martes, 15 de octubre de 2019

CAMINANDO CON TERESA (4): PROCURAR VIRTUDES...

La gran empresa que Teresa ha propuesto a su grupo de pioneras, y ahora propone a nosotros, sus lectores, es la ORACIÓN. Más exactamente, la oración continua: "que oremos sin cesar". Pero no en el sentido del famoso Peregrino ruso, buscando fórmulas y técnicas para ocupar, sin interrupción, los labios, el pensamiento, los latidos del corazón, sino para modelar la vida del grupo. Que todas sean comunidad orante. Y cada una viva el ideal contemplativo de soledad, silencio, paz y experiencia de Dios. 

 Por eso mismo, Teresa no comienza proponiendo métodos de oración o reglas de meditación que regulen o eduquen el acto de orar. Comienza por la vida. Dar temple al acero de la vida orante. No solo porque lo requiere así la "gran empresa" del castillo y los soldados esforzados del capítulo tercero de Camino, sino porque "regalo y oración no se compadecen". Es decir, la vida de una comunidad orante es incompatible con el confort y la comodidad. Norma básica de vida para el grupo es la Regla del Carmelo. Regla de anacoretas. Aunque sólo sea de refilón. Teresa recuerda a sus lectores ciertas consignas ascéticas de esa ley básica: "ayunos, disciplinas, silencio".

Pero no es eso lo que en definitiva plasmará la vida y la  esponjará de oración, adoración, contemplación, alabanza de Dios e intercesión por los hombres. Lo que se requiere como presupuesto y cimiento son "virtudes". Virtudes evangélicas. Solo ellas serán capaces de remodelar "lo interior y exterior" del orante. Y lo mismo, lo interior y exterior del grupo. Sin ellas, será posible hilvanar unas cuantas prácticas de oración, pero no poner en marcha la vida. "Tan necesarias, que... si no las tienen es imposible ser muy contemplativas, y cuando pensaren que lo son, están muy engañadas".

¿Cuáles son las virtudes que Teresa propone?

"La una es AMOR de unas con otras; otra, DESASIMIENTO de todo lo criado; la otra, la verdadera HUMILDAD, que aunque lo digo a la postre, es la principal y las abraza a todas".

Más adelante añadirá una cuarta: la FORTALEZA, que llamará "determinada determinación".

(Tomado de los comentarios a CAMINO, de Tomás Álvarez, ocd)

viernes, 11 de octubre de 2019

TERESA DE JESÚS Y LA IGLESIA DE SU TIEMPO

Quiero profundizar un poco en la experiencia de Teresa de Jesús relacionada con la Iglesia, como mujer orante del siglo XVI, que pertenece a una familia con una rama judeoconversa, lo cual debió haber influido de alguna manera en su comprensión de la realidad religiosa de su tiempo. No obstante, Teresa no hace referencia a ello en ninguno de sus escritos, ni de los sinsabores familiares por el pleito de hidalguía, ni tampoco de temas judíos: sinagoga, ritos, y tampoco del osario judío sobre el que se había construido el convento de la Encarnación (tema conocido por las religiosas). Pero, para Teresa, la Iglesia es una realidad social y cultural envolvente, presupuesto de su vida, experiencia y pensamiento religioso. Como mujer castellana y cristiana de su tiempo, la pertenencia a la Iglesia es incuestionable, tanto familiar como psicológicamente. 

Luego, ya en sus años adultos, sobrevendrán algunos hechos que le obligarán a tomar conciencia, y definirse de una manera más personal respecto a la Iglesia, Primero, su experiencia mística, experiencia interior, pero con consecuencias exteriores: teresa es una mística, consciente de serlo dentro de la institución eclesial.  Por otro lado, su condición de fundadora la obliga a inscribir su actividad en el tejido oficial de las estructuras vigentes y de los cánones. De ahí que tengamos en Teresa un caso singular de relación entre mística y religión.

Podemos explicitar lo anterior en cuatro temas: la inmersión de Teresa en la Iglesia de su tiempo; su acción de fundadora dentro del marco eclesial; cómo ella reacciona en los roces y conflictos con la estructura; y su comprensión del misterio de la Iglesia desde la fe y la experiencia mística

1. Teresa, como hija de su tiempo, comparte la situación dramática de la Iglesia en el siglo XVI. En ella repercuten la quiebra de la unidad cristiana en Europa, con las consecuentes guerras de religión, y el horizonte del nuevo mundo recién descubierto, abierto a la conquista y a la evangelización. Ambas realidades con toda seguridad impactaron a Teresa, y de la primera habla al comienzo de Camino, como la razón que la movió a fundar su primer convento; de la segunda, sus hermanos todos participan de la aventura americana, y aunque al principio la imagina de manera idealizada, luego escucha testimonios más veraces y cambia su parecer. En general, el horizonte eclesial de Teresa se ensancha con estas realidades.

2. No era fácil para una mujer entrar en la dinámica de aquella Iglesia, pero los conocimientos eclesiásticos de Teresa rebasan la media común: conoce bastante el estamento clerical,  y el mundo de la vida religiosa, y se relaciona bastante con ambos. También conoció la parte negativa: la burocracia eclesial, el acomodamiento y las prebendas, la censura de libros, la inquisición. Vinculada a figuras como Juan de Ávila, Pedro de Alcántara, Francisco de Borja. Lectora de la literatura religiosa popular de su tiempo, y entusiasta de las misiones, etc. Teresa está inmersa en el mundo eclesial, como pocas mujeres de su entorno.

3. La confrontación de Teresa con aquella Iglesia le vino por tres vías: por su obra de fundadora; por su obra escrita; por su experiencia mística. Teresa, con su estilo, no propio de una mujer claustral, inquietó a confesores, obispos y nuncios, y también a provinciales y superiores generales de su Orden. Ella misma, hija de su época, dudará algunas veces si lo que hace está o no bien, y será en el mismo Jesús, en sus experiencias místicas, quien la disuade, pero ella procura siempre hacer lo que hace con patentes y autorizaciones de su Iglesia. Ella sabe que ha recibido el carisma de fundadora, pero nunca actúa por su cuenta; se sabe subalterna, y lo ejerce dentro de la estructura eclesial. En cuanto a sus escritos, los somete siempre a la lectura y opinión de censores y teólogos, y acepta revisarlos o enmendarlos cuando estos así lo estiman; ella acepta lo que la Iglesia, a través de sus representantes, le hace saber, con humildad.
En relación con sus experiencias místicas (y sabemos que lo místico entra siempre en contradicción con la estructura, por ser más libre), ella desde el comienzo las sometió al juicio de confesores y teólogos. Su desbordante experiencia  de Dios, ella quiso vivirla dentro de las comunión eclesial, porque tenía claro que el discernimiento de su experiencia necesitaba del reconocimiento de la comunidad. Su carisma estaba subordinado al gran carisma de la comunidad eclesial.

4. Teresa relaciona a Cristo con su Iglesia; en la Iglesia histórica de su tiempo ve al Cristo sufriente, vulnerable y pasible. Para ella, la Iglesia es santa y al mismo tiempo afectada por grandes males, depositaria de los sacramentos, y su corazón está en la Eucaristía. Para Teresa, el misterio de la Iglesia reside en la presencia de Cristo en ella; presencia que tiene su centro axial en la Eucaristía. 

(Resumen  de la voz IGLESIA, del Diccionario de Santa Teresa de Jesús, editado por Monte Carmelo, escrita por Tomás Álvarez).)

lunes, 7 de octubre de 2019

CAMINANDO CON TERESA (3): POBRES CON EL CRISTO POBRE


Lo mismo que a Francisco, a Teresa le ha deslumbrado la pobreza; llega a ella, no por senderos sociales contestatarios, sino simplemente por el Evangelio. Ahí, y en los relatos de los primeros carmelitas ermitaños,ha encontrado Teresa al Cristo pobre, que promete a los pobres bienaventuranzas. De ahí que ella, al pensar su comunidad naciente, la piense fundada en la pobreza, y comunique a sus hermanas los bienes que hay en ella. También sus primeras lectoras, las monjas de San José de Avila, son "trece pobrecillas", y por eso todas han de esforzarse y trabajar, incluida la priora.

 En el segundo capítulo de CAMINO, Teresa hace su elogio de la pobreza, subrayando tres consignas fundamentales, al decir del P. Tomás Álvarez:

1. Poner los ojos en Cristo pobre. "En el portal de Belén donde nació y en la cruz donde murió".  Invita a imitar a este Cristo. 

2. Ser verdaderamente pobres, no de boca o apariencia. No se puede profesar pobreza, y luego huir de los pobres y de la pobreza real. Por eso, en contra de todos, se empeña en fundar su convento sin rentas.

3. Ser pobres por dentro, pobres "en lo interior". No dejar que las preocupaciones y bienes de este mundo nos angustien y quiten la paz. Esta pobreza "interior" da un gran señorío, dirá, una gran libertad. 

Importante entender la invitación a ser pobres, dentro del contexto eclesial en que Teresa vive, realidad que ella describe, junto con el compromiso asumido frente a ello, en los capítulos 1 y 3 de este libro. 

domingo, 6 de octubre de 2019

CAMINANDO CON TERESA (2): PREOCUPADA POR LA IGLESIA

TERESA dedica el primer capítulo de CAMINO a explicar lo que la motivò a emprender  su obra fundacional, primero en su convento de San Josè de Àvila; al leerla, procuramos meternos en el interior de sus sentimientos y propósitos, para que iluminen de alguna manera nuestro camino de fe.

"En este tiempo vinieron a mi noticia los daños de Francia y el estrago que habían hecho estos luteranos y cuánto iba en crecimiento esta desventurada secta. Diome gran fatiga, y como si yo pudiera algo o fuera algo, lloraba con el Señor y le suplicaba remediase tanto mal. Parecíame que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que allí se perdían. Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor, y toda mi ansia era, y aún es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que ésos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo, confiada en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por él se determina a dejarlo todo; y que siendo tales cuales yo las pintaba en mis deseos, entre sus virtudes no tendrían fuerza mis faltas, y podría yo contentar en algo al Señor, y que todas ocupadas en oración por los que son defendedores de la Iglesia y predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en lo que pudiésemos a este Señor mío...". 

¿Què nos mueve hoy a nosotros en el camino de la fe?
¿Cuàles son nuestras motivaciones?
¿Nos sentimos solidarios con las causas de la Iglesia y de los Pobres?
¿Convertimos nuestra oraciòn en una fuerza al servicio del Evangelio, o nos limitamos a pedir siempre por las necesidades propias, como si Dios no supiera lo que realmente necesitamos?

 "Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, como dicen, pues le levantan mil testimonios, quieren poner su Iglesia por el suelo, ¿y hemos de gastar tiempo en cosas que por ventura, si Dios se las diese, tendríamos un alma menos en el cielo? No, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia".

 Esta frase no es para que confirmemos lo mal que va todo allà fuera (como si nosotros estuvièsemos en otra parte, y no fuèsemos corresponsables del mal que existe), sino para dejarnos de tonterìas y caprichos, y centrarnos en lo que es realmente importante.

sábado, 5 de octubre de 2019

FRANCISCO HABLA DE TERESITA

Meditación improvisada del Santo Padre. Encuentro con las religiosas contemplativas en el Monasterio de las Carmelitas descalzas 
(Antananarivo, Madagascar, Sábado, 7 de septiembre de 2019) 

Os darán por escrito lo que he preparado, así lo podéis leer y meditarlo tranquilas. Ahora yo quisiera deciros algo desde el corazón. La lectura del primer libro de los Reyes (2,2b-3), dirigida a Josué, comenzaba con una llamada al valor: «¡Ánimo sé un hombre!». Ánimo, y para seguir al Señor es necesario el valor, siempre, un poco de ánimo. Es verdad que el trabajo más pesado lo hace él, pero se necesita ánimo para dejarle hacer. Y me viene a la mente una imagen, que me ha ayudado mucho en mi vida de sacerdote y de obispo. Una noche tarde, dos religiosas, una muy joven y una anciana iban desde el coro, donde habían rezado vísperas, al refectorio. A la anciana le costaba caminar, estaba casi paralítica, y la joven intentaba ayudarla, pero la anciana se ponía nerviosa, decía: “No me toques. No hagas eso que me caigo”. Y, Dios sabe, pero parece que la enfermedad había vuelto a la anciana un poco neurótica. Pero la joven siempre con la sonrisa la acompañaba. Al final, llegaron al refectorio, la joven intentaba ayudarla a sentarse, y la anciana: “No, no, me haces daño, me duele aquí…”, pero al final se sentaba. Una joven, ante esta situación, seguramente hubiese estado tentada de mandarla a paseo. Pero aquella joven sonreía, cogía el pan, lo preparaba y se lo daba. Esta no es una fábula, es una historia auténtica: la anciana se llamaba sor San Pedro, y la joven sor Teresa del Niño Jesús. Esta es una historia auténtica, que refleja una pequeña parte de la vida comunitaria, que hace ver el espíritu con el que se puede vivir una vida comunitaria. La caridad en las pequeñas y en las grandes cosas. Aquella joven habría podido pensar: “Sí, pero mañana iré a la priora y le diré que envíe a una más fuerte a ayudar a esta anciana, porque yo no soy capaz”. No pensó así. Creyó en la obediencia: “La obediencia me ha dado esta tarea y la cumpliré”. Con la fuerza de la obediencia hacía con caridad exquisita este trabajo. Sé que todas vosotras, monjas de clausura, habéis venido para estar cerca del Señor, para buscar el camino de la perfección; pero el camino de la perfección se encuentra en estos pequeños pasos en el camino de la obediencia. Pequeños pasos de caridad y de amor. Pequeños pasos que parecen nada, pero son pequeños pasos que atraen, que “hacen esclavo” a Dios, pequeños hilos que “apresan” a Dios. Esto pensaba la joven: a los hilos con los que apresaba a Dios, a las cuerdas, cuerdas de amor, que son los pequeños actos de caridad, pequeños, pequeñísimos, porque nuestra pequeña alma no puede hacer grandes cosas. Sé valiente. El valor de dar pequeños pasos, el valor de creer que, a través de la pequeñez, Dios es feliz, y consuma la salvación del mundo. “No pero yo pienso que debe cambiar la vida religiosa, debe ser más perfecta, más cercana a Dios, y por esto yo quiero ser priora, capitular, para cambiar las cosas… No digo que alguna de vosotras piense esto… Pero el diablo se insinúa en estos pensamientos. Si tú quieres cambiar no solo el monasterio, no solo la vida religiosa —cambiar y salvar con Jesús—, salvar el mundo comenzando con estos pequeños actos de amor, de renuncia a sí mismo, que aprisionan a Dios y lo traen entre nosotros. Volvamos a la historia de la joven y de la anciana. Una de estas tardes, antes de cenar, mientras iban del coro al refectorio —salían diez minutos antes del coro para ir al refectorio, paso a paso— Teresa sintió una música, de fuera… Era una música de fiesta, de baile… Y pensó en una fiesta en la que las jóvenes y los jóvenes bailaban, honestamente, una hermosa fiesta de familia… tal vez un matrimonio, un cumpleaños… Pensó en la música, en todo aquello… Y sintió algo dentro, tal vez ha sentido: “Sería hermoso estar allí”, no sé… Y enseguida, decidida, dijo al Señor que nunca, nunca habría cambiado por esa fiesta mundana uno solo de sus gestos con la hermana anciana. Estos la hacían más feliz que todos los bailes del mundo. Seguramente, a vosotras, la mundanidad os llegará de muchas formas escondidas. Sabed discernir, con la priora, con la comunidad en capítulo, discernir las voces de la mundanidad, porque no entren en la clausura. La mundanidad no es una monja de clausura, más aun, es una cabra que va por su camino, lleva fuera de la clausura… Cuando te vienen pensamientos de mundanidad, cierra la puerta y piensa a los pequeños actos de amor, estos salvan el mundo. Teresa prefirió custodiar la anciana y seguir adelante. Esto que os diré ahora, lo diré no para asustaros, sino que es una realidad, lo ha dicho Jesús, y me permito de decirlo también yo. Cada una de vosotras, para entrar en el convento, ha debido luchar, ha hecho tantas cosas buenas y ha vencido, ha vencido: ha vencido el espíritu mundano, ha vencido el pecado, ha vencido al diablo. Tal vez, el día en que tú has entrado en el convento, el diablo se ha quedado en la puerta, triste: “He perdido un alma”, y se ha ido. Pero después ha ido a pedir consejo a otro diablo más astuto, un diablo viejo, que seguramente le ha dicho: “Ten paciencia, espera”. Es un modo habitual de actuar del demonio. Jesús lo dice. Cuando el demonio deja libre un alma, se va; después, pasado un poco de tiempo, tiene ganas de volver, y ve aquel alma tan hermosa, tan bien dispuesta, tan bella, y quiere entrar. ¿Y qué dice Jesús? Que el diablo va y busca otros siete peores que él y vuelve con los siete, y quieren entrar en esa casa dispuesta. Pero no pueden entrar haciendo ruido, como si fuesen ladrones, deben entrar educadamente. Y así los diablos “educados” llaman a la puerta: “Quisiera entrar…, busco esta ayuda, o esto otro, o lo de más allá”. Y les dejan entrar. Son diablos educados, entran en casa, cambian la disposición y después, dice Jesús, el final de ese hombre o de esa mujer es peor que el inicio. ¿Pero no te has dado cuenta que ese era un espíritu maligno? “No, era educado, muy bueno”. Y ahora, no, yo me voy a casa porque no puedo tolerar esto…”. Es demasiado tarde ya, tú lo has dejado entrar demasiado dentro de tu corazón. ¿No te has dado cuenta, no has hablado con la priora, no has hablado con el capítulo, con alguna de las hermanas de la comunidad? El tentador no quiere ser descubierto, por eso se disfraza de persona noble, educada, a veces de padre espiritual, a veces… Por favor, hermana, cuando tu sientes algo extraño, habla enseguida. Habla enseguida. Manifiéstalo. Si Eva hubiese hablado a tiempo, si hubiese ido al Señor para decirle: “Esta serpiente me dice estas cosas, ¿tú que crees?”. Si hubiese hablado a tiempo. Pero Eva no habló, y vino el desastre. Este consejo os doy: hablar enseguida, hablar a tiempo, cuando hay algo que os quita la tranquilidad; no digo la paz, sino todavía antes la tranquilidad, después la paz. Esto es ayuda, esta es la defensa que tenéis en la comunidad: una ayuda a la otra para hacer un frente común, para defender la santidad, para defender la gloria de Dios, para defender el amor, para defender el monasterio. “Pero nosotras Communicationes 347/09.2019 6 nos defendemos bien de la mundanidad espiritual, nos defendemos bien del diablo porque tenemos doble reja, y en medio también una cortina”. La doble reja y la cortina no son suficientes. Podríais tener cien cortinas. Es necesaria la caridad, la oración. La caridad de pedir consejo a tiempo, de escuchar a las hermanas, de escuchar a la priora. Y la oración con el Señor, la oración: “Señor, es verdad que esto que siento, esto que me dice la serpiente, ¿es verdad?”. Aquella joven Teresa, apenas sentía algo dentro, lo hablaba con la priora…, que no la quería, no la amaba la priora. “Pero como puedo ir a hablar con la priora si cada vez que me ve me enseña los dientes”. Sí, pero es la priora, es Jesús. “Pero, padre, la priora no es buena, es mala”. Deja que lo diga el Señor, para ti es Jesús la priora. “Pero la priora es un poco anciana, no le funcionan bien las cosas…”. Deja que lo decida el capítulo; tú, si quieres decir esto, lo dices en el capítulo, pero tú ve a la priora, porque es Jesús. Siempre la trasparencia del corazón. Siempre hablando se vence. Y esta Teresa, que sabía que era antipática a la priora, iba con ella. Es verdad, es necesario reconocer que no todas las prioras son el premio Nobel de la simpatía. Pero son Jesús. El camino de la obediencia es el que te sujeta al amor, nos sujeta al amor. Después, Teresa se enfermó. Se enfermó y, poco a poco, le parecía haber perdido la fe. Esta pobrecita, que en su vida había sabido espantar los diablos “educados”, a la hora de la muerte no sabía cómo actuar con el demonio que la rondaba. Decía: “Lo veo: gira, gira…”. Es la oscuridad de los últimos días, de los últimos meses de la vida. Para la tentación, la lucha espiritual, el ejercicio de la caridad no se jubila, hasta el final tú debes luchar. Hasta el final. Ella pensaba haber perdido la fe. Y llamaba a las hermanas para que echaran agua santa en su cama, para que llevaran las velas bendecidas… La lucha del monasterio es hasta el final. Pero es hermosa, porque en esa lucha —cruel pero bella—, cuando es auténtica, no se pierde la paz. Este Papa —diréis— es un poco “folclórico”, porque en vez de hablarnos de cosas teológicas, nos ha hablado como a las niñas. Ojalá fuesen todas niñas en el espíritu, ojalá. Con esa dimensión de infancia que el Señor tanto ama. Quisiera terminar la historia de Teresa con la anciana. Teresa, ahora, acompaña a un anciano. Y quiero dar testimonio de esto, quiero dar testimonio porque ella me ha acompañado, en cada paso me acompaña. Me ha enseñado a dar pasos. A veces soy un poco neurótico y la echo fuera, como Madre San Pedro. A veces la escucho; a veces los dolores no me dejan escucharla bien… Pero es una amiga fiel. Por eso no he querido hablaros de teorías, he querido hablaros de mi experiencia con una Santa, y de deciros lo que es capaz de hacer una santa y cuál es el camino para ser santos. Ánimo, adelante. 

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...