domingo, 18 de agosto de 2013

EXPERIENCIA CONTEMPLATIVA



"El místico puede acabar siendo un solitario, alguien que explora su propio misterio divino, buscando su hondura superior, un nivel de realidad que sobrepasa el nivel sentimientos y deseos de la mente. Por el contrario, el contemplativo está siempre abierto al encuentro personal: sabe mirar con intensidad, descubre y admira el valor de los demás, pudiendo avanzar así en la línea del diálogo personal, del amor mutuo.
Quizá pudiera decirse que el místico ama su propia verdad interior (o su vacío). Por el contrario, el contemplativo está preparado para amar a los demás en cuanto tales, pues goza al mirarles y goza al dejar que ellos le miren. Lógicamente, para que culmine y alcance su plenitud, como hermana de la amistad y/o el amor, la contemplación tiene que ser recíproca: mirar y ser mirado, amar y ser amado.
Por eso, decimos que el evangelio, buena nueva de reino, ha sido y sigue siendo una experiencia contemplativa. Jesús ha buscado a los hombres y mujeres de su entorno, les ha ofrecido amor en gesto poderoso de transformación y ha dialogado con ellos por encima de todas las posibles leyes que separan y distinguen a unos de los otros. Estrictamente hablando, él ha sido un contemplativo en el mundo. Así ha desplegado el amor como mirada directa, diálogo de amistad fundada en Dios, en transparencia fuerte, desde el centro de una sociedad convulsionada por todas las imposiciones y mentiras del mundo. Por eso, la herencia de su reino (su Espíritu) debe expresarse en formas de comunicación contemplativa: en diálogo de amor inmediato, de mirada a mirada, de corazón a corazón.
Por eso, sabiendo mirar a Jesús en clave de amor, el contemplativo cristiano ha de expresar y expandir su mirada en apertura hacia los hombres y mujeres que viven a su lado, en comunicación gratuita que puede interpretarse en claves de enamoramiento. Lógicamente, los grandes creadores cristianos han desarrollado la contemplación cristiana en formas de diálogo con Jesús. Entre ellos se puede citar Ignacio de Loyola y Juan de la Cruz".

(Xabier PIKAZA)

sábado, 17 de agosto de 2013

DESAFÍOS EN EL CARMELO

En el intento de renovar nuestra vida como carmelitas descalzos, hemos estado leyendo otra vez, paso a paso, los libros de Teresa, que es como dialogar con ella, para redescubrir el llamado original y el carisma, lo que aporta el Carmelo Teresiano a la comunidad eclesial. 
Una mirada desde el centro de la Orden constata: falta de alegría y convicción, Pobreza en la formación espiritual, escasa creatividad y pereza.  De ahí que necesitamos abrir las ventanas al optimismo, buscando IDENTIDAD, SEGURIDAD y APERTURA. Lo que da identidad es el carisma: conocido asimilado y vivido. Se constata también la creciente actualidad de nuestra espiritualidad (Mística). La gente anda en busca de maestros en este camino, por eso necesitamos tener EXPERIENCIA y FORMACIÓN en el campo espiritual.

DESAFÍO: comunidades fraternas, potenciadoras de nuestra humanidad y santidad. Fraternidad que trascienda lo formal. Cuidarnos de un concepto poco dinámico de la vocación, pues esta implica siempre maduración progresiva.

"Es menester no poner vuestro fundamento sólo en rezar y contemplar; porque, si no procuráis virtudes y hay ejercicio de ellas, os quedaréis enanas".
(7M4,9)

martes, 13 de agosto de 2013

HACER CAMINO...CON TERESA DE JESÚS

Dice Teresa: "Las cosas del alma se han de considerar siempre con plenitud y anchura y grandeza".

En Primeras Moradas(1), Teresa destaca lo siguiente:

1. La gran hermosura de un alma (es decir, de la persona).
2. Entrar dentro de sí, o conocimiento propio.
3. Imagen de Dios: Dios se deleita con la hermosura del alma; nos creó a su imagen y semejanza; habita en el centro de este castillo interior; muchas mercedes, que no pongan tasa a sus obras.
4. El camino de la interioridad es la oración.

Carisma teresiano: comunidades fraternas, orantes y al servicio del Reino.

La comunidad no es una abstracción; somos nosotros ("Caminar juntos").

Necesitamos: Reidentificación carismática. Nuevo estilo de comunidad, netamente teresiano.
Servicio cualificado e identificado (Encarnación).

HACER CAMINO....

Y hablando de oración, dice Teresa: "Como sea oración, ha de ser con consideración" (1M1, 7). No quedarnos en palabras, a menudo vacías, y poco interiorizadas. La oración, diálogo y escucha, que parta del propio conocimiento interior. Porque, dice, 
" Es cosa tan importante este conocernos".
 De ese conocimiento nace la HUMILDAD. Conocernos en la verdad de lo que somos, verdad que nace de nuestro ser en Dios.

 (Continua....)

sábado, 10 de agosto de 2013

TERESA: vagamunda, mística y profeta I

Dicen que soy una vagamunda e inquieta.
Así le contaba Teresa de Jesús a un buen amigo lo que se decía de ella. Aludía, claramente, a unas palabras de Felipe Sega, nuncio en España de 1577 a 1581.
Felipe Sega llega a España cuando las fundaciones teresianas ya están muy avanzadas pero, al contario que el nuncio anterior, no mira con buenos ojos el camino emprendido por Teresa. Lo que él había dicho de ella era lo siguiente:

Fémina inquieta, andariega, desobediente y contumaz que a título de devoción inventaba malas doctrinas, andando fuera de la clausura, contra el orden del Concilio Tridentino, y prelados, enseñando como maestra, contra lo que san Pablo enseñó, mandando que las mujeres no enseñasen.
Viniendo de un nuncio, no era ninguna tontería y Teresa se preocupó de sacar a luz la verdad: que no era desobediente ni andaba engañando. Más que por ella misma, por la causa, pues si andaba por los caminos fundando, si escribía, si enseñaba, era por sentir que era de Dios y no suya. Y por eso importaba aclarar la verdad: para que la obra de Dios no se perdiese.
A la vista de la actividad de Teresa, no resultan tan extrañas las palabras de Felipe Sega. De modo que, si no se saca a Teresa ni al nuncio de su contexto, ella se hace más grande y cercana. Podremos entrever, además, que aún hoy perdura algo de aquella visión misógina y reductora, y que la mística es más posible y fecunda de lo que solemos pensar.
Recorrer más de seis mil kilómetros, en las condiciones de aquella época –en las condiciones actuales, los kilómetros se multiplicarían. Comprar y vender casas, llevar la reforma material de las mismas. Tratar con grandes y pequeños, hombres y mujeres, gentes de iglesia y de mundo y hacerlo con tanta llaneza y deseo de bien como perspicacia.
Buscar compañeros, candidatos masculinos para la familia que acababa de fundar. Convertirse en su fundadora y formadora. Escribir libros, no solo para discernir su propio espíritu sino con la convicción de tener una palabra que decir, hasta comentar la Biblia ¡tan prohibido entonces!
Escribir, también, un sinfín de cartas: instruyendo, gobernando, acompañando, compartiendo, preocupándose… de las cuales guardamos apenas 500 y no son más que una muestra de la imponente actividad comunicativa de Teresa.
Si pensamos en una mujer del siglo XVI, monja además, hacer todo esto resulta sorprendente y hasta escandaloso para el corsé cultural del momento. Y parece comprensible que hubiera quienes no entendieran el camino que iniciaba Teresa y su forma de hacerlo.
Quizás lo más importante para nosotros ante esta Teresa, es recoger lo que se desprende de su modo de vivir en el espíritu: vagamundo para el nuncio y sus continuadores, místico y profético para la iglesia que iba a recoger su experiencia —iglesia que incluirá a quienes buscan la verdad sin reconocerla en Dios.
Teresa muestra un camino posible para la experiencia mística. Uno, consciente de que hay muchos caminos en este camino del espíritu. Y propone una experiencia no a pesar de las cosas que van sucediendo, sino a través de ellas, invita a gozar del cielo en la tierra.
El encuentro íntimo, la experiencia profunda, el acceso a ese otro mundo en este mundo, pide tiempo, inexcusablemente, requiere espacio y dedicación. Porque, como decía Juan de la Cruz no entendemos sino vías de carne y tiempo. Y para nosotros no hay mística que no se apoye en nuestra propia humanidad, que es carne y tiempo, y también circunstancia.
Pero es un camino que no se hace apartándose del raíl de la historia, ni en la sola quietud, ni en el replegarse. Se hace enfangándose en la espesura de lo cotidiano, en su vulgaridad también. Atendiendo a la necesidad próxima y distante, dedicando energías a resolver lo que la vida va trayendo, sean minucias o asuntos complejos. Los negocios y muchas cosas de las que hablaba Teresa, que decía: en ninguna manera dejéis de responder a su Majestad, aunque estéis ocupadas exteriormente.
A ella le llevó tiempo entender que era posible entre tanta barahúnda crecer el espíritu. Que se puede responder a su Majestad, gozar de estos toques de su amor, es decir, estar en contacto con lo más profundo y vivir la unión con Dios en todo, incluso en una actividad desbordante.
Escuchar hoy a Teresa, vagamunda y mística es entender así la experiencia mística: posible, real y comprometedora. Regaladora de una fuerza singular: la de la libertad del amor. Es comprender que lo más íntimo impulsa la actividad y la creatividad y crea la unidad. Es descubrir que Dios invita a recorrer un camino de solo amor, en el que su presencia se derrama y queda el alma con su Dios en aquel centro… atada por amor con Vos y Vos con ella.
Si ella está mucho con Él, como es razón, poco se debe de acordar de sí; toda la memoria se le va en cómo más contentarle, y en qué o por dónde mostrará el amor que le tiene. Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras.

 Gema Juan

viernes, 9 de agosto de 2013

TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ (Edith Stein)

"La entrega de nuestra voluntad consiste en dar a Dios cuanto nos pida y podamos. Esa es la medida de nuestra santidad".

"El cuerpo no es una carga para el alma. Es su aposento, que le posibilita una vida libre y santa".

EDITH STEIN (1891- 1942)

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...