Mostrando entradas con la etiqueta Isabel de la Trinidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Isabel de la Trinidad. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de noviembre de 2022

ALABANZA DE GLORIA: SANTA ISABEL DE LA TRINIDAD

ISABEL DE LA TRINIDAD
(1880-1906): Nace un 18 de julio, en Bourges, Francia, y es bautizada el 22 del mismo mes; sus padres, José Catez y María Rolland. En 1982 la familia se traslada a Dijón, y el 19 de abril de 1891 recibe por primera vez la eucaristía. El mismo día, visitando a las carmelitas de su ciudad, se le revela el significado de su nombre: Isabel, "casa de Dios". Durante toda su vida, la palabra con la que ella tratará de comprender su experiencia será esta: "Estoy habitada". 

Aunque desde muy temprano sintió la llamada al Carmelo, su familia le prohíbe hablar de vida religiosa, y lleva una existencia normal, con vacaciones, fiestas, música; llegó a ser una excelente pianista. Pero no dejó de sentir la llamada interior de Dios, y en 1899 su madre da el consentimiento para que Isabel vaya al Carmelo, aunque sin dejar de buscarle matrimonios ventajosos. Animada por un buen director espiritual, que la orienta por la senda de la intimidad y del amor, y animada por la lectura de la Historia de un alma, de Santa Teresita, entra finalmente al Carmelo de Dijón el 2 de agosto de 1901.

En su vida como religiosa carmelita descalza progresa en el descubrimiento de la intimidad con Dios-Trinidad, descubre las riquezas de las cartas de san Pablo y empieza a firmar con un nuevo nombre: Alabanza de gloria. Un 21 de noviembre escribe su conocida "Elevación a la Trinidad", hermosa oración; además de este escrito, conservamos sus cartas, poesías, notas espirituales y de retiros. A finales de 1905 se manifiesta la enfermedad que la llevará en poco tiempo a la tumba (Enfermedad de Addison y tuberculosis), con crecientes sufrimientos físicos y espirituales. Termina su vida terrena diciendo: "Voy a la luz, al amor, a la vida".



jueves, 6 de mayo de 2021

LA GRAN VERDAD DEL AMOR

Asegúrate en la fe, es decir, no obres más que bajo la luz potente de Dios nunca según las impresiones y la imaginación. Cree que Él te ama, que quiere ayudarte Él mismo en las luchas que tendrás que sostener. Cree en su amor, su demasiado gran amor, como dice San Pablo (Ef.2, 4). Alimenta tu alma de las grandes verdades de la fe, que te revelan toda su riqueza y el fin para el que Dios te ha creado… ¡Es tan hermosa la verdad, la verdad del amor! Él me ha amado, Él se ha entregado por mí (Gal. 2, 10). He aquí lo que es ser verdadero”.

(Grandeza de nuestra vocación, sep.1906. Isabel de la Trinidad. Obras Completas, página 130).

lunes, 30 de marzo de 2020

ISABEL DE LA TRINIDAD: "DIOS NO TIENE NECESIDAD DEL SACRAMENTO PARA VENIR A MÍ"

Debido al coronavirus (Covid 19), muchos cristianos nos vemos privados de los sacramentos. ¿Cómo sobrellevar esta ausencia? Santa Isabel de la Trinidad, Carmelita Descalza francesa (1880-1906), tiene una palabra que decirnos. De entre todas las cartas en las que ella nos habla de cómo vivió la ausencia de los sacramentos en su vida, hemos escogido esta, en la que Isabel todavía era seglar (como indica en la carta, le faltaba poco más de un mes para entrar en el Carmelo).

Para Isabel, la Eucaristía era fundamental. El día de su primera comunión marcó un antes y un después en su vida. Pasaba horas adorando el Santísimo Sacramento expuesto (seguramente, el derrame sinovial del que habla en la carta, se debió a ello). Pero estaba acostumbrada a mirar su vida desde la perspectiva de la fe. Lo mismo que toma su dolor de rodillas como un regalo de Dios, vive la ausencia de los sacramentos como una ocasión para vivir la presencia interior de Dios en nuestras vidas.

Sin más preámbulos, pasamos a transcribir la carta de Isabel, con la esperanza de que sirva para que muchos cristianos se animen a vivir esta presencia de Dios en nuestros corazones durante el tiempo que dure el confinamiento en sus casas y ya, para siempre.

Carta 62 Al canónigo Angles
[14 de junio de 1901] Viernes 14 de junio

Muy querido señor:

Su amable carta me ha causado mucha alegría y me ha hecho mucho bien. No puedo decir cuántas veces la he leído. Ya sabe que el Señor me ha dado un corazón agradecido y todo lo que hace por su Isabelita no se pierde.

Hace diez días que tengo un derrame sinovial en una rodilla. ¡Figúrese lo contenta que estaré! Pienso que es una atención de mi Amado que quiere hacer participar a su prometida del dolor de sus divinas rodillas camino del Calvario. No puedo ir a la iglesia ni recibir la sagrada Comunión, pero, ya ve, Dios no tiene necesidad del Sacramento para venir a mí. Me parece que lo poseo igualmente. ¡Es tan buena esta presencia de Dios! Es allí, en el fondo, en el cielo de mi alma donde me gusta buscarle, pues nunca me abandona. “Dios en mí, yo en Él”. ¡Oh! Esta es mi vida. Es tan bueno, ¿verdad?, pensar que a excepción de la visión beatífica nosotros le poseemos ya como los bienaventurados le poseen en el cielo. Que podemos no abandonarlo, no dejarnos distraer de Él. ¡Oh!, pídale mucho que le deje apoderarse de mí, que me arrebate…

¿Le he dicho mi nuevo nombre en el Carmelo? “María Isabel de la Trinidad”. Me parece que este nombre indica una vocación particular. ¿Verdad que es muy bonito? Amo tanto este misterio de la Trinidad… Es un abismo en que me pierdo

¡Poco más de un mes!, querido Señor. Estos últimos momentos son una agonía. Pobre mamá. ¡Ah!, ruegue por ella. Yo lo dejo todo en manos del Señor. “Piensa en mí, pensaré en ti”, dijo Él a Santa Catalina de Sena. ¡Es tan bueno abandonarse, sobre todo cuando se conoce Aquel a quien uno se entrega! Adiós, querido señor. Le envío mi fotografía; mientras la hacían pensaba en Él. Por tanto, ella le llevará a Él. Al mirarla, ruéguele por mí. Tengo necesidad, se lo aseguro.

Isabel

¿Seré indiscreta si le pido que me escriba pronto?

Tomado de: Teresa, de la rueca a la pluma, entrada preparada por: 

domingo, 24 de noviembre de 2019

ORAR ES...

"Ama siempre la oración... Cuando te aconsejo la oración, no se trata de imponerse una cantidad de oraciones vocales para rezarlas diariamente. Hablo, más bien, de esa elevación del alma a Dios a través de todas las cosas que nos constituye en una especie de comunión ininterrumpida con la Santísima Trinidad, obrando con sencillez a la luz de su mirada"

Santa Isabel de la Trinidad

viernes, 8 de noviembre de 2019

ISABEL DE LA TRINIDAD. Breve biografía.

ISABEL CATEZ nació el 18 de julio de 1880 en el campo de Avor, cerca de Bourges (Francia), y fue bautizada cuatro días después. En 1887, pocos años después del traslado de la familia a Digione, su padre muere. El 19 de abril de 1891 recibió la Primera Comunión: aquel día comenzará una difícil lucha para “superarse a sí misma por amor”, aprendiendo a dominar su temperamento de fuerte voluntad, apasionado e impetuoso.

Cada vez más íntimamente unida a Cristo, en 1894 emitió privadamente el voto de virginidad. Al sentirse llamada a la vida religiosa, pidió permiso a la madre para entrar en el Carmelo de Digione; pero obediente a la madre, que se oponía, prohíbiendole que visitara el monasterio, no entró hasta el 2 de agosto de 1901. 

Hábil y premiada pianista, alegre y activa en la vida parroquial y social de su ciudad, vivió el tiempo anterior a su entrada en el Carmelo aprendiendo a encontrar a Cristo en todas las cosas, entregando sólo a Él su corazón, aunque se dedique a diversas actividades, participando en festivales de baile y pasando momento con amigos.

En el monasterio, donde el 8 de diciembre de 1901 hizo los primeros votos tomando el nombre de Isabel de la Trinidad, creció su unión con la Santísima Trinidad en la profundidad de su alma. Imitando a María, aprendió a guardar cada vez más la presencia de Dios vivo y a hacer cada día la voluntad del Señor, contemplando el “amor más grande” manifestado en Jesús Crucificado. 

Pocos meses después de la profesión religiosa, celebrada el 11 de enero de 1903, se manifestaron los primeros síntomas de la enfermedad de Addison —entonces incurable— que la condujo rápidamente a la muerte víctima de dolores atroces. Aceptó todo con sentimientos de paz y abandono confiado en la misericordia de Dios, como ocasión propicia para identificarse con el Esposo crucificado. Murió a los 26 años el 9 de noviembre de 1906.

Fue beatificada por Juan Pablo II el 25 de noviembre de 1984 y canonizada por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016.

Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice
Traducción: Iglesiaactualidad

jueves, 20 de diciembre de 2018

MARÍA Y JOSÉ

"Me parece que la actitud de la Virgen y de San José durante los meses transcurridos entre la anunciación y el Nacimiento son el modelo de las almas interiores; de esos seres que Dios ha escogido para vivir dentro de sí, en el fondo del abismo sin fondo. ¡Con qué paz, con qué recogimiento María y José se sometían y se prestaban a todas las cosas! ¡Cómo, aun las más vulgares, eran divinizadas por Ellos! Porque a través de todo, no dejaban de ser adoradores del don de Dios. Esto no les impedía entregarse a las cosas de fuera cuando se trataba de ejercitar la caridad. El Evangelio nos dice que María subió con toda diligencia a la montaña de Judea para ir a casa de Isabel (Lc 1, 39-40). José la acogió y cuidó con todo su ser. Jamás la visión inefable que Ellos contemplaban en sí mismos disminuyó su caridad exterior..." 

(adaptado Sta. Isabel de la Trinidad- El cielo en la fe).

miércoles, 5 de noviembre de 2014

CON ISABEL DE LA TRINIDAD .

“El Alma más débil, incluso la más culpable, es la que tiene más derecho a confiar. Ese acto de olvido personal y de abandono en los brazos de Dios glorifica y alegra más al Señor que todos esos repliegues sobre sí misma y esos exámenes de conciencia que le obligan a ponerse en contacto con sus miserias cuando tiene en el fondo de su ser un Salvador que quiere purificarla constantemente”. (Carta#228)

“Toda la naturaleza me parece estar llena de Dios. El viento que agita los altos árboles, los pajaritos que cantan, el hermoso cielo azul…todo me habla de Él. ¡Oh mamá! Necesito decirte que mi felicidad aumenta cada vez más y adquiere, como Dios, proporciones infinitas. Es una felicidad tan serena y tan dulce…Me gustaría revelarte mi secreto”. (Carta#216, a su madre)

“La vida de una Carmelita es una comunión ininterrumpida con Dios desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana. Si Él no llenase nuestras celdas y nuestros claustros, qué vacíos estarían. Pero, es a Él a quien vemos en todas las cosas, pues le llevamos dentro de nosotras mismas. Nuestra vida viene a ser un cielo anticipado”. (Carta#189)

“Se puede ser feliz en las contradicciones… Necesitamos mirar siempre al Señor. Hay que esforzarse al principio, cuando todo se subleva en nuestro interior, pero lentamente, a base de paciencia y con la ayuda del Señor, se logra triunfar”. (Carta#189)

“Vivamos muy alto, muy lejos, en Él…dentro de nosotros”. (carta#176)

Beata Isabel de la Trinidad


domingo, 15 de junio de 2014

INMENSIDAD DONDE ME PIERDO... Oración a la Trinidad.

A propósito de la solemnidad litúrgica de la Santísima Trinidad, volvemos a recordar algunos fragmentos de la oración de nuestra hermana Isabel Catez, que vivió como pocos este misterio de fe en su camino espiritual...

"¡ Oh, Dios mio, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme totalmente de mí para esta establecerme en ti, inmóvil y tranquila como si mi alma viviera ya en la eternidad. Que nada pueda alterar mi paz, ni apartarme de Ti, oh, mi Inmutable, sino que, cada momento de mi vida, me sumerja más profundamente en tu divino Misterio.
Pacifica mi alma. Haz de ella tu cielo, tu morada predilecta, el lugar de tu descanso. Que nunca te deje solo sino que, vivificada por la fe, permanezca con todo mi ser en tu compañía, en completa adoración y entregada, sin reservas, a tu acción creadora...


¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo! Me entrego a Tí como victima. Sumérgete en mi para que yo quede inmersa en Ti, en espera de ir a contemplar en Tu luz, el abismo de toda tu grandeza".

miércoles, 5 de marzo de 2014

CUARESMA... EL SECRETO DE LA FELICIDAD

"Si yo pudiera enseñarte el secreto de la felicidad como me lo ha enseñado el Señor. Dices que yo no tengo preocupaciones o sufrimientos. Soy ciertamente muy feliz. Pero si vieras cómo también se puede ser feliz en las contradicciones... Necesitamos mirar siempre al Señor. Hay que esforzarse al principio, cuando todo se subleva en nuestro interior, pero lentamente, a base de paciencia y con la ayuda del Señor, se logra triunfar.
Tienes que construirte, como he hecho yo, una pequeña habitación dentro de tu alma. Piensa que el Señor está ahí. Entra frecuentemente en ella. Cuando estés nerviosa, cuando te consideres una desgraciada, recógete rápidamente en ella y confíaselo todo al divino Maestro".

Isabel de la Trinidad, cartas.

CUARESMA... con Isabel de la Trinidad.

"Pide, querida hermanita, para que seamos santas, para amarle con aquel amor con que los santos sabían amar. Permanezcamos siempre unidas al pie de la cruz. Permanezcamos silenciosas ante el divino Crucificado y escuchémosle. El nos comunicará todos sus secretos. Es Él quien nos conducirá al Padre, a Aquel que de tal manera  amó al mundo, que entregó a su Hijo único.
Pido por tí y te guardo en mi alma junto al Señor, en ese pequeño e íntimo santuario donde le encuentro a cada hora del día y de la noche. Nunca estoy sola. Mi cristo está allí siempre orando por mí y yo orando con Él".

Isabel de la Trinidad, cartas.

lunes, 2 de diciembre de 2013

ISABEL DE LA TRINIDAD

"Vivamos con Dios como con un amigo; avivemos nuestra fe, para comunicar con El a través de todo. Esto es lo que hace a los Santos. Llevamos nuestro cielo en nosotros, pues Aquel que sacia a los bienaventurados en la luz de la visión y a nosotros se nos da en la fe y en el misterio es el mismo. Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, porque el cielo es Dios, y Dios está en mi alma". 
(Carta 122).

"Es cierto que soy muy feliz; pero si supieses cómo, aun siendo contrariada, se puede ser también feliz: hay que mirar siempre a Dios. Al principio hay que hacer esfuerzos cuando se siente que todo hierve dentro, pero poco a poco, a fuerza de paciencia y con la ayuda del Señor, se logra lo que se pretende". 
(Carta 123).


"Asegúrate en la fe, es decir, no obres más que bajo la luz potente de Dios, nunca según las impresiones y la imaginación. Cree que El te ama, que quiere ayudarte El mismo en las luchas que tendrás que sostener. Cree en su amor, su demasiado gran amor, como dice San Pablo (Ef 2,4). Alimenta tu alma de las grandes verdades de la fe, que le revelan toda su riqueza y el fin para el que Dios la ha creado. Si tú vives en todas sus cosas, tu piedad no será una exaltación nerviosa, como temes, sino será verdadera. Es tan hermosa la verdad, la verdad del amor: El me ha amado, El se ha entregado por mí. He aquí lo que es ser verdadero". 
(Grandeza de vuestra vocación, 11).

Isabel de la Trinidad
Obras Completas

viernes, 24 de mayo de 2013

MIS TRES, MI TODO..... UNA ORACIÓN AL DIOS UNO Y TRINO



ORACIÓN A LA TRINIDAD, de Santa Isabel de la Trinidad

    ¡ Oh, Dios mio, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme totalmente de mí para esta establecerme en ti, inmóvil y tranquila  como si mi alma viviera ya en la eternidad. Que nada pueda alterar mi paz, ni apartarme de Ti, oh, mi Inmutable, sino que, cada momento de mi vida, me sumerja más profundamente en tu divino Misterio.
Pacifica mi alma. Haz de ella tu cielo, tu morada predilecta, el lugar de tu descanso. Que nunca te deje solo sino que, vivificada por la fe, permanezca con todo mi ser en tu compañía, en completa adoración y entregada, sin reservas, a tu acción creadora.  
   
¡ Oh, mi Cristo adorado, crucificado por amor ! Quisiera ser una esposa para tu corazón. Quisiera glorificarte y amarte... hasta morir de amor. Pero reconozco mi impotencia. Por eso, te pido que me revistas de Ti mismo, que identifiques mi alma con todos los sentimientos de tu alma, que me sumerjas en Ti y que me invadas ; que, tu ser sustituya mi ser para que mi vida sea solamente una irradiación de tu propia vida. Ven a mi como Adorador, como Reparador y como Salvador.
   ¡ Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios ! Quiero pasar mi vida escuchándote. Quiero permanecer atenta a tus inspiraciones para que seas mi único Maestro. Quiero vivir siempre en tu presencia y morar bajo tu luz infinita,  a través de todas las noches, vacíos y fragilidades. ¡ Oh, mi Astro querido! Ilumíname con tu esplendor fulgurante de tal modo que ya no pueda apartarme de tu divina irradiación.  
  
¡Oh, Fuego abrasador, Espíritu de amor!, desciende a mi para que se realice en mi alma como una encarnación del Verbo. Que yo sea para Él una humanidad suplementaria donde renueve su misterio. Y, Tú, ¡oh Padre!, protege a tu  pobre y débil criatura. Cúbrela con tu sombra. Contempla solamente en ella a tu Hijo muy amado, en quien has puesto tu complacencia.  


   ¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo! Me entrego a Tí como victima. Sumérjete en mi para que yo quede inmersa en Tí, en espera de ir a contemplar en Tu luz, el abismo de toda tu grandeza.

ISABEL DE LA TRINIDAD, ocd

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...