martes, 4 de junio de 2013

PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO...


"Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el Rey, allí dice está la corte; en fin, que adonde está Dios es el Cielo. Sin duda lo podéis creer, que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues miren que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo. Por bajo que hable, está tan cerca que nos oirá; y no hará falta ponerse alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como Padre, pedirle como Padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo no somos dignos de ser sus hijos". 

(Teresa de Jesús, Camino)

PASTORAL DE LA ORACIÓN

"Nuestro contexto latinoamericano, profundamente religioso, nos muestra por doquier las ansias espirituales de una cantidad considerable de creyentes, no siempre canalizadas de la forma más provechosa. En nuestros trabajos pastorales es frecuente encontrarnos con una porción bastante representativa de católicos estables, y hasta muy comprometidos en la pastoral parroquial o miembros de algún movimiento laical, en quienes constatamos dolorosas negligencias en la campo de la oración. Muchos de ellos reconocen con cierto pesar que su oración es muy frágil, que oran poco y malo. A esos cristianos que sucumben fácilmente ante el desaliento, la experiencia de la Santa debe servirles de aliciente para tratar de comprender su propio proceso de la oración".
(Francisco J. Mena, ocd)

lunes, 3 de junio de 2013

UNA CARTA DESDE EL CARMELO UNIDO....



Mensaje de los dos Consejos Generales OCarm-OCD a toda la Familia Carmelitana

Communicationes
AYLESFORD (31-05-2013).- En el año de la Fe, los dos Consejos Generales, OCarm y OCD, hemos peregrinado a Aylesford (Inglaterra), un lugar muy significativo para toda la Familia del Carmelo. Desde aquí, os escribimos esta carta-mensaje en la fiesta de San Simón Stock, desde este antiguo convento carmelita, fundado en el 1242 por algunos peregrinos-ermitaños del Monte Carmelo.

Su regreso de la Tierra Santa a Europa, su paso de la vida eremítica a la vida mendicante, su experiencia de Dios y sobre todo su humilde y fraterna confianza en la Virgen en un tiempo de crisis cultural han sido para nosotros manantial de inspiración para repensar nuestra misión en los tiempos actuales. Este ha sido el asunto al que hemos dedicado gran parte de nuestro trabajo, conducidos por el P. Benito de Marchi, misionero comboniano.

En Aylesford hemos sido huéspedes de la comunidad local de los hermanos OCarm, a los cuales estamos sinceramente agradecidos por su calurosa y atenta acogida. Ha sido un tiempo de oración, de fraternidad y de reflexión, durante el cual hemos vivido también dos significativas experiencias ecuménicas. En primer lugar, celebramos las primeras vísperas del domingo con los hermanos anglicanos en la antigua catedral de Rochester (cuya fundación se remonta al año 604) y después hemos tenido un encuentro en Cambridge con el arzobispo-emérito de Canterbury, Dr. Rowan Williams, teólogo de renombre y excelente conocedor de la espiritualidad de los santos del Carmelo. Estos dos encuentros de oración y de reflexión teológica nos han ayudado a entender que la misión en el día de hoy debe desarrollarse en estrecha colaboración con las demás confesiones cristianas, en una actitud de apertura ecuménica.
De este nuestro peregrinar a las fuentes del Carmelo en Europa ha surgido la humilde convicción de que este tiempo, caracterizado por la globalización, el movimiento en todas las direcciones, la irrupción del «otro», la afirmación del «individuo» y el olvido de Dios, nos pide un nuevo corazón misionero.

Exige un corazón siempre más evangélico y menos seguro de sí. Lo que queremos compartir con los demás no son las visiones del mundo y las actitudes del hombre viejo, sino la humanidad que nos ha sido dada por Dios Padre a través de su Hijo muerto y resucitado e irradiada continuamente por el Espíritu Santo. Rowan Williams, en su apreciada intervención en el último Sínodo de los Obispos, cuando se refirió a santa Edith Stein, llamó a esta humanidad nueva «la humanidad contemplativa». Retomando esta feliz expresión, de sabor típicamente carmelitano, nosotros la hemos entendido en nuestras reflexiones, como una humanidad que se olvida de sí, silenciosa, libre de la búsqueda afanosa de satisfacciones personales y del pretexto de hacer felices a los otros imponiendo nuestras ideas y proyectos. Tal humanidad, dirigida hacia el Padre, es capaz de ver a todos los hombres, especialmente a los pobres, a los marginados y a los sufrientes, con ojos llenos de compasión. Es una humanidad acogedora, dispuesta a iniciar una incesante peregrinación para encontrar, junto a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, el camino que nos introduzca en las entrañas de la vida trinitaria.

Imaginar esta nueva humanidad es imposible para nosotros sin «liberar el carisma para un tiempo nuevo» (P. Benito de Marchi), es decir, liberar todo el potencial contemplativo y misionero de toda la superficialidad, soberbia y egoísmo, que nos impiden ver el amor trinitario y nos cierran en un círculo autorreferencial. Desde un punto de vista positivo, liberar el carisma quiere decir experimentar de manera viva las relaciones trinitarias en la vida fraterna y comunitaria; quiere decir reencontrar la alegría evangélica y gustar el sabor de la unidad y de la sencillez que existen entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, para dar testimonio en cualquier lugar, en todo momento, y en toda situación a la que se nos envíe.

En todo ello nos acompaña María, Madre de Dios y Madre nuestra. Para nosotros, carmelitas, Ella es el modelo humano más sublime de la escucha de la Palabra y de la contemplación del Dios vivo. Ella, contemplativa por excelencia, se acerca a cada uno de nosotros y se hace peregrina del Dios vivo. Nos abraza con su amor materno y fraterno y enciende en nuestros corazones la llama de la Caridad. Pobre y humilde, con el sencillo signo del escapulario protege esta llama en nuestros frágiles cuerpos humanos y la transforma en una gran pasión evangelizadora y misionera. Su discreta, pero elocuente presencia en nuestra vida hace que todos aquellos que vestimos el escapulario seamos llamados a su mismo amor hacia el prójimo. En este sentido y con toda justicia la Virgen del Carmen ha sido llamada «Misionera del pueblo» (Óscar Romero)

Queridos hermanos y hermanas, partimos de Aylesford con una renovada conciencia del don de nuestra vocación y de la misión que ese don conlleva. El Señor Resucitado nos invita a no tener miedo de las dificultades, a no desanimarnos ante las inevitables pruebas y posibles fracasos. Existe en todos nosotros, pequeños y pobres, una fuerza más grande, que ha vencido al mundo. Es la fuerza del amor con la cual el Padre nos ama, es la fuerza de su Palabra y de su Espíritu que nos empuja a ir hacia el mundo, a abrirnos a todos aquellos que el Señor quiera poner en nuestro camino.

Muchos hombres y mujeres nos esperan, esperan que la familia del Carmelo les manifieste la ternura de nuestro Dios. Que el Señor nos ayude a no frustrar su esperanza.

sábado, 1 de junio de 2013

VISIÓN DEL SER HUMANO EN TERESA 1

El tema del hombre está en el centro de las preocupaciones teológicas de hoy. El optimismo antropológico o el pesimismo fundamental marcan las filosofías actuales. Teresa de Jesús no tiene propiamente una antropología teológica. Su experiencia mística y su doctrina espiritual están centradas sobre todo en Dios. Y sin embargo, el tema del hombre no es marginal en sus escritos, pues el Dios que se revela y se entrega lo hace para "formar al hombre". Este, a su vez, se enriquece del don gratuito de Dios.
 El testimonio teresiano en este caso tiene la gracia de ser un manifiesto sobre el hombre, por dos razones: porque la misma Teresa es un ejemplo vivo de una antropología realizada, gracias a su dinamismo, valoración de lo humano, y sentido de plenitud de su vida. Y por otra parte, su doctrina, sobre todo en CASTILLO INTERIOR, es un himno al hombre cristiano, a su vocación y a su destino.
 Así, se puede hacer una lectura antropológica de la doctrina teresiana y del dinamismo que ella indica en la vida espiritual. Por ejemplo,  en las MORADAS, aparecen tres conceptos bíblicos sobre el hombre, asumidos por Teresa:
1. Creados a imagen y semejanza de Dios.
2. Somos morada de Dios, Dios habita en nosotros.
3. Dios se comunica a nosotros, es comunicación.

viernes, 31 de mayo de 2013

SAN JUAN DE LA CRUZ en THOMAS MERTON.

SAN JUAN DE LA CRUZ, según Thomas Merton.
“Cuando en 1538 Juan de Yepes conoció a santa Teresa, él tenía veintiséis años. Había estado cinco años en la Orden Carmelita, pero debido a que sus expectativas de una vida solitaria y contemplativa no iban a ser cumplimentadas bajo una regla atenuada, se estaba preparando para hacerse cartujo. Santa Teresa lo persuadió de que Dios tenía otros planes para él: no debía unirse a una de las órdenes monásticas donde la contemplación era ampliamente una cuestión de oración oral. Él no se había equivocado al hacerse carmelita: todo lo que precisaba hacer era volver al ideal carmelita original y hallaría una abundancia de oportunidades para la comunicación solitaria con Dios, junto con la mortificación que protege la “pureza del corazón” sin la cual ningún hombre puede “ver” a Dios.
A primera vista, el joven fraile carmelita no parecía el tipo de persona con quien se espera construir una orden completamente nueva. Media apenas 1, 55 metros. Tenía una actitud tímida, silenciosa, sensible y, lejos de ser comunicativo, a menudo quedaba tan abstraído que no advertía lo que los demás le decían. Sin embargo, Santa Teresa pronto descubrió que él poseía una sabiduría profunda nacida de la experiencia. Él era tan sensato como ella, y más todavía, tenía pasta de teólogo. Además, contaba con la energía y el coraje de ella, aunque él no estaba a tono con su pintoresco temperamento. Finalmente, como se verificó después, él era un poeta, uno de los más interesantes poetas en una época de genios. No obstante, esto sólo fue evidente más adelante.
El invierno de 1568-69 halló a los tres primeros frailes carmelitas viviendo en una pequeña casa de granja fuera de la aldea llamada Duruelo. Tenían pequeñas celdas en la buhardilla, y en sus horas de contemplación la nieve se filtraba por las resquebrajaduras de las tejas, durante el día predicaban por toda la campiña. Pronto se consolidaron las bases y la reforma tomó cuerpo. Pero bien antes de eso hubo que atravesar la prueba de un serio conflicto. Los inevitables celos de los miembros no reformados de una orden que atravesaba su reforma produjeron numerosos pretextos para entorpecer la obra de Santa Teresa. Como resultado de la tempestuosa elección conventual, Juan de la Cruz fue encarcelado en Toledo, donde fue bastante maltratado durante unos nueve meses. Sin embargo, en este período, escribió tres de sus más grandes poemas, que contenían la doctrina que más adelante se convertiría en tres tomos sobre la oración mística.
Tras una fuga de la prisión que en pocas palabras fue sensacional, San Juan de la Cruz retomó su reforma durante un breve pero fructífero período de trabajo y escritura, en el cual presidió otras nuevas fundaciones. A esta altura, la reforma estaba bastante bien establecida. En 1585, fue adoptado un nuevo sistema de gobierno para los Carmelitas Descalzos, y Juan de la Cruz fue nombrado como consultor del flamante consejo administrativo. El nuevo sistema no había sido diseñado por San Juan. Desde el fallecimiento de Teresa, en 1582, había surgido una nueva generación que comenzó a guiar la reforma según nuevos lineamientos. El espíritu que guió este nuevo despliegue era un banquero genovés converso, Nicolás Doria, que simplemente fue un hombre de acción. Era un asceta rígido y dominador con escaso aprecio por la contemplación, y una vez Santa Teresa comentó secamente a su respecto: “Hay ciertos tipos de santidad que yo no entiendo”.
Doria ya había sacado del medio a uno de los favoritos de Santa Teresa, Jerónimo Gracián. El turno de San Juan de la Cruz llegaría pronto. Tras cinco años como consultor, el santo fue súbitamente despojado de su cargo y destinado México. Pese a ello nunca salió de España. Su salud se deterioró por completo durante el verano de 1591. Fue hospitalizado en un convento cuyo prior disentía con él y no se abstuvo de recordarle el hecho diariamente. Falleció a finales de ese año. Fue canonizado en 1726 y declarado Doctor de la Iglesia 200 años más tarde”.


“Ascenso a la Verdad”, páginas 320-323
Thomas Merton
Ed. Lumen.


SAN JUAN DE LA CRUZ ejerció una influencia particular en TM, en sus concepciones espirituales, sobre todo en la primera etapa de su vida monástica, y su conocimiento de la obra del santo era amplia; en sus libros aparecen también abundantes referencias a este santo, en artículos, y de modo especial  en “Ascenso a la verdad” (1951).

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...