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miércoles, 7 de septiembre de 2022

QUIERO VER A DIOS

Toda la espiritualidad teresiana se centra en este movimiento hacia Dios, presente en el alma, para unirse perfectamente con él. Sus elementos esenciales son, por tanto: presencia de Dios en el alma, que es su verdad fundamental; interiorización progresiva, que señala su movimiento; unión profunda con Dios, que es su meta”.

1. Dios es la sublime realidad del castillo y todo su esplendor, la vida del alma, el manantial que la fecunda, el sol que la ilumina y vivifica sus obras. El alma no puede sustraerse a su influencia sin perder su esplendor, belleza y fecundidad. El alma, creada por Dios, no es otra cosa que su “paraíso”. Dios vive verdaderamente en nosotros. Esa presencia de Dios tiene dos formas: presencia activa de inmensidad (general, creatural, participación de la naturaleza divina; sostiene y enriquece a la persona, pero esta se mantiene pasiva ante esos dones) y presencia objetiva (puede reaccionar ante los dones de Dios, establece entre el alma y Dios relaciones recíprocas de amistad, relaciones filiales). En el primer caso, Dios colma a la persona, pero habita en ella como un extraño, mientras que en el segundo caso está como Padre y como amigo. Dios le descubre su vida íntima, su vida trinitaria y le hace entrar en esa vida como hija o hijo. Estas dos presencias no se excluyen, son complementarias.

2. La vida espiritual será, por excelencia, una vida interior; será una marcha progresiva hacia una comunión cada vez mayor con Dios. Cada etapa o momento de esa marcha será como una “morada”, según la visión de Teresa. Es el Amor, que vive en el centro, el que dinamiza la vida y progresión del creyente; el amor arrastra, se da y a la vez conquista. La persona es el campo de Dios y Dios es el agricultor, el artífice de nuestra santificación, que realiza a través de su gracia providente. “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”. Invasora y filial, la gracia cumple su obra de transformación y de conquista.

3. La meta de todo este camino o proceso es la unión total del alma con Dios mediante una transformación que la hace semejante a Él: de ahí su nombre de “unión transformante”. Esta adopta diversas formas, por ejemplo: visión de la Santísima Trinidad en Santa Teresa; el alma siente siempre el Verbo esposo como reposando en ella en San Juan de la Cruz; o experiencia constante de la misericordia divina que la penetra y envuelva, en Santa Teresita.

Esta experiencia tiene indudablemente un efecto eclesial y social, porque la persona transformada o en proceso de transformación irradia a su alrededor, y contribuye a la santificación de otros en menor o mayor medida.

Notas tomadas de "Quiero ver a Dios", del P. María Eugenio del Niño Jesús O.C.D.

jueves, 14 de julio de 2022

EL ESCAPULARIO DEL CARMEN...

 En síntesis y en concreto el escapulario del Carmen
¡NO ES!:
Ni un objeto para una protección mágica (un amuleto)
Ni una garantía automática de salvación
Ni una dispensa para no vivir las exigencias de la vida cristiana, al revés!
¡SÍ ES!:
Un signo "fuerte" aprobado por la Iglesia desde hace varios siglos, ya que representa nuestro compromiso de seguir a Jesús como María, escuchando la Palabra y cumpliéndola.
• es un signo que introduce en la familia espiritual del Carmelo
• un signo que sostiene la esperanza del encuentro con Dios en la vida eterna bajo la mirada fraterna y maternal de María Santísima.
• El Escapulario es para los cristianos auténticos que viven conforme a las exigencias evangélicas, reciben los Sacramentos y profesan una especial devoción a la Santísima Virgen, que es figura de la comunidad eclesial, y que siempre nos invita a mirar a Jesús, nuestro Salvador.

lunes, 27 de septiembre de 2021

LA COMPRENSIÓN CRECIENTE DE NUESTRA IDENTIDAD COMO CARMELITAS DESCALZOS

 "El sexenio apenas concluido nos llevó a los frailes a reflexionar y trabajar en las Constituciones, el texto base de nuestra legislación, con la intención explícita de llegar a una mejor comprensión de nuestra identidad de Carmelitas descalzos hoy. Este trabajo ha sido el fruto y la consecuencia natural de lo que hicimos en la preparación del quinto centenario del nacimiento de Teresa: la relectura sistemática de sus obras nos ha impulsado a encontrar el modo para reapropiarnos y expresar de nuevo la riqueza de nuestro carisma en el contexto actual del mundo y de la Iglesia. “Las Constituciones son la expresión concreta del carisma en el tiempo presente y contienen los elementos fundamentales que lo componen, así como las indicaciones prácticas, incluso jurídicas, que permiten vivirlo” . El esfuerzo realizado en esta relectura ha permitido poner de relieve una brecha entre el ideal que proponen las Constituciones y la realidad concreta y ordinaria de nuestra vida religiosa. En el Definitorio Extraordinario de Goa en febrero de 2019 se encontró en el instrumento de la “Declaración sobre el carisma” el modo apropiado para elaborar un texto que recoja sintéticamente los elementos esenciales del carisma, con el objetivo de que sea un estímulo para la renovación interna de la cual se siente necesidad y que sea la guía para una clara propuesta de nuestra identidad carmelitana a nuestros jóvenes y a los que se acercan a nuestros conventos con una pregunta vocacional. 

Necesitamos transformar nuestro modo de vivir para que pueda ayudarnos a crecer hacia el ideal carismático que nos ha sido dado.

  La propia experiencia de Teresa nos ofrece una comprensión del carisma que podríamos definir como progresiva: nivel personal (el encuentro con las llagas de Cristo), nivel comunitario (San José), nivel eclesial (fundación de los frailes y de otros monasterios), nivel misionero/mundial (el anhelo por la salvación de los indios). Cada momento de este desarrollo ha implicado para Teresa la revisión del modo práctico de vivir su intuición original y ha ido acompañado por una progresiva maduración de la experiencia de la intimidad con Dios, hasta llegar al matrimonio espiritual. En varias ocasiones en sus escritos Teresa nos ofrece páginas de reflexión sobre quien es la carmelita, su función en la Iglesia, su atención al mundo contemporáneo, casi movida no solo por la necesidad de explicar el nuevo tipo de vida que está inaugurando sino también por la conciencia de la dinamicidad intrínseca de la apropiación del propio carisma

Los elementos fundamentales de nuestro carisma (oración, vida fraterna, misión) tienen un fuerte principio de unidad e interdependencia recíproca. Para ser carmelita descalzo hoy en los diversos contextos socio-culturales con los cuales la Orden ahora se confronta cotidianamente, el reto que tenemos delante es precisamente el de no perder esta unidad y descubrir modos apropiados de encarnación en los diversos contextos vitales. El recorrido no resulta fácil, a causa de la multiplicidad de impulsos hacia una definición de nuestra identidad que proceden de otras instancias que no son propiamente las carismáticas. ¿Qué es ser carmelita descalzo? ¿Qué es lo que lo caracteriza? ¿Cuál es su relación con la misión y vida de la Iglesia?: hemos caído en la cuenta de que si bien a nivel teórico tenemos aún una cierta unidad de visión, en la práctica de vida, en el modo de aceptar compromisos (pastorales, apostólicos, misioneros, acciones sociales), de organizar la vida (economía, estructura de la comunidad), de pensar la relación entre nosotros a varios niveles (comunitario, provincial, con la Orden), las diferencias son múltiples y comportan el riesgo de socavar a nivel carismático nuestra verdadera identidad y la unidad de nuestra familia religiosa. 

 
La Declaración sobre el carisma es el instrumento que el Capítulo General ofrece a la Orden para que, discutiéndolo y haciéndolo fructificar en nuestras comunidades, podamos crecer en el conocimiento del carisma y proponerlo a nuestro mundo de hoy

Se trata de un documento dinámico, punto de partida para múltiples profundizaciones ulteriores. El Capítulo General ha trabajado también en posibles pistas de aplicación del texto como, por ejemplo: reflexiones a nivel comunitario y provincial guiados por fichas adecuadamente preparadas, elaboración de recorridos para la animación vocacional y la formación inicial, profundización de aspectos específicos investigando el gran patrimonio de los escritos de nuestros santos, texto base para una reflexión sobre el carisma guiado a nivel provincial o regional entre frailes, monjas y miembros de la Orden Seglar, pensar conjuntamente estrategias de inculturación del carisma en áreas geográficas comunes. Un rol importante en este trabajo podrían tenerlo las Conferencias regionales de superiores. 

Con claridad el Papa Francisco en la audiencia del 11 de septiembre nos ha recordado cual es nuestro carisma “propio” y lo que la Iglesia espera de nosotros, ayudándonos a encontrar el justo equilibrio y la interconexión entre los elementos fundamentales de nuestro carisma, y la relación correcta entre contemplación y apostolado. “La vida carmelita es una vida contemplativa. Este es el don que el Espíritu ha otorgado a la Iglesia con santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, y luego con los santos carmelitas que son tantos. Fiel a este don, la vida carmelita es una respuesta a la sed del hombre contemporáneo, que en el fondo es sed de Dios, sed de eterno: y el hombre contemporáneo tantas veces no lo entiende, lo busca por doquier. La vida carmelita está al abrigo de psicologismos, espiritualismos o falsas actualizaciones que esconden un espíritu de mundanidad. Vosotros conocéis la tentación de los psicologismos, de los espiritualismos y de las actualizaciones mundanas: el espíritu de la mundanidad. Y en esto os pido, por favor: cuidado con la mundanidad espiritual, que es el peor mal que le puede pasar a la Iglesia.”. 

Y el Papa nos ha dicho también: “La amistad con Dios madura en el silencio, en el recogimiento, en la escucha de la Palabra de Dios; es un fuego que hay que alimentar y custodiar día a día. El calor de este fuego interior también nos ayuda a practicar la vida fraterna en comunidad. No es un elemento accesorio, sino sustancial. Vuestro propio nombre os lo recuerda: “Hermanos descalzos”. Arraigados en vuestra relación con Dios, la Trinidad del Amor, estáis llamados a cultivar las relaciones en el Espíritu, en una sana tensión entre estar solos y estar con los demás, a contracorriente del individualismo y la masificación del mundo. […] La Santa Madre Teresa nos exhorta al “estilo de fraternidad”, “el estilo de hermandad”. Es un arte que se aprende día a día: ser una familia unida en Cristo, “hermanos descalzos de María”, con la Sagrada Familia de Nazaret y la comunidad apostólica como modelos.”

Tomado de: Juntos andemos, Señor (CV 26, 6) Documento conclusivo 92° Capítulo General de la Orden de los Carmelitas Descalzos Roma, 30 agosto – 14 septiembre 202

miércoles, 15 de julio de 2020

CON MARÍA, LA MADRE DE JESÚS (5)

Durante estos días estamos compartiendo algunos textos de carácter mariano, a propósito de las celebraciones de la Virgen,para enriquecer así nuestro amor a nuestra madre y hermana en el Carmelo:


EL ESCAPULARIO DEL CARMEN (2)

El Escapulario es esencialmente un "hábito". Los que lo reciben están agregados o asociados en varios grados respecto al Carmelo que está dedicado al servicio de nuestra Señora para el bien de toda la Iglesia. Podemos profundizar nuestra apreciación de este don mediante la reflexión acerca del significado de las prendas y ropa en la Biblia. Necesitamos ropa para protegernos contra los elementos (véase Eclo. 29:28); es una bendición de Dios (véase Deut. 10:18; Mat. 6:28-30); simboliza todas las promesas divinas de restauración (véase Bar. 5:1-4). Por último, hemos de estar revestidos de inmortalidad (véase 2 Cor 5:3-4). Pero, entre tanto, hemos de estar revestidos de lo nuevo (véase Col. 3:10); de hecho, hemos de estar vestidos de Cristo (véase Rom. 13:14). Por nuestra Regla recordamos que hemos de estar revestidos de la armadura de Dios. Esta armadura es casi totalmente defensiva, la única arma ofensiva es la espada de la Palabra de Dios (véase Ef. 6:17). Así pues, el Escapulario visto como prenda nos recuerda nuestra vestimenta bautismal en Cristo, nuestra dignidad como miembros del Carmelo de María y nuestra invulnerabilidad cuando llevamos la armadura de Dios.

 
A fin de apreciar el Escapulario, es menester volver la mirada hacia nuestra tradición y mirar alrededor de nosotros y considerar las sensibilidades contemporáneas y componentes culturales. La prenda de María es un tema rico en la espiritualidad de las Iglesias tanto oriental como occidental. En Oriente, el velo o manto de María es un signo de su protección; en Occidente, el hábito de María es un signo de pertenencia a ella. Ambos aspectos se combinan en la reflexión de Sta. Teresa Benedicta de la Cruz: Edith Stein. Ella habla del santo hábito de la Madre de Dios, el escapulario marrón y dice que el 16 de julio damos gracias a nuestra querida Señora por habernos vestido con la prenda de salvación, un signo visible de su protección maternal. S. Teresa de Jesús se refiere varias veces al "hábito de María." Se deleita relatando la trampa que la Virgen le tendió al P. Gracián para darle su hábito, y observa "Es su costumbre favorecer a los que de ella se quieren amparar."

De su profundo conocimiento de que el hábito del Carmelo es el de María, Sta. Teresa de Jesús deduce las implicaciones concretas para la vida de sus miembros, e.g. Todas las que traemos este hábito sagrado del Carmen somos llamadas a la oración y contemplación, y a la humildad. Resultaría fácil multiplicar tales referencias de los santos y escritores espirituales del Carmelo en cuanto al hábito carmelitano.

Nuestra tradición demuestra la más firme convicción de que el hábito y el Escapulario no tienen efecto salvífico a no ser que veamos su significado como el hábito de María que nos afilia a la Familia carmelitana, y vivamos en conformidad con su ejemplo. Las verdades centrales que han de ponderarse incluyen la protección de María, su intercesión a la hora de nuestra muerte y después de ésta. De nuestra parte se requiere una relación filial, o una que exprese que somos sus hermanos y hermanas y que estemos entregados a su servicio para la la gloria de su Hijo. El Escapulario es un signo que nos lleva hacia tales relaciones.

 En el contexto moderno, María nos muestra cómo escuchar la Palabra de Dios en las Escrituras y en la vida misma, cómo estar abiertos a Dios y cercanos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas en un mundo donde la pobreza en sus muchas formas les arrebata su dignidad. María también nos muestra el sendero de la mujer hacia Dios y nos acompaña como mujer que es el icono de la ternura de Dios, una mujer que tuvo que afrontar muchas pruebas, a fin de cumplir la vocación que Dios le dio. Es el signo de libertad y de liberación para cuantos en su opresión claman a Dios. De nuestra parte, el Escapulario es una expresión de nuestra confianza en el cuidado de María. Muestra nuestra voluntad de ser testigos de nuestra adopción bautismal y de ser sus hijos e hijas, hermanos y hermanas, así como nuestro deseo de estar revestidos de sus virtudes, de su espíritu contemplativo y de su pureza de corazón. Así, revestidos por ella, nosotros, como ella, reflexionamos la Palabra y demostramos que somos discípulos de su Hijo en nuestra dedicación a las obras del Reino de Dios: verdad y vida, santidad y gracia, justicia, amor y paz. 

***
Por lo que hemos considerado, es obvio que el Escapulario es uno de los tesoros de la Familia Carmelitana. Cuando hablamos del Escapulario debemos poner de relieve la pertenencia a la gran Familia del Carmelo. No sería apropiado enrolar gente con el Escapulario sin una explicación detallada de lo que están recibiendo. Habida cuenta de que el Escapulario es un símbolo, su significado ha de señalarse cuidadosamente. En particular se debe destacar que quien lo lleva debe tener una relación con María, además de esperar favores de ella. Si estamos revestidos del hábito de María, hemos de esforzarnos también para estar revestidos de sus virtudes. El Escapulario es uno de nuestros medios para dirigir a las personas hacia María y, por lo tanto, a su Hijo.


Fragmentos del documento
CON MARÍA LA MADRE DE JESÚS
La Virgen en la vida del Carmelo
Carta Circular de los Superiores Generales P. JOSEPH CHALMERS, O.Carm. y P. CAMILO MACCISE, O.C.D. 
con ocasión de los
750 años del Escapulario
16 de mayo de 2001

lunes, 13 de julio de 2020

CON MARÍA, LA MADRE DE JESÚS (4)



Durante estos días estamos compartiendo algunos textos de carácter mariano, a propósito de las celebraciones de la Virgen,para enriquecer así nuestro amor a nuestra madre y hermana en el Carmelo:


EL ESCAPULARIO DEL CARMEN

Toda revitalización del Escapulario carmelitano exige que lo consideremos en el contexto más extenso de la relación del Carmelo con María. Según nuestros santos, es importante una intimidad personal con la Madre de Dios y un compromiso de tomarla como modelo del discipulado cristiano. Los temas principales de Madre, Patrona, Hermana y Ejemplar nos pueden llevar a un conocimiento más profundo de María y a una relación más entrañable con ella. Sólo desde esta perspectiva se puede considerar el Escapulario como un signo que favorece el crecimiento espiritual en la vida cristiana.

Orígenes del Escapulario

Debe continuar en nuestras Órdenes la erudición histórica de cada aspecto del Escapulario. Sin embargo, independientemente de cualesquiera conclusiones futuras que se hagan, podemos y, de hecho, debemos tener confianza en el valor de este antiguo símbolo, que se basa en una tradición venerable. Lo que los Carmelitas han de hacer es dar con una manera de presentar el Escapulario tanto para quienes están convencidos de la historicidad de la visión como para quienes no consideran que haya una prueba histórica irrefutable. La verdad central de la historia de la visión es la experiencia vivida del Carmelo: María, su Patrona, la ha protegido y garantizado su perseverancia; la oración de María es poderosa...

Un sacramental de la Iglesia y un signo sagrado

El acto principal de la Iglesia institucional con respecto al Escapulario es su aprobación a lo largo de los siglos, incluido el más reciente Rito de la Bendición e imposición del Escapulario de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo. Con el significado espiritual de las gracias anexas al Escapulario existen también las obligaciones asumidas a través de este signo de devoción a la santa Virgen. "La devoción a nuestra Señora no puede limitarse a oraciones y obsequios en su honor en algunas circunstancias, sino que debe constituir un 'hábito', es decir, una orientación permanente de la propia conducta cristiana, entretejida de oración y vida interior, mediante la frecuente práctica de los Sacramentos y el concreto ejercicio de las obras de misericordia espirituales y corporales".

Se describen los sacramentales como signos sacros; por lo tanto, pertenecen al mundo del símbolo y del significado. En nuestra sociedad contemporánea se suele decir que hay una crisis del simbolismo religioso; al mismo tiempo, nuestras sociedades pueden ser movidas por un simbolismo secular. Las banderas nacionales, por ejemplo, tienen un profundo sentido para muchas personas. Los símbolos son cosas materiales o imágenes que nos indican un significado que los trasciende. Muy a menudo, su significado o lo que nos sugiere residen en su poder de interpelarnos a varios niveles: no sólo comunican alguna información, sino que nos tocan a nivel de los sentimientos. En los símbolos podemos hallar tanto el crecimiento como el declive. Los símbolos religiosos pueden degenerar en lo mágico, si ya no se transmite su significado espiritual o teológico; así pues, se reducen a algo como un amuleto que puede traer buena suerte.

 Los símbolos vivos necesitan una continua revitalización. Para nosotros hay cuatro etapas en la vida de un símbolo. Hay una experiencia causal, que da lugar al símbolo. Para nosotros esto implicaba el sentido de la protección de María para los Carmelitas y el poder de su intercesión para nuestra salvación. En segundo lugar, hay una fase de dogma o reflexión sobre el símbolo. El Carmelo consideró mayormente el Escapulario en términos de su entendimiento de María como Patrona, la que cuidaba de sus Hermanos, que, a su vez, la servían. En este período de reflexión, se consideró que la premura de María iba más allá de la muerte y que tenía que verse especialmente en su solicitud por nuestra salvación y por nuestra rápida liberación del Purgatorio. Una tercera etapa en la vida de los símbolos se encuentra cuando se pierde el contacto con la experiencia original. En este tiempo, o se ignora el símbolo, o se ve con escepticismo, mientras otras personas se aferran ciegamente al símbolo con una suerte de fideísmo, que no tiene en cuenta su origen o significado. Esta última etapa puede ser muy cercana a la magia. Así pues, en tiempo de escepticismo es menester una reconstrucción reflexiva del símbolo. Esta cuarta etapa es una tarea para toda generación. Necesitamos ver el Escapulario dentro de toda la espiritualidad carmelitana, y especialmente en relación con los principales temas marianos.

En particular, tal reflexión y reconstrucción del símbolo del Escapulario supone que reflexionemos y hagamos nuestro el hecho de que María es nuestra Patrona, que cuida de nosotros como Madre y Hermana. Nuestra Madre nutre la vida divina en nosotros y nos enseña el camino hacia Dios. Nuestra Hermana camina con nosotros en el viaje de transformación, invitándonos a hacer nuestra su propia respuesta: Hágase en mí según tu palabra (Lucas 1:38). Sin embargo, el Patronazgo es una relación en dos sentidos. Recibimos el cuidado de María; en respuesta estamos llamados a imitarla y a venerarla mediante nuestra fidelidad a su Hijo.

Fragmentos del documento
CON MARÍA LA MADRE DE JESÚS
La Virgen en la vida del Carmelo
Carta Circular de los Superiores Generales P. JOSEPH CHALMERS, O.Carm. y P. CAMILO MACCISE, O.C.D. 
con ocasión de los
750 años del Escapulario
16 de mayo de 2001

viernes, 10 de julio de 2020

CON MARÍA, LA MADRE DE JESÚS (3)

Durante estos días compartiremos algunos textos de carácter mariano, a propósito de las celebraciones de la Virgen , para enriquecer así nuestro amor a nuestra madre y hermana en el Carmelo:

María, modelo y Virgen Purísima

La noción de María como modelo en su condición de discípulo es muy antigua en la Iglesia. Se encuentra en todas las épocas de la historia del Carmelo. Nuestros autores antiguos y modernos procuran demostrar que María es modelo precisamente para nuestra vida de carmelitas. Así pues, John Baconthorpe (+ ca. 1348) escribió un comentario sobre la Regla carmelitana, de la que sacó la similitud entre la vida de María y la del carmelita. En una época, esta conciencia del lazo entre María y el Carmelo se desarrolló en representaciones artísticas, por lo que se representa a María vestida con un hábito carmelita.

María es el ejemplo para el Carmelita, especialmente como Virgen Purísima: Virgo Purissima. Disponemos de abundante reflexión sobre este título. La capa blanca es un signo de nuestra imitación de María. La bien conocida dedicación de los Carmelitas a la Inmaculada Concepción y la defensa de esta verdad integran también el amor del Carmelo hacia la Virgen. Pero su pureza no se limita estrechamente a la castidad o al celibato. María es la pura, de un corazón indiviso, total apertura a Dios (el modelo supremo de vacare Deo). De hecho, la doble meta del Carmelo, como se expresa en el antiguo documento, Instituciones de los Primeros Monjes, puede hallar en María su más completa realización.

Hay innumerables textos carmelitanos en los que se muestra a María como el espejo perfecto de su ideal contemplativo y como modelo de docilidad al Espíritu Santo.  Para el B. Tito Brandsma: María es el dechado de todas las virtudes y, por lo tanto, dos veces nuestra Madre. Su vida es un espejo en el que podemos ver cómo debemos estar unidos con Dios.

Desde los tiempos del Vaticano II se nos ha incentivado para buscar una devoción a María que esté sólidamente basada en la Sagrada Escritura.Si, en el pasado, escritores y predicadores carmelitas tendían a centrarse en lo milagroso y lo extraordinario, nosotros también tenemos en nuestra tradición viva una sobriedad mediante la cual podemos dar a nuestros contemporáneos una imagen vital y, sobre todo, bíblica de María

A Sta. Teresa de Lisieux no le atraían en modo alguno pensamientos de María que no se basaran en la verdad. Afirma que si hubiese podido predicar un sermón sobre María, Ante todo, hubiera hecho ver qué poco se conoce su vida. Poco antes de ello, había entregado sus profundos pensamientos sobre María en su poema "Por qué te amo, María", en el que considera con amor su vida como nos la describen las Escrituras.

Todos estos temas carmelitanos centrales que hemos estado considerando son muy importantes para un correcto entendimiento del Escapulario carmelitano.

Fragmentos del documento
CON MARÍA LA MADRE DE JESÚS
La Virgen en la vida del Carmelo
Carta Circular de los Superiores Generales P. JOSEPH CHALMERS, O.Carm. y P. CAMILO MACCISE, O.C.D. 
con ocasión de los
750 años del Escapulario
16 de mayo de 2001

miércoles, 8 de julio de 2020

CON MARÍA, LA MADRE DE JESÚS (2)

Durante estos días compartiremos algunos textos de carácter mariano, a propósito de las celebraciones de la Virgen , para enriquecer así nuestro amor a nuestra madre y hermana en el Carmelo:

LA VIRGEN COMO PATRONA DEL CARMELO

"El título de Patrona del Carmelo tiene una larga historia en la Orden. La dedicación a María de la primera capilla en el Monte Carmelo, en el medio de las celdas, es ciertamente una indicación de su patronazgo, que en la época feudal señalaba relaciones y servicios recíprocos. Desde su llegada a Europa, que comenzó aproximadamente en 1230 y durante los siguientes 150 años, el Carmelo tuvo un existencia un tanto precaria. En ese período, los frailes aprendieron a confiar en el auxilio y protección de María. Se encomendó a Ella la supervivencia misma de la Orden, y los hermanos tenían confianza en su protección y cuidado. En los últimos decenios del siglo XIII, hallamos la idea de que la Orden carmelita fue especialmente fundada para la honra y gloria de María.

Aunque el lenguaje del patronazgo no halle ecos inmediatos en algunas de las culturas donde está ahora implantado el Carmelo, la realidad forma parte de nuestra rica vida mariana. El patronazgo implica una relación recíproca. Sabemos de la premura de María para con la Iglesia, con el Carmelo y con nosotros. Tales verdades son para nosotros fuente de confianza y de esperanza. Pero el patronazgo nos recuerda nuestra respuesta: estamos para venerar, servir y amar a nuestra Madre y Patrona. Las Constituciones primitivas de las cuales existen copias. y los ordinales son muy específicos en mostrar maneras para venerar a María mediante gestos, oraciones y celebraciones.  Desde el siglo XIII tenemos la recitación frecuente de las antífonas Salve Regina y Ave Maris Stella.  Pronto, la Estación del sábado ocuparía un lugar preeminente entre las devociones marianas de la Orden. En la época medieval, también existía la práctica de celebrar muchas misas votivas en su honor. Todo ello son indicaciones de las maneras en que los Carmelitas veneraban a su Patrona.

Será un reto para las comunidades locales dar con expresiones apropiadas de su relación con María para ellos y los demás en la Iglesia. De esta manera, se destacará en nuestra época la realidad del patronazgo, si no la palabra misma.


LA VIRGEN, HERMANA NUESTRA

Cuando los hermanos ermitaños llegaron a Europa del Monte Carmelo, fueron llamados por el pueblo y los papas se refirieron a ellos como los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo. Aunque ello, en el comienzo, habría significado su origen, y otras órdenes de esa época también se consideraban hermanos de María, los Carmelitas de entonces trataron de sacar del título la conclusión de que si ellos son hermanos de María, ella es con seguridad su Hermana. Arnoldo Bostio (+ 1499), que sintetizó nuestra tradición temprana escribió: El humilde hermano del Carmelo puede exultar y cantar con gozo: Ved! La Reina de los cielos [es] mi hermana; Puedo actuar con confianza y sin miedo

Aunque el título de Hermana nunca se usó tan ampliamente como los títulos de Madre y Patrona, es importante observar que el Papa Pablo VI lo empleó cuando habló de todos nosotros como hijos de Adán que teníamos a María como Hermana. A primera vista, el título parecería tener tres grandes ventajas para la reflexión carmelitana contemporánea. Asume la idea, que también existe en Patrona, del tierno cuidado de María y de las fáciles e íntimas relaciones entabladas entre los Carmelitas y la Madre de Dios. Presenta a María como nuestra hermana mayor, que nos precede en el viaje hacia la madurez en la fe. Además, en algunas culturas, la idea de María como Madre espiritual es difícil para algunos pueblos; el título de María como Hermana puede ser más atractivo para ellos. La condición de hermana de María es una idea que se puede compartir con una gran parte dela Iglesia.


Fragmentos del documento
CON MARÍA LA MADRE DE JESÚS
La Virgen en la vida del Carmelo
Carta Circular de los Superiores Generales P. JOSEPH CHALMERS, O.Carm. y P. CAMILO MACCISE, O.C.D. 
con ocasión de los
750 años del Escapulario
16 de mayo de 2001

lunes, 6 de julio de 2020

CON MARÍA, LA MADRE DE JESÚS (1)

Dentro de la preparación de la fiesta más importante del año en nuestra familia del Carmelo Descalzo,la de María del Monte Carmelo, madre y hermana nuestra, durante los próximos días compartiré acá algunos textos de carácter mariano, para enriquecer así nuestro amor a quien inspira nuestra vida "en obsequio de Jesucristo":

"La Virgen María, nuestra Madre, Patrona y Hermana, es, sin lugar a duda, uno de los mayores dones que hemos recibido de Dios y que compartimos con la Iglesia. Ella es parte esencial de nuestra herencia. Hay una preocupación generalizada en todas las ramas de nuestra familia carmelitana de renovar la teología y la espiritualidad, la devoción y el amor hacia María. Durante muchos siglos, nuestra devoción y el amor para con ella se ha centrado en el Escapulario marrón del Carmelo. Nuestros frailes y hermanas mayores recordarán la celebración, en 1951, del 700 aniversario del Escapulario, caracterizado por una cálida recomendación del Papa Pío XII en la carta que remitió a los Superiores Generales de las Ordenes, Neminem profecto latet. Es justo que años más tarde, reflexionemos acerca de los dones de María al Carmelo y examinemos lo que hoy significan para nosotros y para la Iglesia".

"Las distintas generaciones del Carmelo, desde los orígenes hasta hoy, han tratado de plasmar la propia vida sobre el ejemplo de María". Cada generación tiene la responsabilidad no sólo de vivir la herencia del Carmelo, sino también de enriquecerla y comunicarla. Una herencia es algo vivo que ha de exponerse al mundo real y presentarse en la verdadera experiencia de la Iglesia. La vida carmelitana debe estar en constante diálogo con el presente y con el pasado. De hecho, se deben preservar las riquezas de nuestra tradición, pero de tal manera que sean relevantes y significativas para el presente. Invitamos a todos los carmelitas a aprovechar la oportunidad de volver a visitar nuestro pasado, pero mediante preguntas que dimanen de nuestra lectura de los signos de los tiempos y de los lugares".

"El Carmelo ve a María como Madre, Patrona, Hermana y Modelo, esto último se asocia particularmente con la consideración de María como Virgen Purísima. Estos no son meros títulos o temas devocionales. De alguna manera, reflejan la experiencia de las Ordenes Carmelitanas a lo largo de muchos siglos. Invitamos a todos los carmelitas a volver a considerar el testimonio de quienes nos han precedido y a examinar cómo podemos compartir estas riquezas entre nosotros y con la comunidad carmelitana en general".

MARÍA COMO MADRE

"Cuando los primeros carmelitas llegaron por primera vez a Europa, la idea de María como madre espiritual había sido generalmente aceptada según los sermones del cisterciense Guerric d'Igny (+ 1157). Los carmelitas tomaron inmediatamente este tema invocándola como su Madre y la Virgen, como en Flos Carmeli: Madre tiernísima, que no conoció varón. Ya en la palabra "Madre" hay una idea esencial en nuestra herencia, es decir, la relación con María en este caso como sus hijos e hijas. El título de Madre fue muy favorecido en la Orden, con el título Madre y hermosura del Carmelo, haciendo eco a Isaías 35:2, empleándose en la liturgia del período medieval tardío.

"Todos los santos carmelitas han tomado este tema de María como madre. Sta. Teresa de Lisieux declaró memorablemente: "Ella es más Madre que Reina." Durante muchos siglos, la liturgia carmelitana ha demostrado especial afecto por la escena evangélica al pie de la cruz (Jn 19:25-27), donde María, se convierte en la Madre asociada a su ofrecimiento, donándose a todos los hombres en la entrega que el mismo Jesús hace de Ella a su discípulo predilecto. 

 
Viendo a María como Madre, nos sentimos animados a reflexionar acerca de nuestra relación con ella: nos cuida como Madre, la amamos y respetamos como hijos e hijas. Además, si vemos a María como Madre, estamos encaminados hacia su Divino Hijo y vivimos en obsequio de Él. Desde los primeros tiempos, los Padres de la Iglesia han comprobado que una Mariología correcta sirve para garantizar una Cristología correcta.

Nuestra visión de María como Madre y Hermosura del Carmelo puede ser un don importante a toda la Iglesia. Hace más de un cuarto de siglo, el Papa Pablo VI invitó a los teólogos a ver el camino de belleza como un auténtico enfoque de María. En un mundo donde hay tanta aflicción y fealdad estamos invitados a mirar hacia arriba y reposar en la contemplación de la belleza de María, pues ella es el "signo de Dios en favor de la Iglesia en sus comienzos, y la promesa de su perfección como esposa de Cristo, radiante de belleza. Alentamos a nuestros teólogos a que reflexionen más sobre este ámbito un tanto descuidado de la Mariología carmelitana".

Fragmentos del documento
CON MARÍA LA MADRE DE JESÚS
La Virgen en la vida del Carmelo
Carta Circular de los Superiores Generales
P. JOSEPH CHALMERS, O.Carm. y P. CAMILO MACCISE, O.C.D. 
con ocasión de los
750 años del Escapulario
16 de mayo de 2001

miércoles, 17 de junio de 2020

ELÍAS, UN PROFETA COMO EL FUEGO...

"Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Tú resucitaste un muerto, sacándolo del abismo por voluntad del Señor; hiciste bajar reyes a la tumba y nobles desde sus lechos; ungiste reyes vengadores y nombraste un profeta como sucesor. Escuchaste en Sinal amenazas y sentencias vengadoras en Horeb. Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives. Elías fue arrebatado en el torbellino, y Eliseo recibió dos tercios de su espíritu... " (Eclesiástico 48, 1-15).

"La familia carmelitana tiene a Elías como inspirador y padre de su espiritualidad, apreciando en él tanto su aspecto contemplativo, su marcha por el desierto y su encuentro con Dios en el Monte Horeb, como su acción decidida en defensa de Dios y de los derechos humanos. Todos podríamos aprender esta doble dimensión de Elías: la oración y la acción, el desierto y la ciudad, la unión con Dios y la solidaridad con los que sufren" (Pan de la Palabra, 2020).

El profeta intransigente, que lleno de celo por Dios, se ha enfrentado a todos, autoridades y sacerdotes de Baal, está siendo perseguido, y corre a esconderse en una cueva en lo alto del monte de Dios. Él, que ha sido viento huracanado, terremoto y fuego en su ministerio profético, acaba entendiendo que Dios es brisa suave, y escucha que debe desandar sus pasos, volver al desierto, y terminar su misión. El inspirador del carisma del Carmelo, busca el rostro de Dios, y termina cercano al Padre de Jesús, brisa que alienta y refresca, que trasmite una vida diferente, más allá de intolerancias e imposiciones. Así es el Espíritu del Señor, y ha de ser el de sus seguidores (yo, comentario a la liturgia del 12 de junio 2020).

jueves, 9 de abril de 2020

MÍSTICA Y COMPROMISO CRISTIANO

 "Por esa manía perezosa —¿malintencionada?— de identificaciones simplistas, hemos relegado al místico al cielo imperturbable de una interioridad poblada de sueños, sin contenido ni presencia de «mundo», y a quienes les pesa y urge la historia como misión evangélica les hemos convertido en locos agitadores de nuestras tierras. Aquellos sin historia, sin tierra. Estos sin Espíritu, sin cielo. Espíritu e historia, cielo y tierra, contemplación del rostro de Dios y acción por la justicia, planos contrapuestos. De uno a otro sólo hay viaje para la curiosidad mental, para la literatura apócrifa y la esgrima intelectual. «Bajar» el Espíritu a la historia, o «subir» ésta al Espíritu es obra de teólogos espurios y, cuando de afirmaciones existenciales se trata, de desubicados vocacionales. ¿Seremos capaces de unir, intelectual y existencialmente, en la plural unidad de la Iglesia y en la vida personal de fidelidad a la fe, contemplación y compromiso, experiencia de Dios y peso del mundo, salvación divina o historia humana?.

Si descubrimos que en una y en otra experiencia —en toda experiencia cristiana y su necesaria traducción— estamos «a vueltas con Dios», nos situaremos en el camino de la solución definitiva. ¿Quién es el Dios del místico? ¿Quién es el Dios del liberador? ¿Quién es Jesús, palabra pronunciada por el Padre, y siempre «nueva», por oír y por decir por los que le confesamos como el comienzo último, absoluto, pleno de la historia? ¿Cómo y dónde se nos revela Dios hoy? 

Si llegamos a ver que el Dios «agitador» del contemplativo y el Dios «gratuito» del liberador es el único Dios que nos reveló Jesús, abriremos nuestra vida, mística y liberación, Espíritu e historia, trascendencia e inmanencia, gratuidad y eficacia a una unidad dialéctica, expresiones esenciales, inalienables de la fe. El Dios de la historia nunca se revela mejor, con más viveza que en el silencio contemplativo, de la amistad y de la comunión «alienante» del «sistema» y de la plaza pública de los intereses personales egoístas. Y el Dios de la contemplación y del arrebato místico nunca aparece tan real como en el clamor de la historia, siempre en dolores de alumbramiento y de fecundidad infinita, insaciable

La pluralidad y el radicalismo de voces revelan la inabarcabilidad de Dios y la insaciabilidad del amor, tanto como su pobreza y precariedad. Cuando la historia se nos envejece entre las manos, la confesión festiva del amor, «perenne novedad que es Dios», como cantó san Juan de la Cruz, y la verificación en la praxis de ese amor personal que nos funda y «termina», se nos presentan como dos sílabas de una palabra, gracia y compromiso de la vocación cristiana"

Maximiliano Herraiz, ocd

jueves, 14 de noviembre de 2019

FELIZ DÍA DE TODOS LOS SANTOS DEL CARMELO

Los Santos del Carmelo son una inmensa muchedumbre de hermanos nuestros que consagraron su vida a Dios, abrazando las enseñanzas del divino Maestro e imitando su vida, y se entregaron al servicio de la Virgen María en la oración, la abnegación evangélica y el amor a las almas, sellado a veces con su sangre. Ermitaños del Carmelo, mendicantes de la Edad media, doctores y predicadores, misioneros y mártires; monjas que dilataron el pueblo de Dios con la misteriosa fecundidad de su vida contemplativa; religiosas que descubrieron el rostro de Cristo a sus hermanos con el apostolado sanitario o docente, sobre todo en tierras de misión; seglares que en medio del mundo supieron encarnar el espíritu de la Orden. Toda la familia del Carmelo de la patria con María, su madre, a la cabeza constituye en este día el motivo de nuestro gozo y nuestra alabanza al Padre. Recordamos a nuestros hermanos que ayer se dedicaban a la asidua oración en la tierra y hoy participan en la liturgia del cielo, y nos unimos espiritualmente a su gloria, mientras peregrinamos por los caminos que ellos, animosos, recorrieron, viviendo en obsequio de Cristo y siguiendo las huellas de nuestra Señora.

ORACIÓN:

Te pedimos, Señor,que nos asistan con su amistad, ejemplo y protección la santísima Virgen María y todos los santos de la familia del Carmelo, para que, imitando con fidelidad sus vidas, sirvamos generosamente a tu iglesia con el amor,la fraternidad, la oración y la vida apostólica.

lunes, 18 de marzo de 2019

SAN JOSÉ Y LAS VOCACIONES

La Fiesta de San José evoca, entre otros sentimientos, el recuerdo del “día del seminario” donde se educan los futuros sacerdotes. Con ese motivo, ofrezco unas reflexiones sobre las “vocaciones” sacerdotales y religiosas, tan escasas en tiempo de sequía de la fe cristiana, un hecho alarmante para los pastores y el pueblo de Dios que miran con angustia esperanzada al futuro.

Es verdad que Cristo dijo: “La mies es mucha y los operarios pocos. Pedid al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Y nosotros seguimos pidiendo en la esperanza de que se cumplan nuestros deseos porque —como dice san Juan de la Cruz— “tanto alcanza cuanto espera”. Pero la Providencia parece tener en cuenta hoy una variante sociológica importante: la mies ha dejado de ser abundante porque muchos están desertando de las raíces cristianas que fundaron la civilización occidental, forjada de cultura grecorromana, de espiritualidad cristiana y el dinamismo de los pueblos “bárbaros” cristianizados por Roma. Desde hace décadas, constatamos que en los países económicamente evolucionados escasean las vocaciones y aumentan o se mantienen en auge en los Terceros mundos.

Ante ese hecho sociológico y religioso, cabe la pregunta por las “causas” del cambio. Existe una razón de base. La abundancia de vocaciones en el pasado se fundaba, en primer lugar, en la existencia de familias generosas en hijos que se convertían en lugares potenciales de vocaciones sacerdotales y religiosas, especialmente en los medios rurales. Los delegados de vocaciones acudían a las escuelas como pescadores a los caladeros de peces y todos encontraban pesca abundante. La propuesta vocacional abría horizontes nuevos a los niños y adolescentes con la promesa de estudiar, de ver mundo más allá del pueblo. Otros pescaban en las catequesis parroquiales, entre los acólitos que solían asistir a las misas dominicales o de difuntos, a los bautizos, etc. En fin, la cosecha estaba asegurada para todos. Hoy el panorama ha cambiado radicalmente; la natalidad ha descendido hasta términos alarmantes; se han abierto nuevos horizontes culturales y económicos para los niños y adolescentes; la práctica religiosa ha descendido en esas edades y mucho más en la juventud, poco favorecida en la vida familiar, etc.

Pero volvamos a un análisis de lo que sucedió en el pasado. En mi tiempo de juventud se debatía sobre si en la infancia se puede tener auténtica vocación al sacerdocio o a la vida religiosa. Respondo desde mi experiencia. Creo que la mayoría de los que fuimos a los seminarios o a los internados de los frailes, lo hicimos para poder estudiar algo más que en las escuelas estatales, sin una “vocación explícita” de ser sacerdotes o religiosos. No sé si “mi caso” puede servir de ejemplo. Yo fui al colegio-seminario de los carmelitas descalzos sin haber oído de su existencia, aunque cercanos a mi casa, ni había tenido contacto alguno con ellos. Fue mi maestro quien conocía a uno de los frailes y me sugirió que allí podía hacer los estudios de humanidades, como así fue.

Pero dicho esto, añado que la vocación —digamos religiosa y sacerdotal— fue creciendo como la semilla que el sembrador arroja a la tierra sin que él sepa cómo, según la bella parábola de Marcos. Con el ambiente de piedad que se respiraba en el colegio, ver a los “frailes” vestidos con sus hábitos, comportándose como seres normales, las misas y oraciones en la capilla, la celebración de los actos más solemnes en la iglesia, van entonando el alma y se acaba pensando que esa podía ser tu “vocación” y profesión en el futuro. En una palabra, te vas haciendo “frailillo” poco a poco, y sin darte cuenta sueñas con llegar al noviciado y a ser sacerdote. Me supongo que también los seminaristas en sus seminarios habrán sufrido esta evolución de sus respectivas vocaciones. También admito que algunos privilegiados no caben en este esquema porque ya fueron con una vocación más madurada en casa.

¿Qué está pasando hoy, qué razones explican la escasez de las vocaciones en el mundo occidental? Además de la drástica y peligrosa caída de la natalidad, son otros factores sociales, económicos y religiosos los que han variado. Las religiones, también la cristiana, están en descrédito creciente; la propuesta creyente en un Dios personal interesa poco a la inmensa mayoría; la “práctica” de la moral cristiana —la de los 10 mandamientos de la ley mosaica y la misma de los Evangelios de Jesús—, tan rigurosa, no es apetecible, está en decadencia; los dogmas cristianos —tan complejos— son difíciles de asimilar por el raciocinio humano, etc. En consecuencia, el “sentimiento” religioso de las familias ha disminuido o desaparecido y las prácticas de los ritos ha descendido hasta límites extremos.

Ante estos hechos, nos queda un consuelo: al decrecer el número de creyentes y de practicantes, serán necesarios menos sacerdotes y alimentamos la esperanza de que la Providencia nos vaya surtiendo de los ministros del culto suficientes para atender al “pequeño rebaño” de los supervivientes fieles a Jesucristo. La historia del cristianismo demuestra que Dios siempre ha mandado sus profetas y carismáticos en los momentos oportunos que solucionan los problemas que va creando la sociedad. Genios de la religión que cumplen un destino como la lluvia en tiempo de sequía extrema. Son los fundadores de instituciones religiosas o reformas, genios de la historia, como san Benito de Nursia, san Bernardo, san Francisco o santo Domingo de Guzmán, hasta san Ignacio de Loyola o santa Teresa de Jesús, Juan Bosco para terminar con la madre Teresa de Calcuta y un coro inmenso de genios religiosos.

Por otra parte, creo que los cristianos hemos vivido de rentas, de tradición, sostenidos por una ideología de “cristiandad” desde los tiempos de Constantino el Grande (siglo IV) y potenciada en tiempo de Carlomagno (siglo VIII), olvidando la vida en las catacumbas y las persecuciones del Imperio romano durante los tres primeros siglos. La iglesia entendió demasiado materialmente el precepto de Cristo: “obliga a entrar” en el banquete del Reino (la Iglesia cristiana) como medio necesario para la salvación eterna. Ese paradigma sociológico y religioso ha fenecido en la sociedad occidental.

Quizá tengamos que volver al modelo paradigmático del Antiguo Testamento tan lúcidamente expuesto por los profetas de Israel: al pequeño “resto” del pueblo fiel a la Alianza con Yahvé; a los Anawim o pobres espirituales y desamparados pero con plena confianza en Dios.

Termino recordando una propuesta de santa Teresa que puede iluminar el panorama actual. Ella encontró una sociedad cristiana lacerada por la herejía de los “luteranos”, pero no se dedicó a lamentar los hechos, sino que propuso la solución no en las guerras de religión, sino en la vivencia del evangelio por los católicos y los herejes. Y por eso pensó en un pequeño grupo de “gente escogida”, de “buenos cristianos”, dirigidos por santos “capitanes”, reunidos en un “castillito”, reducto de la ciudad inexpugnable. Es la estrategia que plantea la capitana de los ejércitos de Cristo (Camino de perfección, cap. 3). Las monjas de San José están en la retaguardia orante, “siendo” fieles al capitán Cristo, sosteniendo a los del pequeño grupo con su oración y vida ascética. Es una de las grandes intuiciones de la madre Teresa, que abrió un horizonte altruista a las mujeres de su tiempo.

Daniel de Pablo Maroto, ocd
(Tomasdo de: DE LA RUECA A LA PLUMA).

sábado, 2 de marzo de 2019

TOMÁS ÁLVAREZ EN LA MEMORIA

Compartimos aquí, algo tarde ya, parte de las palabras de Fray Miguel Márquez en la despedida del P. Tomás Álvarez, que son el homenaje de este blog a un entrañable amigo de Santa Teresa y a quien conocimos también, recibiendo como tantos, su magisterio espiritual

Nos empeñamos en pensar que las grandes historias de amor pertenecen a épocas pasadas, que los mejores relatos se escribieron antaño. Creemos que la épica tiene que ver con aventuras de antiguos caballeros andantes, princesas y castillos encantados. Tan difícil nos resulta tener fe y reconocer a los héroes, a los santos en la puerta de al lado, como dice el Papa Francisco. Pero ellos están, siempre han estado, los que nunca aparecieron en los periódicos y no hicieron ruido entregando la vida y los que, ocupando el primer plano, fueron humildes sin pretender nada, sin esconderse y dando valor y voz al protagonismo de otros. Desaparecieron en cada palabra y en cada letra para hacer brillar el verdadero Mensaje y Mensajero, esta fue la vida del P. Tomás Álvarez. 

Se nos están yendo los viejos guerreros, poco a poco retornan al descanso merecido de los justos, labradores sacrificados que han arrancado a la dura tierra de las desolaciones el fruto precioso y la maravilla, no solo la perla y el diamante del alma de Teresa, sino de su propia alma. Pero no os engañéis, no os equivoquéis. No estamos aquí para alimentar la pena, la decadencia inminente, para llorar y lamentar la pérdida insustituible. No hemos venido a encumbrar sus hazañas y disculpar nuestras miserias. ¡Donosa manera de honrar y homenajear la luz y la gracia que nos dejaron! Nos devuelven la Fe y la Mirada en la dirección de la Vida que nace. Teresa de Jesús y Tomás (de Teresa) no son la luz, pero sí reflejo límpido de aquella luz que nos habla de historia de amistad, de encuentro con el Capitán del amor, en estos tiempos recios, con Cristo, Amigo y Compañero, y nos animan a reinventar la audacia de dejarle estrenar en nosotros una nueva historia de amor, no menos apasionante que la suya. ¡Cuánta dignidad!, ¡cuánta elegancia!, ¡cuánta nobleza!, ahora podemos decírtelo sin que te incomode tu timidez y tu pudor a los homenajes. ¡Qué altura y qué manera de pisar tierra! ¡Qué tesoro de ciencia y sabiduría y qué poco alarde! ¡Cuánta entrega en cuerpo y alma, en tiempo y sacrificio a cada documento, cada papel, a cada persona, en la oración, a las preocupaciones de los otros y en lo ordinario y qué vacíos tus bolsillos de ti mismo! 

En la infinidad de mensajes que han llegado estos dos días alguien ha dicho: “En estos momentos no hay mucho que decir. La muerte es una realidad que nos desafía al silencio”. En ese silencio sobrecogidos guardamos silencio respetuosos, porque sucede la Vida. Inevitable nos resulta pensar, imposible no querer imaginar, emocionados, cómo habrá sido el encuentro entre aquella mujer de la que se enamoró, (recuerdo que comenzó una vez una conferencia diciendo simpático: ‘Tengo que confesarles que me he enamorado de una mujer… Teresa de Jesús’), y que le habrá salido al encuentro tan agradecida con sonajas y panderos rodeada de sus hijas e hijos, regalándole un abrazo de madre, hermana, amiga, compañera y confidente. Y ¿cómo habrá sido y será aquella fiesta, querido Padre Tomás, que solo pensarlo anima a aventurar la vida, a arriesgarlo (arriscar, diría Teresa) todo por el Señor de todos los señores, por aquellos lindos ojos de Jesús, los únicos que traen belleza y descanso al castillo del alma. Solo oí tantas veces de un carmelita decir esta expresión: “Era un caballero”. 

Desde que entré en la Orden sentía yo el orgullo y el privilegio de pertenecer a la misma familia teresiana que el padre Tomás. Y como era un caballero honraba como a príncipe o princesa a quien mendigaba de él alguna atención. Se hacía llano y sencillo como vasallo, sin reclamar nada, o como caballero sin sueldo, que ayuda a su Señor a llevar la cruz, la que llevaba en su nombre de fraile con honor. Grande entre los amigos de Teresa. Si algún poder tuviéramos te daríamos con Juan de la Cruz y Jerónimo Gracián, a la par que ellos y no en inferior peldaño, el título de los mejores amigos de Teresa que ha conocido la historia. Humilde Tomás, decía no hace mucho a un hermano: “Ahora parece que voy entendiendo algo a la Santa”. Enséñanos ahora, Tomás, la ciencia de Teresa, la ciencia del amor a Jesús, a la Iglesia, a los hermanos, enséñanos ahora lo que más nos conviene, lo importante, y desengáñanos, porque no deseamos otra cosa que se cumpla lo que Él desea, y querer con decisión, lo que Él quiere.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

DURUELO: ORIGEN Y META DEL CARMELO DESCALZO MASCULINO


DURUELO
28 de noviembre de 2018

Se cumplen hoy 450 años del comienzo de la vida de los carmelitas descalzos en su primera comunidad, Duruelo. Como sabemos, la fundación duró muy poco y puede ser considerada como un primer intento de establecer una vida carmelitano-teresiana masculina, necesitado todavía de muchas correcciones y ajustes. En este sentido, no podemos poner al mismo nivel la fundación del monasterio de San José de Ávila, planta robusta bien enraizada desde el inicio, con el pequeño brote de Duruelo, en busca de una identidad y un terreno propicio para su crecimiento. La historia de los carmelitas descalzos nace así –y quizás así permanece siempre caracterizada- de la provisionalidad y de la inquietud: somos exiliados, en camino hacia una patria que no se encuentra a nuestras espaldas, sino más bien delante de nosotros. Reconozcámoslo: no es fácil vivir en constante tensión, no es fácil atravesar el desierto con todos sus obstáculos, peligros y tentaciones, guiados solamente por la promesa de una tierra en la cual podremos habitar de modo estable.
Sin embargo, al decir estas palabras, nace en mi espíritu una especie de consuelo: ¿No es precisamente esta la experiencia de nuestro padre y hermano fray Juan de la Cruz? Si es cierto que no podemos contar con un lugar y una historia “encantada”, no nos falta, sin embargo, un alma, un rostro, un carisma en el cual reencontrarnos y asentarnos. Me atrevería a decir que la historia de los carmelitas descalzos no es tanto la que se puede reconstruir a partir de los documentos y de los archivos, cuanto aquella que cada hijo de santa Teresa emprende saliendo en la noche, sin otra luz que aquella que le arde en el corazón, hacia el objeto del deseo o, mejor: atraído por la fuerza de Aquél que lo desea y lo espera. Es la historia de una “dichosa ventura”, en la cual se gana más cuanto más se pierde; cuanto más uno se aleja, tanto más se acerca; cuanto menos se es protagonista, tanto más se participa en el protagonismo del Espíritu de Dios en la historia.
No debería maravillarnos que, en los orígenes de los carmelitas descalzos, no encontremos otra cosa que un punto sobre un mapa en un gran espacio vacío, una nada que dice que aquello que cuenta no se encuentra allí. Y entonces no tiene sentido detenerse, es necesario continuar caminando, buscando, interrogando e interrogándose. Este es el esfuerzo que lleva consigo ser carmelitas descalzos y esta es nuestra verdadera y profunda descalcez. ¡Y cuantos riesgos se esconden en ella! Como al pueblo de Israel en el desierto, el camino nos pesa, deseamos ser como los otros pueblos, con sus tranquilizantes divinidades, tenemos nostalgia del Egipto del cual hemos salido, nos rebelamos contra quienes nos guían, despreciamos los dones con los que el Padre nos sostiene en el camino y, finalmente, tenemos miedo de entrar en la tierra prometida.
¿Quién puede continuar en este éxodo? Solo quien se ha encontrado con el Dios vivo, solo quien ha hecho la experiencia del fuego que no se consume, de la “llama de amor viva”. En el origen de nuestro camino no hay muros ni estructuras: hay una llama que brilla en la noche
. Era la llama que ardía en el corazón de Teresa y que se encendió también en el corazón de Juan en aquel bendito encuentro en el monasterio de Medina. Fue allí donde se concibió nuestro modo de ser carmelitas, fielmente, pero también en modo diverso a como habíamos sido hasta entonces.
Teresa, después de cinco años de vida feliz en la comunidad de San José, siente su corazón dilatarse, escucha la voz del Señor que le dice: “Espera un poco y verás grandes cosas” (F 1,7-8). Sin que ella lo quiera, ya el Espíritu la está lanzando al mar espacioso de la Iglesia universal. Y el pequeño, jovencísimo fray Juan, se deja envolver en esta aventura, acepta el riesgo de una novedad que humanamente debía parecerle bastante frágil e insegura. No obstante, no se deja intimidar por las valoraciones humanas y los cálculos racionales: se fía de la palabra de Dios que siente resonar en la voz de una mujer experta y apasionada.
Y, de este modo, empiezan a caminar juntos. Esta es la otra condición para poder afrontar el camino hacia la tierra prometida: recorrerlo juntos. Quizás si todavía hoy, 450 años después de Duruelo, la meta nos resulta lejana, es porque hemos caminado en modo demasiado solitario, permitidme decirlo: demasiado masculino y demasiado clerical. Teresa debió presentir este riesgo y por ello quiso conducir consigo a fray Juan a Valladolid, para que experimentase el estilo de fraternidad propio de sus comunidades. Juan lo vio y, estoy convencido, lo comprendió y lo hizo suyo. Pero ¿consiguió transmitirlo también a sus hermanos? Los tiempos no eran fáciles, como nos enseña la historia. Hoy, sin embargo, hermanos, en medio de tantas dificultades, de tantas debilidades y fragilidades, tenemos una gran oportunidad. Hoy, después de tantos fracasos históricos y eclesiales y de tanta experiencia de gracia, nos es dado recomenzar no desde la fuerza, sino desde la debilidad, no desde la potencia, sino desde la impotencia ¡Bendita nuestra debilidad y nuestra impotencia si gracias a ellas renunciamos a nuestra autosuficiencia y nos abandonamos en las manos de los hermanos! Si cesamos de defendernos los unos de los otros, si comenzamos a hablarnos y a conocernos, entonces llegaremos a la meta, esa meta que Duruelo nos señala como una flecha, como una indicación que orienta en el camino. Desde aquí empezamos de nuevo, con el único equipaje que necesitamos para el camino: ser hermanos, ser descalzos, tener como hermana la Virgen María.


Mensaje del P. Saverio Cannistrà, ocd, Prepósito General, con motivo del 450º aniversario de la fundación de Duruelo.

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...