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miércoles, 24 de mayo de 2023

TERESITA... EL CAMINITO

 


La expresión "caminito" o "petit voie" aparece sólo dos veces en los escritos de Teresa (si bien ella la utilizase en la comunicación oral). Y esas dos veces, aparece precisamente cuando la santa refiere en junio de 1887 su gran descubrimiento (que había ocurrido en el otoño de 1884): encontrar "un caminito muy recto y muy corto, un pequeño camino totalmente nuevo", distinto de la "dura escala de la perfección", que ella, retenida en su "pequeñez" y sus "imperfecciones", se halla "demasiado pequeña para subir". Esta nueva senda debe conducir a la "cumbre de la santidad", y consiste en hacerse conducir "como por un ascensor", por "los brazos" de Jesús.

Bajo esas múltiples imágenes, el dinamismo de esta pequeña senda brota de la confianza en la misericordia divina, en el amor salvador y santificante de Dios al que muy pronto Teresa se ofrecerá como víctima, el 9 de junio de 1895.

(Diccionario de Santa Teresa de Lisieux)

martes, 25 de abril de 2023

TERESA DE LISIEUX: LA VERDADERA GRANDEZA Y LA VOCACIÓN DE ORAR POR LOS SACERDOTES

En el Carmelo Teresiano estamos repasando en comunidad  los escritos de nuestra hermana Teresa de Lisieux; leemos y comentamos, para actualizar su memoria y magisterio espiritual, pues ella es "doctora de la Iglesia", y supo traducir desde su experiencia personal, humana  y temporal, la validez eterna del Evangelio. La última lectura que hicimos en mi comunidad incluía el fragmento que comparto a continuación; Teresita sale al mundo y se confronta con la realidad, y de esa experiencia juvenil extrae intuiciones fundamentales para su camino espiritual...


"Tres días después del viaje a Bayeux, tenía que emprender otro mucho más largo: el viaje a la ciudad eterna... 

¡Qué viaje aquél...! Sólo en él aprendí más que en largos años de estudios, y me hizo ver la vanidad de todo lo pasajero y que todo es aflicción de espíritu bajo el sol... 

Sin embargo, vi cosas muy hermosas; contemplé todas las maravillas del arte y de la religión; y, sobre todo, pisé la misma tierra que los santos apóstoles y la tierra regada con la sangre de los mártires, y mi alma se ensanchó al contacto con las cosas santas... 

Me alegro mucho de haber estado en Roma; pero comprendo a quienes, en el mundo, pensaron que papá me había hecho hacer este largo viaje para hacerme cambiar de idea sobre la vida religiosa. Y la verdad es que hubo cosas en él capaces de hacer vacilar una vocación poco firme. 

Celina y yo, que nunca habíamos vivido entre gentes del gran mundo, nos encontramos metidas en medio de la nobleza, de la cual se componía casi exclusivamente la peregrinación. Pero todos aquellos títulos y aquellos «de», lejos de deslumbrarnos, no nos parecían más que humo...Vistos de lejos, me habían ofuscado un poco alguna vez, pero de cerca, vi que «no todo lo que brilla es oro» y comprendí estas palabras de la Imitación: «No vayas tras esa sombra que se llama el gran nombre, ni desees tener muchas e importantes relaciones, ni la amistad especial de ningún hombre». 

Comprendí que la verdadera grandeza está en el alma, y no en el nombre, pues como dice Isaías: «El Señor dará otro nombre a sus elegidos», y san Juan dice también: «Al vencedor le daré una piedra blanca, en la que hay escrito un nombre nuevo que sólo conoce quien lo recibe». Sólo en el cielo conoceremos, pues, nuestros títulos de nobleza. Entonces cada cual recibirá de Dios la alabanza que merece. Y el que en la tierra haya querido ser el más pobre y el más olvidado, por amor a Jesús, ¡ése será el primero y el más noble y el más rico...! 

La segunda experiencia que viví se refiere a los sacerdotes. Como nunca había vivido en su intimidad, no podía comprender el fin principal de la reforma del Carmelo. Orar por los pecadores me encantaba; ¡pero orar por las almas de los sacerdotes, que yo creía más puras que el cristal, me parecía muy extraño...! 

En Italia comprendí mi vocación. Y no era ir a buscar demasiado lejos un conocimiento tan importante... 

Durante un mes conviví con muchos sacerdotes santos, y pude ver que si su sublime dignidad los eleva por encima de los ángeles, no por eso dejan de ser hombres débiles y frágiles... Si los sacerdotes santos, a los que Jesús llama en el Evangelio «sal de la tierra», muestran en su conducta que tienen una enorme necesidad de que se rece por ellos, ¿qué habrá que decir de los que son tibios? ¿No ha dicho también Jesús: «Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?»

 ¡Qué hermosa es, Madre querida, la vocación que tiene como objeto conservar la sal destinada a las almas! Y ésta es la vocación del Carmelo, pues el único fin de nuestras oraciones y de nuestros sacrificios es ser apóstoles de apóstoles, rezando por ellos mientras ellos evangelizan a las almas con su palabra, y sobre todo con su ejemplo...".

(Teresa de Lisieux, Historia de un alma)

jueves, 23 de marzo de 2023

CAMINO DE CONFIANZA Y AMOR

 

"Hermano mío, eso es lo que pienso de la justicia de Dios; mi camino es todo de confianza y amor, no comprendo a las almas que tienen miedo de un amigo tan tierno. A veces, cuando leo ciertos tratados espirituales en los que se presenta la perfección a través de mil dificultades, rodeada de una multitud de ilusiones, mi pobrecito espíritu se fatiga muy pronto, ciero el sabio libro que me rompe la cabeza y me reseca el corazón, y tomo la Escritura santa. Entonces todo me parece luminoso, una sola palabra descubre a mi alma horizontes infinitos, la perfección me parece fácil y veo que basta reconocer la propia nada y abandonarse como un niño en los brazos de Dios".

Teresa de Lisieux, Carta # 226

 al P. Adolfo Roulland (9 de mayo de 1897).

miércoles, 17 de agosto de 2022

NOTAS SOBRE LA INFANCIA DE TERESA DE LISIEUX (2): LOS PADRES DE TERESITA

 

¿Cuántas cosas se descubren al acercarnos a la familia de Teresita?

EL PADRE, Luis Martin: Un ser interiorizado, soñador, muy romántico y extraño al mismo tiempo; un "melancólico". Vive la fragilidad de las cosas humanas, y siente la necesidad de retiro profundo. Con 20 años quiere hacerse monje, pero no le admiten en el noviciado por no tener estudios latinos. Busca entonces oficio, a tono con su temperamento silencioso y su gusto por la meditación solitaria: se hace relojero. Con 23 años pasa una temporada en París, que él experimentó como un período de dificultades y tentaciones (tiempos de inestabilidad social). Regresa a Alencon e instala su taller de relojería, en un barrio tranquilo. Con 27 años lo vemos viviendo con sus padres, en una especie de vida "monástica", y los domingos se dedica a la pesca. Su madre insiste en que se case, pero Luis se niega. Huye del mundo y del matrimonio. 

LA MADRE, Celia Guérin: Nace en 1831. Infancia difícil, marcada por la austeridad y la severidad. Estudio en un colegio religioso; desea consagrarse a los enfermos haciéndose hermana de San Vicente de Paúl, pero la superiora del convento, al que acude con su madre, le dice que no tiene vocación. En 1851 decide especializarse en el punto de Alencon, hasta instalarse como fabricante. Su hermana, Elisa, entra en el convento de las Visitandinas, y allí permanece hasta su muerte. 

EL MATRIMONIO: Cuando se conocieron, Luis tenía 35 años y Celia 27. Ambas familias tienen puntos en común; el mismo medio de oficiales, las mismas convicciones religiosas. Luis y Celia también tienen cosas en común: ambos han pensado en la vida religiosa, ambos han escogido una profesión que se ejerce a solas. El matrimonio se realiza más por razón que por pasión; es un matrimonio arreglado por sus padres. Sus caracteres son, sin embargo, diferentes: Luis es tranquilo y Celia es impulsiva; Luis es riguroso y bastante firme, Celia es más flexible y adaptable. 


¿Cómo ellos concebían el matrimonio?

Luis aborda el matrimonio de una manera particular: está decidido a vivir con su mujer como hermano y hermana; ha reflexionado sobre el tema, consultado libros de teología y hasta copiado algún pasaje en el que se pone como ejemplo el matrimonio de María y José. Celia por su parte desea muchos hijos, pero, cuando su marido le explica a ella que lo ignoraba todo cómo se es madre, presa de pánico, acepta gustosa el punto de vista de su futuro marido. Ya casada, seguía suspirando por la vida religiosa, y lloraba cuando iba a visitar a su hermana visitandina. Después de 10 meses de vida en común, viviendo como hermanos, será preciso la intervención vigorosa de un confesor para inducir al matrimonio a cambiar su punto de vista. Pero, aún así, los motivos de la vida conyugal normal siguen siendo de índole religiosa ("Tener muchos hijos, a fin de educarlos para el cielo"). 

Los hijos van a sucederse uno tras otro; de su unión nacieron nueve hijos, cuatro de los cuales murieron prematuramente.  María Luisa (2/1860), María Paulina (9/1961), María Leonia (6/1863), María Elena (10/1864), María José (varón, 9/1866), María José (varón, 12/1867), María Celina (4/1869), María Melania (8/1870), y María Teresa (1/1873). Todos llevan en primer lugar el nombre de María

Celia pasa no pocos sufrimientos con sus hijos, que están siempre enfermos. Tiene una idea del destino humano que le impide además ser dichosa, disfrutar de la vida: "¡Qué quieres; hay que renunciar a todo! Jamás he encontrado placer en mi vida; no, jamás lo que se llama placer" (Carta a su hermana). Ella tiene la seguridad de que la felicidad no es posible en este mundo, además de sentimientos de castigo divino. El mundo aparece siempre como malo, mientras que sólo el cielo es bueno y esperado. 

 Celia se sumerge en un trabajo constante y abrumador, hasta el punto de no poder criar a algunos de sus hijos, encargándoselos a una nodriza, granjera de un sitio cercano a Lisieux, llamada Rosa Taillé. Ella sabe que su esposo no es un hombre de negocios, y siente la responsabilidad del futuro de sus hijas sobre sus espaldas, Por ello trabajará intensamente hasta su muerte.  

En realidad, Luis es más un ermitaño que un hombre que se hace cargo de sus responsabilidades de esposo y padre, en lo que a la economía se refiere. En 1870, renuncia definitivamente a su oficio de relojero, y uno de sus sobrinos se hace cargo del mismo; el negocio de encajes de Celia marcha muy bien, y con eso pueden vivir. 

Luis en su desarraigo de la realidad y Celia con sus constantes presagios de desgracias (aunque manifiesta un afecto febril y turbulento por sus hijos, como anverso de un deseo de muerte que se aplica a sí misma), no crean en el hogar familiar el ambiente propicio para que los hijos crezcan satisfechos de vivir, apasionados por esta tierra o interesados por la marcha de la historia. 


(Nota: cuando el libro que sigo acá se escribió (La infancia de Teresa de Lisieux", de Jean Francoise Six) todavía la Iglesia no había reconocido oficialmente la santidad de los padres de Teresa de Lisieux, cuya memoria litúrgica se celebra el 12 de julio. En una biografía que aparece en Aciprensa, se lee: El entendimiento y el amor fue tan rápido y grande entre los dos que contrajeron matrimonio el 13 de julio de 1858, solo tres meses después de haberse conocido. Ambos llevaron una vida matrimonial ejemplar: misa diaria, oración personal y en familia, confesión frecuente, participación en la vida parroquial.).

martes, 16 de agosto de 2022

NOTAS SOBRE LA INFANCIA DE TERESA DE LISIEUX (1): ALGUNOS PRESUPUESTOS

 

Hace ya unos cuantos años, en la última década del pasado siglo, mientras celebraba el Carmelo Descalzo una fecha conmemorativa de santa Teresita, me impactó positivamente la lectura de "La verdadera infancia de Teresa de Lisieux. Neurosis y santidad", de Jean- Françoise Six, y preparé algunas charlas a partir de ese texto. Más de 20 años después recupero esos resúmenes con el propósito de compartirlos poco a poco en este blog

La santidad de Teresa de Lisieux se ha presentado durante mucho tiempo como una realidad angélica vivida fuera del mundo, como un gustar anticipado del cielo, ajena a todo combate terrenal. Es decir, la santidad de Teresa se presentaba como un puro idealismo y una confirmación del idealismo. Pero fue la misma Teresa la que dijo: "Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra". Lejos de huir del mundo y de despreciarlo, la santa promete que hará de él, el escenario de su actividad después de su muerte. Es el polo opuesto de tantos cristianos para los que la tierra es vana, y el cielo el valor exclusivo. 

 Muchos biógrafos de Teresa de Lisieux olvidaron algo esencial en la historia de la santa: Lisieux. El lugar donde vivieron sus padres y hermanas, el lugar donde ella misma nació. Algunos dirán que Teresa vivió su vida prácticamente aislada, primero en el hogar familiar, y luego en el Carmelo; pero la influencia del entorno no por eso se dejó de sentir. 

 Lisieux en aquellos años era escenario de luchas encarnizadas entre realistas y republicanos: los primeros, clericales, antisemitas, públicamente practicantes; los segundos, anticlericales, frecuentemente agnósticos, a veces ateos. Existían dos periódicos en Lisieux que apoyaban cada uno, una de esas dos tendencias: Le Lexovien, republicano, y Le Normand, monárquico. En este último escribía y batallaba un farmacéutico de Lisieux muy católico y antisemita, Isidoro Guérin, tío y tutor de santa Teresita. 

Por otra parte, en múltiples estudios se ha hablado de Teresita del Niño Jesús y de su infancia espiritual sin hablar realmente de la infancia de Teresita, Algunos dan a entender que hubo en ella algunos problemas, pero no se detienen mucho en ello, es un tema tabú. Sin embargo, hay variados documentos que hablan de ella, por ejemplo las cartas de su madre, pero ningún estudioso las utilizaba verdaderamente, o al hacerlo, manipulaba los datos para hacerles decir lo que no decían. 

 En el proceso de beatificación, María Martín, la hija mayor declara sin rodeos: "Sor Teresita del Niño Jesús me pareció desde su más tierna infancia como si hubiera sido santificada en el seno de su madre o bien como un ángel que el buen Dios hubiera enviado a la tierra en un cuerpo mortal. Lo que ella llama sus imperfecciones o sus faltas, no lo eran; jamás la vi cometer la más ligera falta". Pero Teresita misma contradice esas afirmaciones de su hermana. Doce días antes de entrar en el Carmelo, con 15 años, le dice a su hermana Paulina: "No soy perfecta; quiero llegar a serlo". Si ella misma declara que no es santa ni perfecta, ¿por qué obstinarse en presentarla de otra manera?

 Hemos vivido con frecuencia mecidos en el dogma de la infancia como inocencia infusa; pero, infancia no es inocencia. Este apriorismo ha llevado a presentar la infancia de Teresita como un período sin problemas, y a Teresita como un ser perfecto. En su caso hay que subrayar que su infancia ha sido doblemente idealizada; al ser suya la doctrina de la infancia espiritual, se ha transferido la infancia como edad de vida a la infancia como modelo de vida espiritual. Así, se han malinterpretado las palabras de Jesús: "Si no se hacen como niños, no entrarán en reino de los cielos"; esto no significa copia del niño real, con lo que tiene de credulidad y pasividad, de dependencia e irresponsabilidad, justificando así la fe del carbonero, la obediencia ciega, rechazando la lucidez y el sentido crítico, las preguntas y las búsquedas personales. De esta manera, infancia espiritual ha podido convertirse en sinónimo de repulsa de la realidad, conservadurismo y cobardía. 

 Pero las palabras de Jesús deben ser tomadas por lo que son: símbolo de vida y de esperanza. Se trata de nacer de nuevo, de rechazar la nostalgia, la insipidez, el derrotismo. Es tener la certeza de que la vida y la aventura humana tienen un sentido, de que las esperanzas fundamentales de la humanidad tendrán la última palabra. 

(Cont...)


lunes, 15 de agosto de 2022

SANTA TERESA DE LISIEUX: SU ÉPOCA Y SU IGLESIA

 

La sociedad francesa no era una sociedad homogénea, ni en lo político, ni en lo social, ni en lo religioso. El siglo XIX marca una época de continuas revoluciones y contrarrevoluciones, En relación al mapa religioso de Francia podemos distinguir: un mundo rural, más apegado a tradiciones religiosas, y un mundo urbano, asiento de nuevos grupos sociales (burguesía y proletariado), y la influencia de Voltaire, el secularismo y el socialismo. También geográficamente hay diferencias, entre el oeste y el norte del país. La fachada atlántica, Normandía (lugar donde nace y vive Teresita), Bretaña, etc., son zonas de gran fidelidad al catolicismo y de reclutamiento vocacional. 

Por otro lado, en la renovación religiosa que se da a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, ayuda el nacimiento de nuevas instituciones y devociones que arraigan en el mundo popular: Adoración nocturna (1851), Adoración perpetua (1854) en las parroquias de la diócesis de Angers, celebración del Mes de mayo (1839), culto al Corazón de Jesús, extendida por ciertos conventos (Por ejemplo, en la Visitación de Le-Mans, donde se formaron las hermanas de Teresita, María y Paulina), y el culto a la Santa Faz, en el Carmelo de Tours. 

En algunas zonas el sentimiento religioso va a verse mezclado con sentimientos nacionalistas; en otras, prenderá la irreligiosidad, sobre todo en la clase obrera. 


Algunos elementos caracterizan la restauración religiosa en la Francia del siglo XIX:  

1. Recuperación de Jesucristo: En el siglo XVIII: Jansenismo, teocentrismo, Dios severo, rigorismo sacramental. En el siglo XIX: Romanticismo y espíritu italiano (más humanista); cristocéntrico y más afectivo. Alfonso María Ligorio y Bérulle. Un basto movimiento devocional que insiste en elementos de carácter pasional (Viacrucis, agonía de Jesús, Sagrado Corazón). También exaltación del dolor, predominando temas como la agonía del huerto, la sangre cubriendo el cuerpo de Cristo. Este tema del dolor se centra en la infancia de Cristo, al que se presenta como niño sufriendo, lo cual fue muy popularizado mediante estampas devocionales. Cobra gran auge la devoción a la Virgen de los dolores, y también la Imitación de Cristo, de Kempis. 

También hay que destacar la influencia de corrientes laicas en su simpatía hacia la figura de Jesús; se hace una lectura del Evangelio menos marcada por la teología y más por la preocupación de reconciliar valores evangélicos con los nuevos movimientos sociales. En esta lectura no se insiste tanto en la salvación individual, como en la salvación colectiva (Cristo como salvador de la humanidad y mediador de esta frente a Dios, redentor de las desigualdades, injusticias y esclavitudes; el reino de Dios anunciado por Cristo como anticipo de la sociedad comunista). 

2. Religión y nacionalismo: Como consecuencia de las revueltas sociales, y más aún de la reacción contra los valores y visión del mundo nacidas de la revolución, se da la alianza entre la religión y los sectores nacionalistas, fraguando en la utilización político religiosa de determinadas devociones (Sagrado Corazón) o fenómenos religiosos (Apariciones marianas). Todo ello cuaja en un espíritu reparador que se presenta como un intento de frenar la evolución política de la sociedad, del secularismo  y los valores democráticos cifrados en la libertad de conciencia, de creencia, de pensamiento, separación iglesia-estado y la aconfesionalidad del mismo estado. Estas libertades son vistas desde la perspectiva reparadora como apostasía y olvido de Dios; todo el que discrepa y pretende moverse con libertad fuera de la esfera religiosa o eclesiástica es alguien por quien hay que rezar, a quien hay que convertir, que traer al redil para salvarlo. 

(Fuera de la Iglesia no hay salvación=identificación  Iglesia-sociedad).


Desde una perspectiva sociopolítica, el espíritu reparador trata de construir una nueva cristiandad donde no cabe la discrepancia, y por supuesto, donde no hay que alterar los principios tradicionales sobre los que se sustenta la sociedad, que es el fiel reflejo del orden celestial establecido por Dios.  En el fondo de esta visión reparadora subyace una visión pesimista de la naturaleza y una visión negativa de Dios. 

3. Renacer de las peregrinaciones: A partir de 1846, por varias razones: paz religiosa, renacer del culto mariano (La medalla milagrosa, en1830), La Salette en1846), Lourdes en1858), restauración de las órdenes religiosas (promotoras de las peregrinaciones), desarrollo del ferrocarril, veneración creciente en los círculos católicos de la persona del papa (sobre todo a partir de 1848 se generalizan las peregrinaciones a Roma con el nacimiento de la "cuestión romana", cobrando más importancia en el período 1874-1913, pontificado de León XIII), y una vuelta al sacramento de la penitencia (Influencia jansenista  y estrategia de la Iglesia para lavar la moralidad de la familia). 

4. Una piedad utilitaria: Utilitarismo oracional; se reza por: la salvación de las almas del purgatorio, la conversión de los libre pensadores, la propagación de la fe, la salvación de Francia, y entre adolescentes y jóvenes se generaliza la costumbre de orar para tener éxito en los estudios. 

Sigue el auge del gusto por las indulgencias, con una doble finalidad: tranquilizar la propia conciencia al creer que por los méritos que uno conseguía en los ejercicios devocionales lograba de salvación. Y además, era un instrumento positivo en manos de la Iglesia para conseguir una mayor participación de los fieles en la vida sacramental y benéfica de la Iglesia.  

EN RESUMEN: El tiempo histórico de Teresa de Lisieux es un tiempo corto (1873-1897), pero a la vez es un tiempo polémico e intenso en la vida de Francia; es cuando triunfan los valores republicanos, llevando a un enfrentamiento abierto con la Iglesia, sobre todo por establecer una sociedad laica

***

Para ampliar este tema, comparto algo de "Tu amor creció conmigo. Teresa de Lisieux", del P. María Eugenio del Niño Jesús:

"En el siglo XVII se había desarrollado una corriente que se prolongó en el siglo XVIII, en la que se contemplaba a Dios principalmente como Justicia, de modo que se conocía bastante poco a poco a Dios Amor. Se consideraba sospechosos a los místicos de entonces, quienes, por lo demás, eran muy pocos. 

Con la Revolución Francesa de 1789 se hundió todo un régimen político y económico; después vino el período napoleónico y la restauración de la monarquía. Estos acontecimientos dejaron las almas dañadas, y las defecciones religiosas fueron tantas que se llegaron a suprimir los votos solemnes... 

Predominaba la espiritualidad ascética porque se quería preservar a las almas. Al mismo tiempo, desde el punto de vista teológico, se sentía la necesidad de defenderse, y por eso la apologética es lo que más se desarrolla. Estos hechos manifiestan, sobre todo, una actitud negativa: un fuerte sentido del pecado y de la culpa, que repercuten en toda la espiritualidad. Por ejemplo, en la devoción al Sagrado Corazón, nacida originariamente para honrar el amor de Cristo, dominaba netamente el aspecto reparador. 

En los mismos Carmelos encontramos una obra titulada Los perfumes del Carmelo en la que se define a la Orden como reparadora, cuando esta palabra no se encuentra jamás en santa Teresa; es otra influencia de aquella forma de piedad... En el Carmelo no se leían ni en Cántico espiritual ni la Llama de amor viva de San Juan de las Cruz... Prevalecía una escuela que habría de durar mucho tiempo: leer a San Juan de la Cruz conllevaba, se pensaba, un peligro de iluminismo, y esto sucedía incluso en el Carmelo. Cuando se editaron sus obras hacia 1860, sólo se publicó la Subida del Monte Carmelo. Resultaba inconcebible la publicación de las demás. 

En el Carmelo de Lisieux coexistían varias tendencias, Este Carmelo había sido fundado por el de Poitiers, del que procedía la Madre Genoveva, que pertenecía, por así decirlo, a la "nueva escuela", pero estaban otras madres, sobre todo María de Gonzaga, personas de gran valor, pero en la línea de la austeridad. Por ejemplo, en un Carmelo de esa tendencia, cuando se leyó en el refectorio la Historia de un alma de sor Teresa del Niño Jesús, al cabo de algunas páginas, la priora dio un golpe en la mesa diciendo: "Cerrad ese libro; en este Carmelo no se leen esas ñoñerías".

Así pues, en el Carmelo de Lisieux coexistían las dos tendencias: la de la madre María de Gonzaga, asceta, que multiplicaba las mortificaciones extraordinarias y, por otro lado, la madre Genoveva, y también la madre Inés, que educada en la Visitación de Caen es de formación salesiana y ponen el énfasis en la primacía del amor.

Al llegar a ese ambiente, Teresa aporta ciertamente un mensaje de otra envergadura; Dios la ha preparado para una doctrina de amor".





jueves, 30 de septiembre de 2021

EN SINTONÍA ESPIRITUAL CON TERESITA...

En estos días estamos en sintonía espiritual con Teresita. Para mí ella es puro testimonio evangélico, frente a una religiosidad que busca ganar el favor de Dios a costa de esfuerzo, penitencias y méritos. Teresita es confianza, sencillez, abandono, y sobre todo AMOR; con mayúsculas, sí, en grande y de verdad.

TERESITA es una mujer joven, consagrada y contemplativa de finales del siglo XIX; no es una teóloga propiamente, pero sus escritos guardan una rica doctrina espiritual, nacida de su experiencia. Más allá de su lenguaje piadoso y a veces ñoño, hay una fuerza evangélica que ha tocado muchos corazones. También tiene una dimensión misionera y ecuménica, un profundo amor a la Palabra de Dios. Habla de una santidad encarnada en la vida ordinaria, muestra a Dios cercano y misericordioso (Aceptación-gratuidad-confianza y abandono). Al servicio de la Iglesia (en su corazón, que es el amor).

Mentalidad jansenista: Exaltación de la majestad de Dios y su trascendencia, la postración de la condición humana después del pecado original; visión del hombre y del mundo muy pesimistas; insiste en la severidad de Dios y su cólera, una rigidez sin inteligencia, una religión de temor y una vida sin amor, una ascesis expiatoria que conquista la gracia necesaria para salvarse.

UNA IGLESIA conservadora, que mira con sospecha todo lo nuevo, restauración del tomismo, falta de encarnacionismo y de sentido profético. Fuerte anticlericalismo social, falta de cultura en el clero. Surgimiento de institutos religiosos, piedad popular centrada en Cristo (Sagrado Corazón y la Eucaristía, Reparación y Adoración) y María (Apariciones, Medalla Milagrosa). Fuerte espíritu devocional: tremendismo en las predicaciones, abuso de un Dios juez; piedad sentimental y moralizante, espiritualidad individualista.

En SANTA TERESITA
: Fuerte raigambre familiar (elementos positivos y negativos); una santidad forjada en las pruebas y los sufrimientos (pérdidas en la familia, carácter de Teresita, trabajos en el Carmelo); una santidad de contrastes (tendencia rigorista: austeridad, méritos, ascesis Vs primacía del amor); una santidad fruto de la Palabra de Dios; un camino “nuevo”: la vuelta al Evangelio: confianza, alegría. En TERESA encontramos una FIDELIDAD CREATIVA.

EL CAMINITO: 1. Se sitúa ante Dios en su realidad: es pequeñita. 2. Consciente de que no puede hacer nada por sí misma, se pone confiadamente en los brazos de Dios. 3. Esto desemboca en su ofrenda al amor misericordioso (no a su justicia). 4. Deseos de santidad (don gratuito). 5. Primacía del amor.

Teresa se adelanta al Concilio Vaticano II al universalizar la santidad, haciéndola asequible.

Fray Manuel de Jesús, ocd.

martes, 28 de septiembre de 2021

TERESITA Y LOS ÁNGELES

 

El pensamiento maduro, neto, de santa Teresita acerca de la representación de los ángeles, lo encontramos la víspera de su muerte. Estaba en su lecho de  muerte, cuando una de sus hermanas de comunidad se le acercó para´consolarla.

 -Los ángeles, le decía la monja, descenderán del cielo vestidos de blanco, resplandecientes, hermosos y alegres, para llevar su alma a la gloria

Teresita, por su parte, respondió con una sonrisa en los labios:

 "Esas imágenes no me causan la menor impresión. No puedo nutrir mi espíritu más que con la verdad. Dios y sus ángeles son espíritus puros; nadie puede ver con los ojos del cuerpo lo que son en la realidad. Por eso yo no he deseado nunca esas gracias extraordinarias de visiones corporales. Prefiero esperar la visión eterna". 

 Sencillez, diafanidad , ortodoxia y al mismo tiempo una delicada intimidad...

(Tomado del DICCIONARIO DE TERESA DE LISIEUX)

viernes, 2 de octubre de 2020

TERESA DE LISIEUX: EL CAMINO DE LA CONFIANZA

 


Comienza Octubre con la fiesta litúrgica de Teresa de Lisieux, y quiero recordar algunas ideas suyas, tomadas de sus cartas; los santos hablan en el lenguaje de su tiempo y experiencia, nos toca a nosotros reinterpretarlos para nuestro aquí y ahora:

 "No creamos poder amar sin sufrir, sin sufrir mucho. Nuestra pobre naturaleza está ahí, y está para algo. Ella es nuestra riqueza, nuestro instrumento de trabajo, nuestro medio de vida. Es tan preciosa, que Jesús vino a la tierra expresamente para poseerla" (Carta 65, a su hermana Celina, 26 de abril de 1889). Luego, más adelante, afirma: "La santidad no consiste en decir grandes cosas, ni siquiera en pensarlas, ni en sentirlas: consiste en aceptar el sufrimiento". ¿Hace la santa una apología del sufrir? A menudo en la espiritualidad cristiana hemos insistido tanto en el sufrimiento (que no en la alegría) como si fuera un fin, y no solo un medio para alcanzar a Dios y su plenitud. Creo que Teresita habla de ACEPTAR, de abrazar nuestra humanidad, en la que inevitablemente hay dolor e imperfección, y hacerlo desde la fuerza interior que nos da la fe. Por cada momento de dolor, de sufrir, aportar nosotros un acto de amor, de confianza, en Dios. 


 El 16 de julio de 1894 escribe Teresita a una amiga: "Pasaron, pues, para nosotras dos los días benditos de la infancia. Estamos ahora en lo serio de la vida. El camino que seguimos es muy diferente, sin embargo, el término es el mismo. No debemos tener ambas sino un mismo fin: santificarnos en el camino que Dios nos ha trazado". Y luego: "Qué bella es nuestra religión. En lugar de encoger nuestros corazones (como cree el mundo), los eleva y ensancha y los hace capaces de amar, de amar con un amor casi infinito, puesto que ha de continuar después de esta vida mortal..." (carta # 145). El camino de la vida es aventura y batalla, medio de transformación, para alcanzar la madurez en Cristo; esto solo es posible mediante la CONFIANZA absoluta en el amor de Dios, que es infinito, gratuito e incondicional.

Acerca de ese misterio hermoso que es la COMUNIÓN DE LOS SANTOS, escribe Teresita al Abate Belliere, a quien tenía como hermano espiritual: "Creo que los bienaventurados tienen una gran compasión de nuestras miserias; se acuerdan de que siendo como nosotros, frágiles y mortales, cometieron las mismas faltas, sostuvieron los mismos combates, y su ternura fraternal se hace más grande de lo que lo era en la tierra, por eso no cesan de protegernos y de rogar por nosotros" (Carta # 235). Los santos, esos cristianos que nos han precedido en la fe, y que la Iglesia nos propone como modelos e intercesores, son nuestros compañeros de camino; no están ahí simplemente para conceder milagros, sino para animar, sostener, compartir los esfuerzos cotidianos por crecer en Cristo. 

EN EL DÍA DE LA FIESTA:  "He aquí lo que pienso de la justicia de Dios: mi camino es todo de confianza y de amor, no comprendo a las almas que tienen miedo de tan tierno Amigo. A veces, cuando leo ciertos tratados espirituales en los que la perfección viene presentada a través de mil intrincadas dificultades, rodeada de una multitud de ilusiones, mi pobre espíritu se fatiga pronto, cierro el docto libro que me rompe la cabeza y me deseca el corazón, y tomo en mis manos la Escritura Santa. Entonces todo me parece luminoso, una sola palabra descubre a mi alma horizontes infinitos, la perfección se me hace fácil; veo que basta reconocer la propia nada y abandonarse como niño en los brazos de Dios" (Carta # 203, de Teresita al Abate Belliere, mayo de 1887).

lunes, 3 de agosto de 2020

UNA TRANSFORMACIÓN EN CRISTO (TERESA DE LISIEUX) 2

 
Thomas Keating
, monje cisterciense ya fallecido, reconocido internacionalmente por su labor a favor de la vida contemplativa, escribió un pequeño folleto de menos de cien páginas sobre Teresa de Lisieux; de este texto vamos tomando algunos fragmentos para trabajarlos en nuestro Círculo de lectura:


3. LA PARÁBOLA DE LA LEVADURA: Hay otra parábola que va aún más lejos que las dos anteriores (Porque la enseñanza de Jesús va creciendo en intensidad y profundidad en Teresita,  a medida que él va avanzando también en ella). Es la parábola de la levadura escondida en la masa, y dice así: 

El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo (Mateo. 13, 33). 

En tiempos de Jesús, la levadura era un símbolo vivo de corrupción. La levadura se hacía dejando que un pedazo de pan se enmoheciera en un lugar húmedo y oscuro hasta que oliera mal. Entonces se colocaba el pan enmohecido en la masa hasta que la penetrara completamente. La yuxtaposición del pan fermentado era otra manera en que la sociedad religiosa de la época expresaba la importancia de separar lo sagrado de lo secular, el día festivo de la vida cotidiana. La mujer de la parábola toma tres medidas de harina. Esta cantidad es suficiente para alimentar unas cincuenta personas, así que no estamos diciendo que la mujer está preparando una comida modesta, y remite el número a lo que preparó Sara, mujer de Abraham, a los tres misteriosos visitantes bajo la encina de Mambré.  Sin embargo, en la parábola, en lugar de ser una epifanía de santidad, la hornada de pan fermentado se vuelve una revelación de corrupción. Como resultado, los oyentes de la parábola se debieron haber quedado preguntándose: ¿Está este hombre diciendo que el bien es mal? ¿Cómo puede proponer que esa levadura, especialmente después de fermentar una buena cantidad de masa, es una revelación del Reino de Dios? Debería más bien decir lo contrario. Si el pan fermentado, como hemos visto, era el símbolo popular de corrupción, los cincuenta panes debieron haber sugerido una corrupción a una escala monumental. 

La parábola claramente sugiere la pregunta: ¿cómo sabemos qué es el bien y qué es el mal? Tal pregunta presupone que tenemos un sistema de valores. Y es nuestro sistema de valores lo que Jesús está confrontando en esta parábola: puede que tengamos que dudar si de verdad es bueno lo que hasta ahora hemos creído que era bueno y si es malo lo que hemos creído que era malo

Como hemos visto, el Reino de Dios no está limitado a lugares sagrados. Dios se siente en libertad de venir a nosotros de la forma que sea. El Reino de Dios está presente en la vida diaria cuando ocurren eventos que nosotros consideramos desastres. Dios nunca está ausente. Es nuestro sistema de creencia lo que nos hace pensar que Dios no puede estar presente, cuando de acuerdo a nuestro juicio, las cosas van mal. La parábola de la levadura sugiere que Dios está más presente que nunca cuando las cosas van mal. La levadura, símbolo de los que pensamos que es malo para nosotros, puede ser: deficiencias físicas, mentales o morales en nosotros o en aquellos que amamos. Jesús enseña que el Reino de Dios está presente ahí. Lo que nosotros tenemos que averiguar es de qué manera es que Él está presente. Este es el reto de la vida diaria

Dios siempre está ahí, pero todo en nosotros puede que diga: “Dios no puede estar aquí”. O podemos preguntarnos, “¿Si Dios es totalmente misericordioso y todopoderoso, por qué permite que pasen las cosas? ¡Lo que simboliza la gran masa de pan con levadura, puede que lo sintamos como una gran corrupción masiva! Podemos preguntar, “¿Dónde está Jesús? ¿Dónde está Dios, que siempre me está diciendo cuánto me ama y me protege? ¡Dios!....¡Haz algo!” Lo que Dios está buscando no es cambiar las situaciones que parecen horriblemente destructivas o corrompidas. Su esperanza es cambiarnos a nosotros. Muchas veces para cambiarnos se requieren acontecimientos que no podemos entender, que parecen desastres. Tenemos ideas preconcebidas que nunca han sido desafiadas, propósitos fijos que llevamos con nosotros desde la niñez o que hemos recogido por el camino. ¡La mayoría de estos valores, si no todos, no son los del Evangelio! Dios nos invita a cambiarlos. Y, si no podemos hacerlo nosotros mismos, Él nos provee las circunstancias que nos pueden parecer insuperables o sobrecogedoras. 

Santa Teresita tuvo este tipo de problema, en primer lugar le dio una tuberculosis que fue empeorando a medida que su vida se fue desenvolviendo en el monasterio. Durante el último año de su vida virtualmente quedó postrada en cama. Ya no podía alabar a Dios en el oficio divino. No podía asistir a la misa diaria. Ni siquiera podía pensar en el cielo que antes había sido de tanto consuelo para ella. Sentía que el cielo se le había cerrado, como si hubiese una cortina de hierro frente a ella cada vez que trataba de pensar en el cielo. En otras palabras, su dolorosa enfermedad y su purificación espiritual estaban sucediendo simultáneamente. ¡Algunas veces tres o cuatro corrupciones están sucediendo al mismo tiempo! Se puede padecer de un mal físico, mental o moral y espiritual, todos a la vez. 

Cuando la gente padece estas cosas, necesita todo el apoyo que podamos darle porque realmente están sufriendo. Pero, deberíamos preguntarnos, ¿es sólo una descomposición física, mental, moral y espiritual que estamos sintiendo? ¿Es la experiencia de un sufrimiento intenso la única realidad? La pasión, muerte y resurrección de Cristo se desarrolla en nosotros a través de los eventos de la vida diaria, esto es, a través de lo que sucede. Su resurrección está en el fondo de cualquier montón de corrupción y a su debido tiempo emergerá esa resurrección. La cruz y la resurrección son los dos lados de una misma realidad

Mientras nosotros algunas veces experimentamos una más que la otra, en el cristiano maduro se unifican. No importa cuál sea la que predomine, porque la otra siempre está presente. Miremos la situación desde el punto de vista de Dios. Aquí está Dios, enviando a su único hijo, quien, como dijo San Pablo, “se hizo pecado por nosotros”. En otras palabras, Jesús tomó para sí todas las consecuencias de nuestra condición humana en la cruz. Las mayores consecuencias son: la sensación de ausencia de Dios, la sensación de aislamiento de Dios, y a veces, hasta el sentimiento de rechazo de Dios. Nos identificamos con Cristo, menos por nuestras virtudes que por nuestros pecados. Ha sido nuestro pecado y debilidad la que Cristo ha tomado sobre sí: todas las consecuencias del pecado personal, simbolizadas por su descenso a los infiernos. 

La liturgia ortodoxa griega del sábado santo afirma que Cristo realmente descendió al lugar de los condenados. ¡El infierno es, primordialmente, un estado del alma, un estado caracterizado por un total aislamiento de Dios, tan total, que uno ni siquiera que sea cambiado! El infierno existe hasta en esta vida para las personas que padecen de un sufrimiento mental insostenible. Una persona que esté experimentando un aislamiento total de Dios no puede pensar en ninguna otra cosa. Está totalmente inmerso en su sentido de desolación, soledad y condenación. Hasta este grado es que precisamente Cristo se identificó con nosotros. Al identificarse con todas las consecuencias de nuestros pecados y tomar sobre sí el sufrimiento de toda la humanidad, Cristo descendió a ese estado de conciencia que corresponde al infierno, o más exactamente que es el infierno. El participar en esa clase de ausencia o aislamiento de Dios es la forma más poderosa y madura de identificarse con Jesús a la que se puede llegar en la vida cristiana

Por eso es un error pensar que nuestra travesía espiritual es un ascenso a la gloria o algo así como una alfombra mágica que nos lleva a la felicidad. Es más bien la capacidad creciente para participar en la pasión, muerte, descenso a los infiernos y resurrección de Cristo. Esa es la participación máxima en el Misterio pascual de Cristo y por lo tanto la base para una participación mayor en su resurrección. Es también la mayor participación en la redención del mundo, que es el gran proyecto que Jesús inició y logró en su propia humanidad y que ahora nos invita a compartir. 

Teresita aceptó la invitación con todo su corazón, escribiendo hacia el final de su vida: “Sufrir a través del amor es la única cosa que me parece deseable en ese valle de lágrimas”. 

 Algunas veces el diario vivir puede abarcar no sólo las molestias y angustias de costumbre, sino también el desplome físico y mental. En el caso de Teresita, su padre sufrió una enfermedad mental después que ella entrara al convento. No es una sorpresa que él haya sufrido un colapso mental después de haber enviado cuatro hijas al convento, incluyendo su favorita. Celina, la hermana de Teresita, permaneció en el hogar cuidándolo y sólo a veces podría visitar el convento. Era una prueba terrible para Teresita porque ella estaba muy unida a él. En sus cartas a Celina ella le escribe que juntas están dando pasos gigantescos en el amor de Dios, aceptando la situación, viviéndola y alabando a Dios por la labor misteriosa que Él está haciendo. Podemos tener la seguridad de que hasta la enfermedad mental puede contribuir a la realización del plan de Dios. Dios puede estar utilizando esa enfermedad para la santificación de la persona, quizá aun mucho más de lo que percibimos. 


Nos sentimos totalmente impotentes cuando nos enfrentamos a tragedias humanas intensas. Y sin embargo se nos pide que creamos que el Reino de Dios está ahí en el medio de ellas. Dios está presente en las enfermedades físicas por igual. El Reino está especialmente activo cuando una persona está desvalida físicamente. También está muy activo, como sugiere Jesús, en las personas marginadas por una sociedad en particular. Para espanto de sus discípulos e indudablemente de los fariseos, Jesús comía con pecadores en público. 

 En esta parábola Jesús hace la pregunta: “¿Quiénes son ustedes para juzgar a los demás?”. Teresita trabajó intensamente en la práctica de las palabras de sabiduría de Jesús en el Sermón de la Montaña. Ella comenzó atendiendo a sus compañeras en pequeñas cosas porque veía a Dios en ellas. Teresita siempre estaba pensando en los demás y haciéndoles pequeños favores, pero en forma tal que no se sintieran molestos. Ella lo contaba así, “Sólo una cosa es necesaria, trabajar únicamente para Dios y no hacer nada por motivos propios o de las otras criaturas”. Cuando era una novicia, ella asistía a una religiosa mayor que necesitaba ayuda para ira al coro desde la enfermería. La monja era una anciana muy gruñona y nada de lo que hacía Teresita le parecía bien. En su autobiografía, la Historia de un Alma, Teresita lo describe así: Oraba con ardor por esta Hermana que había causado tanta lucha interior… Trababa de hacer todo lo posible por ella, y cuando me sentía tentada a responder bruscamente, me apresuraba a sonreír y hablarle de otra cosa. Teresita soportaba sus quejas día tras día. Después de un año de estar llevando a la monja mayor todos los días a las vísperas y de ser criticada a casi cada paso, Teresita escuchó estas palabras de la monja: “Siempre que nos vemos, te sonríes amablemente. ¿Qué es lo que encuentras tan atractivo en mí?” Teresita no anotó lo que le respondió, pero sí revela lo que sintió: “¿Qué fue lo que me atrajo? Era Jesús escondido en las profundidades de su alma, Jesús que hace atractivo hasta lo que es sumamente amargo”. 

 Una vez, Teresita sintió que sus emociones se acumulaban y le pareció que podría decir algo que heriría a alguien y que si permanecía allí otro instante las palabras brotarían. Alegando que tenía algo muy importante que hacer en la sacristía, literalmente huyó y se sentó en las escaleras de la sacristía con su corazón latiendo locamente. En su autobiografía, Teresita añade que este triunfo modesto sobre sus impulsos emocionales era “¡Una clase de valentía extraña, pero era mejor que exponerme a una derrota segura!”. Algunas veces nuestra mejor forma de manejar las emociones cuando se descontrolan es la de emprender una retirada rápida. Observemos el cuidado y la determinación con que Teresita procedía contra todas las manifestaciones del falso yo dentro de ella, haciendo todo lo que podía para resistirlas. Teresita le llamaba su Caminito al actuar en contra de su inclinación natural con el propósito de ayudar a la otra persona. Ella lo describía como “capturar a Jesús por medio de caricias”. De esta forma, progresó mucho desmantelando su falso yo, no experimentando grandes consolaciones espirituales, pero por medio de la práctica diaria dejar de lado sus inclinaciones egoístas, o más bien dándoles la bienvenida, porque le mostraban la profundidad de sus propias debilidades y flaquezas

Por esta razón es que ella podía decir: “aun tuviera yo en mi conciencia todo crimen concebible, no perdería nada de mi confianza”. ¿Por qué? Porque ella tenía una fe firme que Jesús es su pasión y muerte había tomado sobre sí toda consecuencia de pecado y después resucitó de entre los muertos, llevándose a todos los que aceptaron su invitación de seguirlo. Repito la convicción de Teresita: Aun tuviera yo en mi conciencia todo pecado concebible, no perdería nada de mi confianza. Mi corazón rebosante de amor, me lanzaría en los brazos del Padre y estoy segura que sería recibida con amor. Esta es una de las percepciones más importantes de todos los tiempos sobre la naturaleza de Dios y de nuestra relación con Él. 

 Como afirmaba Teresita, la verdad es que Dios es todopoderoso y todo misericordioso. Por lo tanto, “nunca podemos tener suficiente confianza en Él”. Por el contrario, nuestra audacia al confiar en Dios, en lugar de nuestras indecisiones motivadas por una falsa humildad, es el camino a la unión divina. Nuestros recelos internos hacen difícil ese salto de confianza a menos que sigamos trabajando en el Caminito. Ya no proyectamos nuestras expectativas humanas sobre Dios o abrigamos ideas preconcebidas sobre cómo Dios debe proceder. Nuestros prejuicios, oblicuidades y sistemas de valores falsos son impedimentos significativos. 

Desde el punto de vista de Teresita, la apertura a Dios que nos trae la vida diaria por intermedio de eventos y personas es una disposición sumamente importante que debemos cultivar.

Thomas Keating

miércoles, 29 de julio de 2020

UNA TRANSFORMACIÒN EN CRISTO (TERESA DE LISIEUX)

El P. Thomas Keating, monje cisterciense ya fallecido, reconocido internacionalmente por su labor a favor de la vida contemplativa, escribiò un pequeño folleto de menos de cien pàginas sobre Teresa de Lisieux; de este texto tomamos algunos fragmentos para trabajarlos hoy en nuestro Cìrculo de lectura:


La Vida de Santa Teresita del Niño Jesús

 Teresita Martin nació en Alencón, Francia, el jueves, 2 de enero de 1873. Pertenecía a una familia de nueve hermanos, de los cuales solamente sobrevivieron cinco mujeres. Su padre, Luis, era relojero y orfebre, y su madre, Zelie, llevaba un taller de encajes (eran famosos los tejidos de Alencòn). Antes de casarse, los dos habían planeado ingresar a la vida religiosa (se casaron a una edad tardìa, a insistencia de sus familias). 

Teresita perdió a su amada madre en 1877, víctima de cáncer de seno y, según ella misma relata, creció llegando a ser una niña de una voluntad fuerte y un tanto mimada. Cuando tenía nueve años, en 1882, su “segunda mamá”, su hermana mayor Paulina, entró al Carmelo de Lisieux, dejando a Teresita sola de nuevo. Teresita, siempre enfermiza y frágil, fue sanada de una enfermedad grave cuando tenía diez años mediante una visión de la sonrisa de la Santísima Virgen María. En 1886, María, la hermana de Teresita se unió también al Carmelo de Lisieux (su hermana Leona, entraría màs tarde al convento de las Clarisas). Teresita empezó a sentir ella misma el llamado y al año siguiente recibió el permiso de su padre para entrar al Carmelo.


Sin embargo, antes de poder entrar al Carmelo, tenía que superar muchos obstáculos. La superiora del convento Carmelita se negó a aceptar a Teresita en la orden por ser tan joven. Teresita llevó el asunto al obispo local, quien igualmente rechazó el permiso. Finalmente, Teresita, su hermana Celina y su padre, emprendieron una peregrinación a Roma, donde Teresita pudo obtener una audiencia con el Papa León XIII y le rogó que le permitiera ingresar a las carmelitas. El Papa se impresionó con su valentía y espíritu, pero prefiriò no intervenir, refiriendo a Teresita a la superiora del convento de Lisieux. Teresita ingresó finalmente al Carmelo de Lisieux el 9 de abril de 1888, a la edad de quince años. 

 Poco despuès de la entrada de Teresa, su padre sufrió una serie de ataques cerebrales que destruyeron su salud mental y física, y en 1892 Luis Martín regresó de Caen, inválido, y viviendo en la casa de la familia de su difunta esposa. (Moriría el 29 de julio de 1894, cuidado por Celina, su cuarta hija, que acabarà luego entrando tambièn al convento)).

  Teresita hizo la profesión de sus votos perpetuos en septiembre de 1890. En 1893, se le permitió permanecer en el noviciado, donde escribió su primera obra (sobre Juana de Arco) en enero de 1894. En septiembre, su hermana Celina entró al Carmelo de Lisieux y un año más tarde le siguió su prima María Guérin. Durante este período, Teresita (comenzó a escribir los recuerdos de su vida y experiencia en el Carmelo, que màs tarde serìan publicados bajo el tìtulo deHistoria de un Alma

En abril de 1896 sufriò su primera hemoptisis, y cayó seriamente enferma alrededor de la misma época un año más tarde. La transfirieron a la enfermería del monasterio el 8 de julio de 1897. Murió el jueves, 30 de septiembre y fue sepultada en el cementerio de Lisieux. 

Un año después de su muerte, se imprimieron dos mil copias de la Historia de un Alma y el libro cobró popularidad inmediatamente. Teresita fue beatificada por Pío XI en 1923 y canonizada dos años después. En 1980, Juan Pablo II hizo un peregrinaje a Lisieux y más adelante la declaró Doctora de la Iglesia. 

***
Desde mi punto de vista, Santa Teresita es la figura clave en la recuperación de la dimensión contemplativa del Evangelio en nuestros tiempos, un proceso que se necesita desesperadamente en la comunidad cristiana y que solamente está recién empezando a echar raíces. Teresita manifiesta una penetración extraordinaria en el corazón de las enseñanzas de Jesús sobre el Reino de Dios, así como un programa preciso para extenderlo a la vida cotidiana. Ella comprendió y participó profundamente en la experiencia de Jesús de la Realidad Suprema como Abba, una palabra tierna y amorosa para dirigirse al Padre.

El libro de Thomas Keating va poniendo en paralelo seis paràbolas de Jesùs con las ideas y enseñanzas de Santa Teresita. A partir de ahì, nos propone ideas importantes para la vivencia contemplativa del Evangelio. Comparto algunas de ellas: 

1. La Paràbola del fariseo y el publicano en el templo: Jesús dice que el recaudador de impuestos volvió a su casa justificado, lo que quiere decir que todos sus pecados fueron perdonados, pero no así el fariseo. Esto significa que los lugares sagrados no son esenciales para que alguien pueda entrar al Reino de Dios. En las enseñanzas de Jesús, el lugar sagrado es donde estás. Está en la vida diaria ordinaria. La idea de que el lugar sagrado está justamente donde te encuentras es una revolución en el concepto popular de lo sagrado. Hay lugares tales como iglesias y santuarios, donde nos renovamos espiritualmente, donde escuchamos la voz de Dios y donde podemos tener experiencias espirituales. Pero, de acuerdo con ésta parábola, esos no son los lugares usuales donde se lleva a cabo la transformación. Nuestras reacciones en la vida diaria son la medida de la profundidad de nuestra oración y del poder que ella nos da. Para la mayoría de la gente, la vida diaria del mundo seglar es el sitio donde tiene lugar la transformación en Cristo. Al igual que el fariseo, uno puede estar en la vida religiosa y no ser transformado. Es la acción oculta del reino de Dios que trabaja no sólo en circunstancias externas, sino a través de un cambio radical en nuestras actitudes. Esto es lo que es la transformación. No es ir a una peregrinación o entrar en un estado especial de vida. Es cómo vivimos donde estamos y lo que hacemos en esas circunstancias. Lo que Teresita llamaba “el Caminito” es simplemente las circunstancias de la vida cotidiana y lo que hacemos con ellas.

2. La Paràbola de la semilla de mostazaEn la versión de la parábola de Lucas, el grano crece hasta hacerse un árbol. Quizás el razonamiento de Lucas era que el grano de mostaza, si iba a ser el símbolo del Reino de Dios, tenía que crecer hasta llegar a ser algo significativo. De hecho, las semillas de mostaza no crecen como árboles. No crecen para hacerse cedros del Líbano, que pudieran tener hasta trescientos pies de altura y albergar a muchos pájaros. Para los que escuchaban la parábola de Jesús, una semilla de mostaza sólo podía crecer hasta el tamaño de un arbusto pequeño, no más de cuatro pies de altura y sólo unos pocos pájaros pueden anidar en sus ramas. Como símbolo, por lo tanto, el grano de mostaza es lo reverso de lo que los israelitas de esa época tenían en mente cuando ellos imaginaban el Reino de Dios. Ellos creían que, a través de Israel, Dios iba a establecer su soberanía y reinar sobre todas las naciones del mundo. Sin embargo, la parábola claramente señala que el Reino de Dios no tiene nada que ver con el triunfo vengativo sobre nuestros enemigos o con el éxito mundano. Lo que la parábola claramente implica es que, si crees que tu iglesia, tu nación, o tu grupo étnico va a ser liberado por Dios y que disfrutarás de un triunfo magnífico, o si esperas que el mundo se convierta a Jesucristo, estás equivocado. Esto no va a suceder. Lo que al Evangelio le interesa eres tú. No lo que puedas hacer, sino únicamente tú. Santa Teresita escribe: La santidad no consiste en esta o aquella práctica sino en la disposición del corazón, (notemos el cambio de lo externo a lo interno) que permanece siempre humilde y pequeño en los brazos de Dios, pero confiado hasta la audacia en la bondad del Padre. Eso era lo que Santa Teresita quería decir cuando hablaba del camino de la infancia espiritual. Esto es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: “Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los Cielos”.

(Continuarà...)

martes, 21 de julio de 2020

HUMANIDAD, EXPERIENCIA DE DIOS

El ser humano es experiencia de Dios. No sólo tiene capacidad de vivenciar, sino que, en el seno de esa misma experiencia, el ser humano es. Pero sólo existe esa experiencia de Dios cuando la persona, en toda su unidad, se hace consciente de estar fundamentada radicalmente en la realidad divina. Si Dios es experiencia de humanidad, el ser humano se va haciendo persona desde esta experiencia de lo absoluto. Se va generando, por tanto, un vínculo profundo donde los límites humanidad/divinidad se van tejiendo cada vez más imperceptibles, aunque existentes. Así es como podemos afirmar la radical dependencia de la humanidad con respecto a su origen divino. Esta esencial dependencia genera, en la misma humanidad, una necesidad del fundamento de su existencia. Teresa de Lisieux no escatima consciencia y audacia para experimentarse una manera finita de ser Dios. Toda la trayectoria interior de la existencia de Teresa refleja la acogida a esta realidad divina infinita que se hace finita en su humanidad personal. Se trata de una intuición profunda que se impone en sí misma como categórica. En la Ofrenda al Amor misericordioso de Dios expresa su radical deseo, que su ser quede impregnado de la divinidad en su versión de ternura entregada. Un deseo de que su realidad finita quede radicalmente absorbida en la realidad infinita: 

A fin de vivir en un acto de perfecto amor, yo me ofrezco como víctima de holocausto a tu Amor misericordioso y te suplica que me consumas sin cesar, haciendo que se desborden sobre mi alma las olas de tu ternura infinita que se encierran en ti, y que de esta manera llegue a ser mártir de tu amor, Dios mío”.

Rosario Ramos
Teresa de Lisieux: Hacia una interioridad creativa, liberada e integradora
Revista de Espiritualidad

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...