jueves, 11 de enero de 2024

ORACIÓN TERESIANA

 Descubre el secreto y el método de Santa Teresa de Ávila para orar y ser escuchada

Descubre el fascinante mundo de la oración según Santa Teresa de Ávila, una mística y doctora de la Iglesia. Exploraremos su método único y el secreto que ha inspirado a generaciones.

Santa Teresa de Ávila, destacada mística y escritora española del siglo XVI, dejó un legado espiritual profundo que trasciende el tiempo. Su enfoque único y apasionado hacia la oración ha capturado la atención de creyentes y buscadores espirituales durante siglos.

En este artículo, exploraremos el método de Santa Teresa para orar y cómo podemos incorporarlo en nuestras vidas cotidianas.

 


El método de Santa Teresa para orar:

La oración mental profunda: Santa Teresa abogaba por una oración mental profunda, una comunión íntima con Dios que va más allá de las palabras. Su método se centraba en una conversación personal y sincera con el Creador, buscando una conexión profunda del alma con lo divino.

La imaginación como puerta a lo divino: La santa invitaba a usar la imaginación como una puerta para acceder a la presencia de Dios. En sus escritos, describía cómo la mente puede visualizar escenas sagradas, como la Encarnación o la Pasión de Cristo, para fortalecer la conexión con lo divino.

La recogida interior: Santa Teresa abogaba por la "recogida interior", un estado en el cual la mente y el corazón se retiran de las distracciones del mundo exterior para centrarse exclusivamente en la presencia de Dios. Esta recogida espiritual facilita la oración profunda y contemplativa.

La oración de quietud: Dentro de su método, Santa Teresa enfatizaba la "oración de quietud", un estado en el cual el alma, después de haber buscado a Dios con fervor, entra en una profunda paz y silencio interior. Esta quietud permite que Dios actúe y hable en el corazón del individuo.

El uso de la palabra o frase breve: La santa recomendaba el uso de una palabra o frase breve como ancla para la concentración durante la oración. Palabras como "Jesús" o "Amor divino" se convertían en puntos focales para centrar la mente y el corazón en la presencia de Dios.

La importancia de la humildad: Santa Teresa resaltaba la humildad como un elemento clave en la oración efectiva. Reconocer la propia pequeñez frente a la grandeza de Dios, así como aceptar con humildad las limitaciones y pecados personales, facilitaba una conexión más profunda con lo divino.

 

Cómo practicar el método de Santa Teresa en casa:

Encuentra un espacio tranquilo: Busca un rincón tranquilo en tu hogar donde puedas retirarte del bullicio y las distracciones. La paz exterior contribuirá a la recogida interior que Santa Teresa valoraba.

Establece un tiempo diario: Dedica un tiempo específico cada día para la oración. Puede ser por la mañana, al mediodía o antes de acostarte. La regularidad fortalecerá tu práctica.

Visualiza escenas sagradas: Usa la imaginación para visualizar escenas sagradas que resuenen contigo. Puedes meditar en la vida de Jesús, escenas bíblicas o momentos de la vida de los santos.

Usa una palabra o frase breve: Elige una palabra o frase breve que tenga significado espiritual para ti. Puede ser "paz", "gracia" o incluso el nombre de Jesús. Úsala como ancla durante la oración.

Practica la humildad: Antes de comenzar, reflexiona sobre tu propia humildad y reconoce la grandeza de Dios. La humildad prepara el corazón para una conexión más profunda.

Acepta la quietud interior: Durante la oración, permite que tu alma se sumerja en la quietud interior. Acepta la paz y el silencio como un regalo divino.

Conversa con Dios: Establece una conversación sincera con Dios. Habla desde el corazón, compartiendo tus alegrías, preocupaciones y agradecimientos. La comunicación honesta fortalece la relación espiritual.


Al adoptar el método de Santa Teresa para orar en casa, puedes experimentar una profunda conexión espiritual y encontrar paz en la presencia divina. La riqueza de su enseñanza perdura, ofreciendo un camino valioso para aquellos que buscan fortalecer su vida de oración.

(Tomado de: Teresa, de la rueca a la pluma, La Vanguardia)

jueves, 13 de julio de 2023

MARÍA Y EUCARISTÍA

"Así como Iglesia y Eucaristía son un binomio inseparable, lo mismo se puede decir del binomio María y Eucaristía. Por eso, el recuerdo de María en el celebración eucarística es unánime, ya desde la antigüedad, en las Iglesias de Oriente y Occidente.

En la Eucaristía, la Iglesia se une plenamente a Cristo y a su sacrificio, haciendo suyo el espíritu de María. Es una verdad que se puede profundizar releyendo el Magnificat en perspectiva eucarística. La Eucaristía, en efecto, como el canto de María, es ante todo alabanza y acción de gracias. Cuando María exclama « mi alma engrandece al Señor, mi espíritu exulta en Dios, mi Salvador », lleva a Jesús en su seno. Alaba al Padre « por » Jesús, pero también lo alaba « en » Jesús y « con » Jesús. Esto es precisamente la verdadera « actitud eucarística ».

Al mismo tiempo, María rememora las maravillas que Dios ha hecho en la historia de la salvación, según la promesa hecha a nuestros padres (cf. Lc 1, 55), anunciando la que supera a todas ellas, la encarnación redentora. En el Magnificat, en fin, está presente la tensión escatológica de la Eucaristía. Cada vez que el Hijo de Dios se presenta bajo la « pobreza » de las especies sacramentales, pan y vino, se pone en el mundo el germen de la nueva historia, en la que se « derriba del trono a los poderosos » y se « enaltece a los humildes » (cf. Lc 1, 52). María canta el « cielo nuevo » y la « tierra nueva » que se anticipan en la Eucaristía y, en cierto sentido, deja entrever su 'diseño' programático. Puesto que el Magnificat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir mejor el Misterio eucarístico que esta espiritualidad. ¡La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat!".

Juan Pablo II, Iglesia en Eucaristía

viernes, 7 de julio de 2023

MARÍA: A MAYOR GLORIA DE DIOS

"María no es Dios. No es una diosa. No es ese sustitutivo «necesario» para salvaguardar la excesiva masculinización de lo divino. María es un personaje histórico. Es nuestra hermana. Pertenece a nuestra historia. Es verdad que los datos historiográficamente fiables que de ella tenemos son muy pocos. En no pocas ocasiones, lo único que podemos decir es que «confiamos razonablemente que detrás de no pocas consideraciones teológicas de la revelación hay acontecimientos históricos a los que no nos ha sido dado tener acceso y verificación». Pero, si la mariología no dispusiese de un fundamento histórico, podría convertirse en mariolatría, o en teología mítica. Ese ha sido el peligro que siempre ha amenazado y que en no pocas ocasiones habrá que seguir conminando. Los caminos para conseguirlo son varios y un poco complejos. 

 Una visión excesivamente patriarcal de Dios dentro del cristianismo repercute negativamente en la mariología. A Dios se le reservará la imagen paterno-masculina de lo divino; en María habrá que volcar compensatoriamente la imagen materno-femenina de lo divino, con la consiguiente equiparación a Dios. Hablar de María como «rostro materno de Dios», o el «rostro femenino de Dios», puede llevar a convertirla prácticamente en una diosa. De hecho, el culto a María en la época post-constantiniana y en el ámbito mediterráneo llegaba en no pocos lugares a configurarse como el culto a la Gran Madre, a las deidades femeninas.

 La única forma de conminar esta propensión idolátrica es desarrollar una visión del mundo no androcéntrica, una teología que utilice todas las metáforas, alegorías, símbolos humanos para hablar de lo divino, sin discriminaciones patriarcales. El día en que los creyentes clamemos a Dios «Padre, Madre» con naturalidad, ese día quizá nos preguntemos: «¿Y qué queda para María?». Habremos iniciado el camino de una auténtica mariología. Pero se necesita mucha audacia, creatividad, para lograr una imagen inclusiva de lo divino.


María es, en otras ocasiones, excesivamente identificada con la Trinidad. Es paradigmático el desarrollo mariológico del medioevo. Se trata de un fenómeno complejo, aunque voy a reducirlo a una  brevísima descripción. La escolástica, en su sistematización del pensamiento griego, partía del supuesto de que lo femenino/materno era esencialmente pasivo. Dios, en cambio, es Acto puro, esencialmente activo. La imagen medieval de Dios como acto puro era, por consiguiente, poderosamente androcéntrica. El poder del Padre Dios se reflejaba en María. En este sentido, a ella eran dirigidos salmos e himnos a la divinidad adaptados a ella. En María contemplaba el pueblo la misericordia, mientras en Dios Padre contemplaba la justicia. Se veía en María la omnipotencia suplicante. Incluso se hablaba de ella como más misericordiosa que su Hijo. Era proclamada reina de la misericordia.

 En María emergía un nuevo principio de redención, de satisfacción, que no era plenamente identificable con el principio cristológico. Ya no en el medioevo, sino en nuestro tiempo, algunos han visto en Jesús la manifestación masculina de Dios Padre, mientras en María han visto su revelación femenina. Otros han interpretado que la mariología ha servido de equilibrio en una teología ausente de pneumatología. María se habría convertido en el sustitutivo del Espíritu Santo. De hecho, a María se le han atribuido no pocas funciones del Espíritu. La propuesta de Leonardo Boff de contemplar a María como hipostáticamente unida al Espíritu Santo (El rostro materno de Dios) revela los pasos zozobrantes de la teología actual para comprender adecuadamente la verdad sobre María. El avance de la cristología y la pneumatología han servido para resituar la mariología en su auténtico ámbito teológico.

 Mucho queda todavía por investigar. La Mujer, puesta en el centro de la historia, se ha convertido en correctivo a las imágenes de lo divino. Ella ha guardado todo aquello que nuestra limitación, nuestra prepotencia, había arrancado a lo divino. La devoción mariana y la teología mariológica son por ello ámbitos en los cuales podemos comprender el misterio santo de Dios con lenguaje y símbolos femeninos.

 María nos proyecta fuera de ella misma, a la trascendencia de Dios, al misterio insondable. La auténtica mariología es aquella que tiene como finalidad «ad maiorem Dei gloriam».

José C.R. García Paredes
Mariología

miércoles, 24 de mayo de 2023

TERESITA... EL CAMINITO

 


La expresión "caminito" o "petit voie" aparece sólo dos veces en los escritos de Teresa (si bien ella la utilizase en la comunicación oral). Y esas dos veces, aparece precisamente cuando la santa refiere en junio de 1887 su gran descubrimiento (que había ocurrido en el otoño de 1884): encontrar "un caminito muy recto y muy corto, un pequeño camino totalmente nuevo", distinto de la "dura escala de la perfección", que ella, retenida en su "pequeñez" y sus "imperfecciones", se halla "demasiado pequeña para subir". Esta nueva senda debe conducir a la "cumbre de la santidad", y consiste en hacerse conducir "como por un ascensor", por "los brazos" de Jesús.

Bajo esas múltiples imágenes, el dinamismo de esta pequeña senda brota de la confianza en la misericordia divina, en el amor salvador y santificante de Dios al que muy pronto Teresa se ofrecerá como víctima, el 9 de junio de 1895.

(Diccionario de Santa Teresa de Lisieux)

jueves, 11 de mayo de 2023

AVISOS DE TERESA DE JESÚS A SUS FRAILES

"Normalmente, la Madre, en sus obras, se dirige a sus monjas. Camino de Perfección es un tratadillo dedicado a instruirlas. En las Fundaciones, su perspectiva se abre a un auditorio mixto de manera explícita en diversos momentos:

«Ahora estamos todos en paz, Calzados y Descalzos. No nos estorba nadie a servir a nuestro Señor. Por eso, hermanos y hermanas mías, pues tan bien ha oído sus oraciones, prisa a servir a Su Majestad» (F 29, 32).

Sin embargo, existe un texto en el que Teresa tiene presentes exclusivamente a los varones de su Orden: los Cuatro avisos a los Padres Descalzos. Se trata de media página que ella insertó pegándola al final del capítulo 27 de las Fundaciones:

«Estando en San José de Ávila, víspera de Pascua del Espíritu Santo, en la ermita de Nazaret, considerando en una grandísima merced que nuestro Señor me había hecho en tal día como éste, veinte años había, poco más o menos, me comenzó un ímpetu y hervor grande de espíritu, que me hizo suspender. En este gran recogimiento entendí de nuestro Señor lo que ahora diré:

Que dijese a estos Padres Descalzos de su parte que procurasen guardar esas cuatro cosas, y que mientras las guardasen siempre iría en más crecimiento esta religión, y cuando en ellas faltasen entendiesen que iban menoscabando de su principio. La primera, que las cabezas estuviesen conformes. La segunda, que aunque tuviesen muchas casas, en cada una hubiese pocos frailes. La tercera, que tratasen poco con seglares, y esto para bien de sus almas. La cuarta, que enseñasen más con obras que con palabras.

Esto fue año de 1579. Y porque es gran verdad, lo firmo de mi nombre».

¿Qué quería decir aquí Teresa de Jesús con esta especie de testamento para sus hijos, los carmelitas descalzos? 
Existe un magnífico comentario a estos avisos, y seguimos aquí las líneas que en él se marcan: Su autor es el P. Tomás Álvarez
«Sobre los “cuatro avisos” de la Santa» en la revista Monte Carmelo 114 (2006) 257-299.

El primero de los avisos es “que las cabezas estuviesen conformes”. “Las cabezas” alude a los responsables del grupo, y que estén “conformes” no significa –como bien subraya el P. Tomás Álvarez– que haya uniformidad, sino más bien que sean concordes, que haya unidad de criterios a la hora de orientar la Orden y de tomar decisiones, ya que ella, aunque fuera la Madre fundadora y líder espiritual, carecía de «poderes fácticos y jurídicos», todos en manos de los varones. Había problemas de jurisdicción, pero también había disensiones internas y celos entre las “cabezas” del grupo. Recordemos, por citar solo un caso, que la Madre Teresa le pide a Jerónimo Gracián que no sepa el P. Antonio cuántas cartas le manda a él, mientras al otro tan pocas, para que no se acrecienten las envidias. Tras la muerte de la santa, desgraciadamente, la rama masculina se vería pronto envuelta en disensiones y rivalidades.

El segundo aviso: “que aunque tuviesen muchas casas, en cada una hubiese pocos religiosos” hace referencia al deseo de Teresa de que en las comunidades masculinas, como ya sucedía en las femeninas, pudiese haber un ambiente familiar. Esta era una propuesta a contracorriente de lo que solían ser la vida religiosa en su tiempo, como se puede comprobar por las palabras de uno de los delatores de la santa ante la inquisición, el dominico Juan de Lorenzana, que se sirvió de este dato para demostrar la falsedad de sus revelaciones. Decía así:

«Este aviso no pudo ser de Dios, porque sabemos por experiencia clara que en las casas de muchos frailes se guarda mejor la religión y constituciones y hay grandísima ventaja en esto a las casas de pocos frailes»¹.

El tercer aviso: «traten poco con seglares, y esto para bien de sus almas». El verbo “tratar”, recordemos que es el mismo que usa la santa para referirse a la oración mental, trato de amistad con quien sabemos nos ama. El P. Tomás Álvarez, al referirse a este punto, trae también a colación esta frase del Libro de la Vida: «Aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo» (Vida 7, 20). Teresa busca fomentar la comunicación en el interior del grupo. Por otro lado, ya había dicho a las monjas en Camino de Perfección: «Que vuestro trato sea siempre ordenado a algún bien de quien hablareis» (C 20, 3-4). Y también había dado esta otra consigna: «procurad ser afables y entender de manera con todas las personas que os trataren, que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y tratar y no se atemoricen y amedrenten de la virtud» (C 41, 7). Viene a recordar a sus descalzos que su interés ha de ir siempre dirigido al bien espiritual de los demás.

Y el último aviso es de una claridad meridiana: «que enseñasen más con obras que con palabras». Es una consigna muy propia de Teresa. A sus monjas, en Camino de Perfección, les había hecho ver que un gesto de humildad, como es dejarse condenar sin culpa, puede cuestionar y ser un «toque de Dios» para quienes lo observan, más que muchas palabras:

«Más levanta una cosa de estas a las veces el alma que diez sermones. Pues todas hemos de procurar de ser predicadoras de obras, pues el Apóstol y nuestra inhabilidad nos quita que lo seamos en las palabras» (C 15, 3-6).

El tema de las obras como fruto de la relación de amistad con Dios lo encontramos también a lo largo de las Moradas. Es en el servicio a hermano necesitado donde se comprobará la calidad y la hondura de la propia vida espiritual:

«Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras» (7M 4, 6).

Tomado del blog "De la rueca a la pluma".
Firmado por MJ

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...