto hacia la tierra prometida, hacia la liberación interior". 

Jean Vanier
La comunidad

(Foto: Comunidad de Carmelitas Descalzos en Matanzas, Cuba, en la década del ochenta del pasado siglo)

sábado, 15 de junio de 2019

EL CUERPO ES LA CARA VISIBLE DEL ESPÍRITU

"El cuerpo es un valor que forma parte constitutiva de la realización del ser humano en el mundo. Del cuerpo dependen, si se utiliza bien o mal, tres cosas fundamentales: el desarrollo personal, las relaciones con los demás y la relación con Dios. Por eso, hoy, se repite más que nunca aquello de «mente sana en un cuerpo sano». Así que, una cosa es el culto al cuerpo, y otra cosa es el cuidado del cuerpo, que forma parte esencial del cuidado de la persona".


"Bíblicamente el cuerpo es la cara visible del espíritu, es la transparencia del espíritu, porque es el único camino hacia la propia dimensión espiritual. Se puede decir que el cuerpo es la parábola de la historicidad humana; porque solamente nos podemos encontrar corporalmente. Sin participar el cuerpo, sin controlar el cuerpo, sin las actitudes adecuadas del cuerpo, no hay posibilidad de encuentro con la dimensión íntima, profunda, del ser humano. Por eso, el cuerpo es la parábola de la historicidad humana, porque somos corpóreos, somos históricos y, precisamente por eso, el cuerpo es la clave de nuestro encuentro con Dios, con el absoluto; un encuentro que siempre es trascendente. Por eso, el cuerpo humano es el medio de trascendencia y solo se vive auténticamente desde la trascendencia, es decir, en el cuerpo del ser humano es donde se ve más claramente que la creación entera es imagen de Dios, ¡y clama a Dios!".


Rafael Gómez Manzano
La corporalidad en la vida consagrada

sábado, 6 de abril de 2019

VIDA COMUNITARIA

"Siendo yo superior había un fraile, hermano cocinero, que me extrañaba un poco, porque, durante la semana, lo veía demasiado holgado de quehaceres. Resulta que el lunes o martes hacía la comida para toda la semana; le iba cambiando a la sopa cuatro cosas y, el último día, la sopa sabía a aguarrás. Le dije: «¡Te la comes tú, vaya que si te la comes tú, y a la comunidad le haces huevos fritos!». Eso no es pobreza, no; el cocinero de la comunidad no tiene que cocinar lo peor que sabe, lo menos que pueda para tener más tiempo para rezar, o para lo que sea; si no se puede, se habla con la comunidad y se organiza, pero la comunidad tiene que estar bien atendida, bien atendida, ¡eh!, ¡bien atendida!"

Rafael Gomez Manzano
La corporalidad en la vida consagrada

lunes, 25 de marzo de 2019

SOBRE LA OBEDIENCIA


Un artículo de GABRIEL Mª OTALORA, BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 25/03/19.- Estoy leyendo el último libro de Joan Chittister titulado Espíritu radical, en el que trata sobre la libertad interior que busca una vida más auténtica, y cuyo hilo conductor es la humildad que ella va desgranando en lo que denomina doce grados. Por lo que voy leyendo me parece un libro muy recomendable. Pero en esta ocasión, quiero detenerme en una frase del libro que me martillea desde que la leí: "En el tipo de obediencia que niega la responsabilidad humana hay algo equivocado". Esta reflexión, por lo que atañe al mundo religioso y cristiano, me ha dado que reflexionar.

Parto de la idea que la obediencia ha sido entendida en demasiadas ocasiones como una sumisión a la autoridad de otra persona -la sumisión no es virtud cristiana-, algo que lleva implícito el segundo efecto negativo de ser una manera sutil de evitarse responsabilidades: “me lo ha dicho el cura”, “es lo que dice el obispo”… cercenando, de hecho, la crítica constructiva y la elaboración de una conciencia sana. Estrictamente hablando, la obediencia es una virtud cuando se ejercita porque se reconoce la autoridad de quien manda. Y en demasiadas ocasiones esta obediencia infantil ha sido alentada por no pocas autoridades fomentando cristianos inmaduros en la fe.

Por matizar un poco más, la obediencia sólo tiene sentido respecto a los valores que aceptamos en la vida. Una obediencia mal entendida, supone que nadie puede ponerse manos a la obra para desmontar una estructura autoritaria que perpetúa la injusticia; el principio de autoridad, si da igual como se ejercite, sería suficiente para que cualquier persona investida de ella pueda desbarrar en sus mandatos al estar protegida por el manto de su poder frente a quienes deben obedecer. Un ejemplo directo de esto lo tenemos en los evangelios viendo la actitud del Sumo Sacerdote y de aquellos escribas y fariseos.

La actitud de Jesús fue de obediencia hasta las últimas consecuencias, pero tuvo que rezar mucho escuchando al Padre para discernir su voluntad y desobedecer las actitudes y mandatos que contravenían el amor de Dios para con todas sus criaturas. No fue el único: sus discípulos pronto siguieron sus pasos y fueron perseguidos, encarcelados y asesinados por desobedientes.

La verdadera obediencia es fuente de la sana libertad como una cura de estar apegados a nuestra propia voluntad. Sabemos que, por naturaleza, la voluntad tiende hacia el bien, pero la inteligencia no siempre discierne adecuadamente lo que realmente es bueno. Y si algo está clarísimo es que debemos querer la voluntad de Dios por encima de la nuestra.

La obediencia, sin duda, está muy ligada al discernimiento y al ejemplo. Es necesario hacer lo que es bueno aunque no nos guste, y a veces eso no se ve a la primera; el ejemplo suele ser la mejor arma para motivar en la dirección correcta, que consiste en aceptar, haciendo propias las decisiones de quien posee y ejerce la autoridad, siempre que no vayan en contra de la justicia evangélica. Discernimiento y ejemplo ante quien ejerce la autoridad, porque hay demasiadas personas investidas con ella (auctoritas) que la han convertido en un mero instrumento de poder (potestas) perdiendo toda credibilidad y, lo que es peor, vaciando el mensaje al que habría que obedecer. Es muy diferente influir desde la autoridad, basada sobre todo en el ejemplo, que en el poder, sustentado básicamente en la amenaza. Jesús murió de la forma que lo hizo porque renunció a su poder como Hijo de Dios. Pero nos regaló tales dosis de credibilidad, autoridad y servicio –que no servilismo- que su ejemplo a seguir obedientemente ha supuesto la mayor revolución de la historia.

Creo que la obediencia es una virtud maravillosa porque ejercita la humildad, pero la obediencia ciega, o peor aún, la obediencia ciega que delega responsabilidades morales, es mucho más peligrosa que la desobediencia. En conclusión, cada situación requiere de la reflexión necesaria y no de ceguera servil que puede llevarnos, muchas veces, a hacer nuestra voluntad sin abrirnos a la confianza radical en apertura a un Dios que sabe trabajarnos en las situaciones difíciles para que lleguemos a ser aquello para lo que fuimos creados. Que la libertad se aprende obedeciendo… es verdad. Pero es algo que precisa del ejercicio de la madurez en oración, a la escucha del Espíritu. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

jueves, 17 de enero de 2019

VIDA EN COMUNIDAD


"En más de una ocasión puede que hayamos escuchado que la vida comunitaria es una cruz, o que los demás son un infierno para uno mismo. Dicho así parece una aberración, pero debemos reconocer que, cuando nos empeñamos en vivir una vida fraterna sin haber saneado la casa por dentro, no nos parece tan errado porque la vida en común se puede hacer insoportable. 

Y esto, por qué? Por que en las relaciones fraternas sale de todo: emerge lo mejor de nosotros, pero también lo peor. A través de las relaciones comunitarias se pone en evidencia la veracidad o falsedad de nuestra vocación religiosa. Resulta muy difícil, cuando no engañoso, saber si un hermano busca sinceramente a Dios por el mero hecho de que comunique que tiene éxtasis o que conoce a Dios, o porque sea muy observante. La clave del discernimiento para ver si un hermano busca sinceramente a Dios, para ver la autenticidad de su vocación, si no es el único, va a ser su capacidad para crear una vida fraterna evangélica.

La vida fraterna en comunidad es un regalo del Señor, un milagro que solo es posible cuando somos capaces de mirar a los hermanos con el corazón del mismo Dios. Cuando uno tiene el corazón de Dios, ve las cosas según Dios, tal como las ve Dios mismo, con luminosidad, bondad, benevolencia, tolerancia, misericordia... Cuando uno tiene el corazón de Dios es cuando consigue ver desde su verdad genuina y auténtica, ve la la verdad de las cosas, tiene la visión de los hijos de Dios. Es urgente en nuestra vida, si queremos conocer al Dios de la Misericordia, que dejemos de quejarnos, que dejemos de enchufar siempre la responsabilidad a los demás, que abandonemos esa posición vital viciada de hacerlo depender todo de afuera. 

En el fondo es la actitud del ciego que está ofuscado por el orgullo y la altanería. Por lo tanto, es hora de hacernos cargo de nuestras propias vidas, de responsabilizarnos, de abandonarnos a la misericordia de Dios para ser agentes constructivos y transformadores de la realidad. Y esto solo es posible cuando se hace la luz en el propio corazón para verlo todo iluminado".

Carlos Gutiérrez Cuartango
"La misericordia en la escuela de la caridad"

jueves, 28 de junio de 2018

CREER ES VIVIR ENAMORADOS



Encontramos muchas ideas para pensar y orar nuestra condición de consagrados en la revista VIDA RELIGIOSA, que publican los Claretianos. Los dos párrafos siguientes me sirvieron para pensar un par de días en la oración y aquí los comparto:


"Los buscadores de Dios formamos parte de una cultura en continua transformación, de relaciones virtuales y de la religión del cuerpo. Necesitamos especialmente escuchar la inquietud del corazón en medio de los abundantes ruidos que aturden y excitan los deseos más inmediatos. La vida y la historia humanas son sacramentos del encuentro con Dios, si es que se logra descifrar las voces que salen de dentro del alma".


"Existe una terrible posibilidad para los creyentes que consiste en convertirnos en ateos practicantes, es decir, cumplidores de las normas y los ritos, pero sin alma ni pasión. Creer implica un encuentro personal con Dios a través de Jesucristo. Creer es amar; es ponerse en actitud de peregrinos siguiendo la forma de vida de Jesús. Creer es vivir enamorados. La fe es inseparable de la vida".

Pensarnos bajo estos dos modelos: Buscadores de Dios y Ateos practicantes. Los logros y las carencias de nuestra vida en comunidad. La pasión o la costumbre.



Bonifacio Fernández, cmf.
Revista VR, mayo 2013.

jueves, 17 de mayo de 2018

VIDA RELIGIOSA: DOLOROSA GESTACIÓN Y ESPERANZA INDOMABLE



Cercana la celebración de PENTECOSTÉS, en la que siempre se actualiza la urgencia de la llamada del Espíritu que habita en nosotros, y por tanto en cada comunidad consagrada, rescato este pasaje de una reflexión escrita hace ya tiempo (2005) por José María Guerrero (SJ). Nos recuerda que todavía sigue la VIDA RELIGIOSA pendiente de ese paso audaz que el mundo necesita, ese “alumbrar un nuevo estilo”, que convenza de verdad y que arrastre.

Vivimos en un tiempo cargado de incertidumbre, pero también lleno de esperanza. Son tiempos de ocaso y de amanecer. Atravesamos un período de dolorosa gestación en espera de alumbrar un nuevo estilo de vida religiosa, capaz de ser más significativa en la actual coyuntura histórica. Situada la vida religiosa en un contexto de cambios nunca visto, el viento del Espíritu la sacude y remece empujándola a abandonar estructuras obsoletas y anquilosadas que le hacen perder significabilidad para el hombre de hoy, y la impulsa a dejarse recrear por el Espíritu. No vivimos en una burbuja, sino que somos parte de una humanidad herida y medio muerta, excluida y empobrecida, violentada e insegura, enferma y hambrienta como el ser humano caído junto al camino de la violencia, las guerras y el terror del egoísmo acaparador.
Y sin embargo, la solución está cerca. Es Jesús, el Resucitado y Señor de la historia que vive y actúa en nuestro tiempo. Nosotros vivimos de una esperanza indomable”.

viernes, 20 de febrero de 2015

ABRAZAR EL FUTURO CON ESPERANZA

“Conocemos las dificultades que afronta la vida consagrada en sus diversas formas: la disminución de vocaciones y el envejecimiento, sobre todo en el mundo occidental, los problemas económicos como consecuencia de la grave crisis financiera mundial, los retos de la internacionalidad y la globalización, las insidias del relativismo, la marginación y la irrelevancia social... Precisamente en estas incertidumbres, que compartimos con muchos de nuestros contemporáneos, se levanta nuestra esperanza, fruto de la fe en el Señor de la historia, que sigue repitiendo: 
«No tengas miedo, que yo estoy contigo» (Jr 1,8).

La esperanza de la que hablamos no se basa en los números o en las obras, sino en aquel en quien hemos puesto nuestra confianza (cf. 2 Tm 1,12) y para quien «nada es imposible» (Lc 1,37). Esta es la esperanza que no defrauda y que permitirá a la vida consagrada seguir escribiendo una gran historia en el futuro, al que debemos seguir mirando, conscientes de que hacia él es donde nos conduce el Espíritu Santo para continuar haciendo cosas grandes con nosotros.

No hay que ceder a la tentación de los números y de la eficiencia, y menos aún a la de confiar en las propias fuerzas. Examinad los horizontes de la vida y el momento presente en vigilante vela. Con Benedicto XVI, repito: «No os unáis a los profetas de desventuras que proclaman el final o el sinsentido de la vida consagrada en la Iglesia de nuestros días; más bien revestíos de Jesucristo y portad las armas de la luz – como exhorta san Pablo (cf. Rm 13,11-14) –, permaneciendo despiertos y vigilantes». Continuemos y reemprendamos siempre nuestro camino
 con confianza en el Señor”.

Francisco, papa
Mensaje a la Vida Consagrada



sábado, 7 de febrero de 2015

VIVIR EL PRESENTE CON PASIÓN

"La memoria agradecida del pasado nos impulsa, escuchando atentamente lo que el Espíritu dice a la Iglesia de hoy, a poner en práctica de manera cada vez más profunda los aspectos constitutivos de nuestra vida consagrada. Desde los comienzos del primer monacato, hasta las actuales «nuevas comunidades», toda forma de vida consagrada ha nacido de la llamada del Espíritu a seguir a Cristo como se enseña en el Evangelio. Para los fundadores y fundadoras, la regla en absoluto ha sido el Evangelio, cualquier otra norma quería ser únicamente una expresión del Evangelio y un instrumento para vivirlo en plenitud. Su ideal era Cristo, unirse a él totalmente, hasta poder decir con Pablo: «Para mí la vida es Cristo» (Flp 1,21); los votos tenían sentido sólo para realizar este 
amor apasionado.

La pregunta que hemos de plantearnos en este Año es si, y cómo, nos dejamos interpelar por el Evangelio; si este es realmente el vademecum para la vida cotidiana y para las opciones que estamos llamados a tomar. El Evangelio es exigente y requiere ser vivido con radicalidad y sinceridad. No basta leerlo (aunque la lectura y el estudio siguen siendo de extrema importancia), no es suficiente meditarlo (y lo hacemos con alegría todos los días). 
Jesús nos pide ponerlo en práctica, vivir sus palabras.

Jesús, hemos de preguntarnos aún, ¿es realmente el primero y único amor, como nos hemos propuesto cuando profesamos nuestros votos? Sólo si es así, podemos y debemos amar en la verdad y la misericordia a toda persona que encontramos en nuestro camino, porque habremos aprendido de él lo que es el amor y cómo amar: sabremos amar porque tendremos su mismo corazón.

Nuestros fundadores y fundadoras han sentido en sí la compasión que embargaba a Jesús al ver a la multitud como ovejas extraviadas, sin pastor. Así como Jesús, movido por esta compasión, ofreció su palabra, curó a los enfermos, dio pan para comer, entregó su propia vida, así también los fundadores se han puesto al servicio de la humanidad allá donde el Espíritu les enviaba, y de las más diversas maneras: la intercesión, la predicación del Evangelio, la catequesis, la educación, el servicio a los pobres, a los enfermos... La fantasía de la caridad no ha conocido límites y ha sido capaz de abrir innumerables sendas para llevar el aliento del Evangelio a las culturas y a los más diversos ámbitos de la sociedad.

El Año de la Vida Consagrada nos interpela sobre la fidelidad a la misión que se nos ha confiado. Nuestros ministerios, nuestras obras, nuestras presencias, ¿responden a lo que el Espíritu ha pedido a nuestros fundadores, son adecuados para abordar su finalidad en la sociedad y en la Iglesia de hoy? ¿Hay algo que hemos de cambiar? ¿Tenemos la misma pasión por nuestro pueblo, somos cercanos a él hasta compartir sus penas y alegrías, así como para comprender verdaderamente sus necesidades y poder ofrecer nuestra contribución para responder a ellas? «La misma generosidad y abnegación que impulsaron a los fundadores, decía san Juan Pablo II, deben moveros a vosotros, sus hijos espirituales, a mantener vivos sus carismas que, con la misma fuerza del Espíritu que los ha suscitado, siguen enriqueciéndose y adaptándose, sin perder su carácter genuino, para ponerse al servicio de la Iglesia y llevar a plenitud la implantación de su Reino».



Al hacer memoria de los orígenes sale a luz otra dimensión más del proyecto de vida consagrada. Los fundadores y fundadoras estaban fascinados por la unidad de los Doce en torno a Jesús, de la comunión que caracterizaba a la primera comunidad de Jerusalén. Cuando han dado vida a la propia comunidad, todos ellos han pretendido reproducir aquel modelo evangélico, ser un solo corazón y una sola alma, gozar de la presencia del Señor. Vivir el presente con pasión es hacerse «expertos en comunión», «testigos y artífices de aquel “proyecto de comunión” que constituye la cima de la historia del hombre según Dios».  En una sociedad del enfrentamiento, de difícil convivencia entre las diferentes culturas, de la prepotencia con los más débiles, de las desigualdades, estamos llamados a ofrecer un modelo concreto de comunidad que, a través del reconocimiento de la dignidad de cada persona y del compartir el don que cada uno lleva consigo, permite vivir en relaciones fraternas.

Sed, pues, mujeres y hombres de comunión, haceos presentes con decisión allí donde hay diferencias y tensiones, y sed un signo creíble de la presencia del Espíritu, que infunde en los corazones la pasión de que todos sean uno (cf. Jn 17,21). Vivid la mística del encuentro: «la capacidad de escuchar, de escuchar a las demás personas. La capacidad de buscar juntos el camino, el método»,[ dejándoos iluminar por la relación de amor que recorre las tres Personas Divinas (cf. 1 Jn 4,8) como modelo de toda relación interpersonal”.

Francisco, papa.
Mensaje a la Vida Consagrada

viernes, 30 de enero de 2015

MIRAR AL PASADO CON GRATITUD

“Cada Instituto viene de una rica historia carismática. En sus orígenes se hace presente la acción de Dios que, en su Espíritu, llama a algunas personas a seguir de cerca a Cristo, para traducir el Evangelio en una particular forma de vida, a leer con los ojos de la fe los signos de los tiempos, a responder creativamente a las necesidades de la Iglesia. La experiencia de los comienzos ha ido después creciendo y desarrollándose, incorporando otros miembros en nuevos contextos geográficos y culturales, dando vida a nuevos modos de actuar el carisma, a nuevas iniciativas y formas de caridad apostólica. Es como la semilla que se convierte en un árbol que expande sus ramas.

Es oportuno que cada familia carismática recuerde este Año sus inicios y su desarrollo histórico, para dar gracias a Dios, que ha dado a la Iglesia tantos dones, que la embellecen y la preparan para toda obra buena (cf. Lumen gentium, 12). Poner atención en la propia historia es indispensable para mantener viva la identidad y fortalecer la unidad de la familia y el sentido de pertenencia de sus miembros. No se trata de hacer arqueología o cultivar inútiles nostalgias, sino de recorrer el camino de las generaciones pasadas para redescubrir en él la chispa inspiradora, los ideales, los proyectos, los valores que las han impulsado, partiendo de los fundadores y fundadoras y de las primeras comunidades. También es una manera de tomar conciencia de cómo se ha vivido el carisma a través de los tiempos, la creatividad que ha desplegado, las dificultades que ha debido afrontar y cómo fueron superadas. Se podrán descubrir incoherencias, fruto de la debilidad humana, y a veces hasta el olvido de algunos aspectos esenciales del carisma. Todo es instructivo y se convierte a la vez en una llamada a la conversión. Recorrer la propia historia es alabar a Dios y darle gracias por todos sus dones.

Le damos gracias de manera especial por estos últimos 50 años desde el Concilio Vaticano II, que ha representado un «soplo» del Espíritu Santo para toda la Iglesia. Gracias a él, la vida consagrada ha puesto en marcha un fructífero proceso de renovación, con sus luces y sombras, ha sido un tiempo de gracia, marcado por la presencia del Espíritu.

Que este Año de la Vida Consagrada sea también una ocasión para confesar con humildad, y a la vez con gran confianza en el Dios amor (cf. 1 Jn 4,8), la propia fragilidad, y para vivirlo como una experiencia del amor misericordioso del Señor; una ocasión para proclamar al mundo con entusiasmo y dar testimonio con gozo de la santidad y vitalidad que hay en la mayor parte de los que han sido llamados a seguir a Cristo en la vida consagrada”.

Francisco, papa

Mensaje a la Vida Consagrada.

lunes, 26 de enero de 2015

UN AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA

Así escribe el Papa Francisco: 

"Les escribo como sucesor de Pedro, a quien el Señor Jesús confió la tarea de confirmar a sus hermanos en la fe (cf Lc 22,32) y me dirijo a vosotros como hermano vuestro, consagrado a Dios como vosotros.

Demos gracias juntos al Padre que nos ha llamado a seguir a Jesús en plena adhesión a su Evangelio y en el servicio de la Iglesia, y que ha derramado en nuestros corazones el Espíritu Santo que nos da alegría y nos hace testimoniar al mundo su amor y su misericordia.

He decidido convocar un Año de la Vida Consagrada haciéndome eco del sentir de muchos y de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica con motivo del 50 aniversario de la constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia, que en el capítulo sexto trata de los religiosos, así como del Decreto Perfectae Caritatis sobre la renovación de la vida religiosa. Dicho Año comenzará el próximo 30 de noviembre, primer domingo de Adviento, y terminará con la Fiesta de la Presentación del Señor el 2 de febrero de 2016.


Después de escuchar a la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica, he indicado como objetivos para este Año los mismos que San Juan Pablo II propuso a la Iglesia a comienzos del tercer milenio, retomando en cierto modo lo que ya había dicho en la Exhortación apostólica postsinodal Vita Consecrata: 'Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construír. Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa, para seguir haciendo con vosotros grandes cosas'
(n 110)"  




lunes, 1 de diciembre de 2014

RENOVACION DEL CARMELO TERESIANO...



Para que la vida religiosa, dentro de la Iglesia, conserve su talante evangélico, ha de estar siempre renovándose, buscando ser respuesta viva a la llamada de Jesús y a las necesidades concretas del mundo en el que está llamada a vivir el seguimiento desde un carisma concreto. Sin embargo, al convertirse en institución, en estructura, la vida religiosa se estanca, se instala, y ya no puede estar todo lo disponible que hace falta para ser evangelio. Por eso deberían ser importantes, momentos especiales, las Reuniones Capitulares que se realizan en las diversas instancias de cada familia religiosa, y sin embargo, salvo los Capítulos Generales, los demás suelen ser puros encuentros formales, que se quedan en agua de borrajas; documentos, normas a revisar, cambio de responsabilidades, e incluso lucha interna por pequeñas parcelas de poder. Falta a menudo visión de futuro, libertad para deshacer lo que lastra el crecimiento, compromiso de asumir de  verdad, y no formalmente, el seguimiento radical del Maestro. Ahora los Carmelitas Descalzos han realizado un Definitorio especial, un año antes de su Capítulo General, y de ahí han emanado algunos documentos de interés que he estado revisando, en los que encuentro ideas interesantes para pensarnos como vida religiosa en la Iglesia, con propuestas que de aplicarse adecuadamente supondrían algún cambio de mentalidad para entender quiénes somos y a qué estamos llamados.
 En esta etapa que la Orden va finalizando, y que cierra con las celebraciones del Centenario del nacimiento de Teresa, nuestra madre, se convocó a todo el Carmelo a releer sus libros detenidamente, reflexionando en el proyecto del cual hoy somos partícipes. Era una buena propuesta, que sin embargo en muchas comunidades o grupos se realizó parcialmente, más por cumplir lo mandado que por dejarse interpelar por el magisterio de nuestra fundadora, redescubriendo los ejes fundamentales de nuestro carisma en la Iglesia hoy. Aun así seguro que algo quedará, que alguna semilla dejará sus frutos, sobre todo entre los más jóvenes. Ahora, en el Definitorio, el Prepósito General lanza otra propuesta, con objetivo similar: volver a leer nuestra Regla, Constituciones y Normas, para redescubrir en ellas la concreción de nuestro carisma, con la posibilidad de reescribirlas, Constituciones y Normas, con un lenguaje más actualizado, menos formal y más comprensible y aplicable en nuestras realidades concretas.
 Se quedará también este ejercicio comunitario y carismático en meros actos formales, de cumplimiento, o servirá para animar y renovar nuestra manera de ser, en la Iglesia, comunidad libre y liberadora, de Jesús?


miércoles, 9 de julio de 2014

LIDERAZGO DE LA VIDA RELIGIOSA

"El liderazgo no supone, en absoluto, medidas de estrategia para un crecimiento mercantil, sino líneas de salud para una vida estable, serena y feliz. La armonía que debe proporcionar la vida religiosa en el seno del pueblo de Dios nace de su libertad frente a la tensión por querer ser el centro y poseer las reglas del juego. Su sitio, como don carismático, es el recuerdo de la libertad, tantas veces perdido en el seno de las relaciones humanas y eclesiales. Y esa aparente inestabilidad es su indiscutible liderazgo, no otro. Cuando se ha profesionalizado o se ha estabilizado en exceso, la vida religiosa ha perdido liderazgo evangélico porque, curiosamente, ha entrado en un campo que no es el suyo.
Nacieron las familias religiosas para inspirar caminos nuevos, ofrecer trayectorias impensadas, o responder ágilmente a necesidades que no tenían espera. Cuando esto se pierde, surge la institucionalización abigarrada que convierte las respuestas otrora evangélicas, en respuestas industriales fácilmente digeridas por una sociedad mundo-mercado que constantemente tiene que fabricar respuestas a las necesidades que ella misma crea y soluciona. El mayor desgaste de la vida religiosa viene, curiosamente, de haber perdido su liderazgo evangélico respecto a las pequeñas cosas de la vida, a las que alude el papa Francisco ("Evangelii Gaudium", 4). Porque ha nacido para eso, por eso y únicamente para testimoniar eso".

Luis A. Gonzalo Diez
"La vida religiosa en operación salida"
Vida Religiosa
(Monográfico 2/2014/Vol.116)

martes, 22 de abril de 2014

TIEMPO DE RENOVACIÓN

En una carta a los Carmelitas Descalzos que han de reunirse en Capítulos por todo el orbe, en diversas fechas, nuestro Padre General Fray Saverio Cannistrá, ocd,  nos recordaba, ya lo hemos dejado escrito por acá, que "el Capítulo Provincial no es mero cumplimiento de una ley, ni una simple costumbre burocrática: es un momento fuerte de una comunidad religiosa y eclesial, llamada a retomar su vida, a reformarla y a renovarla constantemente, discerniendo de un modo serio y profundo su camino hacia el futuro. Es un momento de gracia, de encuentro gozoso con el Señor y entre nosotros, del que podemos y debemos recabar energías, nuevas motivaciones, y una nueva inspiración para la vida cotidiana".
 El propio papa Francisco está dando ejemplo de renovación eclesial, y nos invita a renovarnos constantemente para que tanto nuestra vida como nuestras estructuras y palabras, sean expresión de la misericordia de Dios y la alegría del Evangelio. La rutina y la mediocridad, el acomodamiento o el mero cumplimiento de preceptos exteriores son amenazas constantes a la vida religiosa, así como el individualismo, la crisis de identidad y la perdida del entusiasmo misionero. La crisis, constatada y asumida, no tiene que ser necesariamente negativa; lo terrible sería ignorarla, y seguir conformándonos con la decadencia y la rutina. Ese tratar de conservar la "normalidad" en nuestra vida como religiosos, que en el fondo implica seguir acomodados, sin mirar lo que funciona mal, y protegiendo una estructura o costumbres que han dejado de ser evangélicas o que no ayudan a crecer en entrega, libertad y maduración espiritual.
 Así, escribe el P. Saverio: "No es el momento de las grandes obras: es el momento de nutrir a las personas, de conocerlas, de curar sus heridas. Cuando la ciudad está bajo asedio, no se piensa en construir palacios nuevos, sino que se busca que cada cual tenga qué comer y lo necesario para resistir durante la lucha".
 Sus sugerencias son estas, a modo general:
1. Poner de nuevo en el centro la vida de comunidad.
2. Los jóvenes que llegan a nuestras casas necesitan una formación sólida y articulada.
3. Eso implica sumarles a procesos formativos serios e internacionales.
4. Tener en cuenta los muchos miembros de edad avanzada en nuestras comunidades.
 Me gustaría encontrar tiempo para reflexionar en estos temas....

Manuel Valls, ocd.

sábado, 15 de febrero de 2014

DESDE EL CORAZÓN MISMO DE LA VIDA

"Los consagrados y las consagradas de este tiempo buscamos ser discípulos del amor, más que maestros.Sabemos muy bien que aprender a amar de verdad sólo es posible cuando dejamos atrás los modos conocidos y sabidos de la gramática del amor de nuestra cultura y nos adentramos en el territorio de lo que está por conocer. El discipulado es la condición de nuestro ser amante: siempre en proceso de aprendizaje, como los niños en la escuela, como los jóvenes en la vida o los adultos en su momento de madurez.

Somos muy conscientes de que solamente cuando nos arriesgamos a soportar el golpe de la sorpresa, que echa abajo lo que creíamos saber amar, es cuando comenzamos a saber lo que significa ser discípulos del verdadero amor. Queremos ir un paso por detrás de Aquel que, enamorando nuestro corazón, nos incita hacia lo nuevo, hacia las posibilidades ignoradas de nuestro ser. Seguidores de Aquel que, al incluirnos en su cariño, nos ha despertado energía nuevas, y nos ha sacado de las zonas en sombra de nuestra historia. El Amor que nos seduce el corazón y nos tienta a improvisar lo inédito de un mayor amor.

Nuestro aprendizaje del amor tiene una exigencia: debemos deja atrás nuestras prevenciones de enterados, para aprender de todos, de los que parecen o tener nada que enseñar y de los que se nos presentan como maestros consumados. De todos aprendemos, de todos los amores, los más nobles y los menos, los más heroicos y los más vulgares. Bien entendido que el camino del discipulado amoroso en el que nos iniciamos, es el camino de la frágil experiencia. Que sólo vamos a aprender a amar amando, desde el corazón mismo de la vida"

XavierQuinza.
"Pasión y radicalidad".
San Pablo, 2004.

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...