martes, 10 de junio de 2014

EL GRAN BIEN QUE HAY EN LA POBREZA 2


Sigo compartiendo literalmente el capítulo segundo del libro "Camino de Perfección", de santa Teresa. ¿La razón? A las puertas de un  nuevo Capítulo del Comisariato del Caribe OCD, del que soy miembro, ciertas conversaciones e intentos de resumir el período que termina me hace reflexionar en la invitación de Teresa acerca de la pobreza. Me gustaría hacer una reflexión más personal sobre el tema, pero mientras tanto leo este capítulo y lo rumio una vez más....



"4. En ninguna manera se ocupe en esto el pensamiento, os pido por amor de Dios en limosna. Y la más chiquita, cuando esto entendiese alguna vez en esta casa, clame a Su Majestad y acuérdelo a la mayor. Con humildad le diga que va errada; y valo tanto, que poco a poco se va perdiendo la verdadera pobreza. Yo espero en el Señor no será así ni dejará a sus siervas. Y para esto, aunque no sea para más, aproveche esto que me habéis mandado escribir por despertador.

5. Y crean, mis hijas, que para vuestro bien me ha dado el Señor un poquito a entender los bienes que hay en la santa pobreza, y las que lo probaren lo entenderán, quizá no tanto como yo; porque no sólo no había sido pobre de espíritu, aunque lo tenía profesado, sino loca de espíritu. Ello es un bien que todos los bienes del mundo encierra en sí. Es un señorío grande. Digo que es señorear todos los bienes de él otra vez a quien no se le da nada de ellos. ¿Qué se me da a mí de los reyes y señores, si no quiero sus rentas, ni de tenerlos contentos, si un tantito se atraviesa haber de descontentar en algo por ellos a Dios? ¿Ni qué se me da de sus honras, si tengo entendido en lo que está ser muy honrado un pobre, que es en ser verdaderamente pobre?

6. Tengo para mí que honras y dineros casi siempre andan juntos, y que quien quiere honra no aborrece dineros, y que quien los aborrece que se le da poco de honra. Entiéndase bien esto, que me parece que esto de honra siempre trae consigo algún interés de rentas o dineros; porque por maravilla hay honrado en el mundo si es pobre; antes, aunque lo sea en sí, le tienen en poco. La verdadera pobreza trae una honraza consigo que no hay quien la sufra; la pobreza que es tomada por solo Dios, digo, no ha menester contentar a nadie, sino a él. Y es cosa muy cierta, en no habiendo menester a nadie, tener muchos amigos. Yo lo tengo bien visto por experiencia.

7. Porque hay tanto escrito de esta virtud que no lo sabré yo entender, cuánto más decir, y por no la agraviar en loarla yo, no digo más de ella. Sólo he dicho lo que he visto por experiencia, y yo confieso que he ido tan embebida, que no me he entendido hasta ahora. Mas, pues está dicho, por amor del Señor, pues son nuestras armas la santa pobreza y lo que al principio de la fundación de nuestra Orden tanto se estimaba y guardaba en nuestros santos Padres (que) me ha dicho quien la sabe, que de un día para otro no guardaban nada), ya que en tanta perfección en lo exterior no se guarde, en lo interior procuremos tenerla. Dos horas son de vida, grandísimo el premio; y cuando no hubiera ninguno sino cumplir lo que nos aconsejó el Señor, era grande la paga imitar en algo a Su Majestad".

sábado, 7 de junio de 2014

EL GRAN BIEN QUE HAY EN LA POBREZA

"1. No piensen, hermanas mías, que por no andar contentando a los del mundo les ha de faltar de comer, yo se lo aseguro. Jamás por artificios humanos pretendan sustentarse, que morirán de hambre, y con razón. Los ojos en vuestro esposo; él les ha de sustentar. Contento él, aunque no quieran, les darán de comer los menos vuestros devotos, como lo habéis visto por experiencia. Si haciendo vosotras esto murieran de hambre, ¡bienaventuradas las monjas de San José! Esto no se les olvide, por amor del Señor. Pues dejáis la renta, dejad el cuidado de la comida; si no, todo va perdido. Los que quiere el Señor que la tengan, tengan enhorabuena esos cuidados, que es mucha razón, pues es su llamamiento; mas nosotras, hermanas, es disparate.

2. Cuidado de rentas ajenas, me parece a mí sería estar pensando en lo que los otros gozan. Sí, que por vuestro cuidado no muda el otro su pensamiento ni se le pone deseo de dar limosna. Dejad ese cuidado a quien los puede mover a todos, que es el Señor de las rentas y de los renteros. Por su mandamiento venimos aquí; verdaderas son sus palabras; no pueden faltar; antes faltarán los cielos y la tierra. No le faltemos nosotras, que no hayáis miedo que falte. Y si alguna vez os faltare, será para mayor bien, como faltaban las vidas a los santos cuando los mataban por el Señor, y era para aumentarles la gloria por el martirio. Buen trueco sería acabar presto con todo y gozar de la hartura perdurable.

3. Mirad, hermanas, que va mucho en esto muerta yo, que para esto os lo dejo escrito; que mientras yo viviere os lo acordaré, que por experiencia veo la gran ganancia: cuando menos hay, más descuidada estoy, y sabe el Señor que, a mi parecer, me da más pena cuando mucho sobra que cuando nos falta. No sé si lo hace como ya tengo visto nos lo da luego el Señor. Sería engañar el mundo otra cosa, hacernos pobres no lo siendo de espíritu, sino en lo exterior. Conciencia se me haría, a manera de decir, y parecerme sería como pedir limosna las ricas, y quiera Dios no sea así, que adonde hay estos cuidados demasiados de que den, una vez u otra se irán por la costumbre, o podrían ir y pedir lo que no han menester, por ventura a quien tiene más necesidad. Y aunque ellos no pueden perder nada sino ganar, nosotras perderíamos. No plega a Dios, mis hijas. Cuando esto hubiera de ser, más quisiera tuvierais renta".

santa Teresa de Jesús
"Camino de perfección"
Capítulo segundo

viernes, 6 de junio de 2014

TERESA INTERCEDE POR LOS FRAILES

 
En esta larga y sentida carta,santa Teresa, como verdadera madre, defiende a los frailes carmelitas descalzos frente al General de la Orden del Carmen,el P. Rubeo. Los enemigos de la reforma han inventado calumnias, por lo que Teresa, como intermediaria o “medianera” busca conciliar por medio del diálogo y la explicación por carta. Como verdadera hija del P. General, está dispuesta a obedecer, aunque por ello deba poner un alto a las fundaciones. Pero también es fiel a la verdad y su conciencia le exige comunicarla. Para mover el corazón del Superior General evoca la figura de un padre: seguramente al crecer todos nos hemos equivocado, pero el amor paterno es más fuerte que el error. Dios Padre está siempre dispuesto a acogernos, a darnos una nueva oportunidad; no condiciona el amor.

(Tomado de: Amigos de Teresa)

jueves, 5 de junio de 2014

TERESA EN PENTECOSTÉS

En la liturgia y el léxico teresiano, Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo o la “Pascua del Espíritu Santo”. Para Teresa son tres las Pascuas: Resurrección, Pentecostés y Navidad. La santa celebra cada año con especial intensidad la fiesta del Espíritu Santo y su octava. Y si revisamos su itinerario interior, encontramos tres momentos importantes vinculados a esta fecha:
En primer lugar, lo que narra Teresa en Vida 38, 9, y que compartimos a continuación: 

“Estaba un día, víspera del Espíritu Santo, después de misa. Fuime a una parte bien apartada, adonde yo rezaba muchas veces, y comencé a leer en un Cartujano esta fiesta. Y leyendo las señales que han de tener los que comienzan y aprovechan y los perfectos, para entender está con ellos el Espíritu Santo, leídos estos tres estados, parecióme, por la bondad de Dios, que no dejaba de estar conmigo, a lo que yo podía entender. Estándole alabando y acordándome de otra vez que lo había leído, que estaba bien falta de todo aquello, que lo veía yo muy bien, así como ahora entendía lo contrario de mí, y así conocí era merced grande la que el Señor me había hecho. Y así comencé a considerar el lugar que tenía en el infierno merecido por mis pecados, y daba muchos loores a Dios, porque no me parecía conocía mi alma según la veía trocada. Estando en esta consideración, diome un ímpetu grande, sin entender yo la ocasión. Parecía que el alma se me quería salir del cuerpo, porque no cabía en ella ni se hallaba capaz de esperar tanto bien. Era ímpetu tan excesivo, que no me podía valer y, a mi parecer, diferente de otras veces, ni entendía qué había el alma, ni qué quería, que tan alterada estaba. Arriméme, que aun sentada no podía estar, porque la fuerza natural me faltaba toda.
Estando en esto, veo sobre mi cabeza una paloma, bien diferente de las de acá, porque no tenía estas plumas, sino las alas de unas conchicas que echaban de sí gran resplandor. Era grande más que paloma. Paréceme que oía el ruido que hacía con las alas. Estaría aleando espacio de un avemaría. Ya el alma estaba de tal suerte, que, perdiéndose a sí de sí, la perdió de vista.
Sosegóse el espíritu con tan buen huésped, que, según mi parecer, la merced tan maravillosa le debía de desasosegar y espantar; y como comenzó a gozarla, quitósele el miedo y comenzó la quietud con el gozo, quedando en arrobamiento.
Fue grandísima la gloria de este arrobamiento. Quedé lo más de la Pascua tan embobada y tonta, que no sabía qué me hacer, ni cómo cabía en mí tan gran favor y merced. No oía ni veía, a manera de decir, con gran gozo interior. Desde aquel día entendí quedar con grandísimo aprovechamiento en más subido amor de Dios y las virtudes muy más fortalecidas. Sea bendito y alabado por siempre, amén”. (Vida 38, 9-11)

El segundo momento importante en la vida de Teresa, aparece narrado en sus Relaciones (67), y ocurrió años más tarde que la primera, una víspera del Espíritu Santo, en la ermita de Nazaret de San José de Ávila. Fue en esta ocasión en la que, suspendido el Espíritu, recibe Teresa sus célebres “cuatro avisos a los Padres Descalzos”.

Finalmente, en una fecha intermedia a las dos anteriores, hay una tercera experiencia vinculada a Pentecostés, “segundo día de la Pascua del Espíritu Santo”, después de oír misa; Teresa, por inspiración, hace voto de obedecer en todo al P.Gracián, a pesar de la enorme resistencia que sentía interiormente. Era un 23 de mayo de 1575.

(Ideas tomas del "Diccionario de santa Teresa de Jesús", artículo de Tomás Álvarez".

martes, 3 de junio de 2014

TERESA, PELEANDO ENTRE DOS AGUAS....

Seguimos leyendo el capítulo 8 de VIDA: 
Teresa anima a todos a no rendirse ante las dificultades que encuentran cuando deciden emprender el camino de la oración. Ella pone como ejemplo su propia persona, y pregunta: 

"Pues si a cosa tan ruin como yo tanto tiempo sufrió el Señor, y se ve claro que por aquí se remediaron todos mis males, ¿qué persona, por malo que sea, podrá temer? Porque por mucho que lo sea, no lo será tantos años después de haber recibido tantas mercedes del Señor. Ni ¿quién podrá desconfiar, pues a mí tanto me sufrió, sólo porque deseaba y procuraba algún lugar y tiempo para que estuviese conmigo, y esto muchas veces sin voluntad, por gran fuerza que me hacía o me la hacía el mismo Señor? Pues si a los que no le sirven sino que le ofenden les está tan bien la oración y les es tan necesaria, y no puede nadie hallar con verdad daño que pueda hacer, que no fuera mayor el no tenerla, los que sirven a Dios y le quieren servir ¿por qué lo han de dejar? Por cierto, si no es por pasar con más trabajo los trabajos de la vida, yo no lo puedo entender, y por cerrar a Dios la puerta para que en ella no les dé contento". (8, 8)

"Para estas mercedes tan grandes que me ha hecho a mí, es la puerta la oración. Cerrada ésta, no sé cómo las hará; porque, aunque quiera entrar a regalarse con un alma y regalarla, no hay por dónde, que la quiere sola y limpia y con gana de recibirlos. Si le ponemos muchos tropiezos y no ponemos nada en quitarlos, ¿cómo ha de venir a nosotros? ¡Y queremos nos haga Dios grandes mercedes!". (8, 9)

Teresa advierte ademas , que debemos guardarnos de las ocasiones de pecado, pues trabaja mucho el demonio para sacarnos de este camino.

"Tantos enemigos nos combaten y tantas flaquezas hay en nosotros para defendernos" 
(8, 10).
Teresa, a la par que nos habla encarecidamente de la oración y de lo que pudo en ella, y puede en todos los que deciden andar por este camino, nos describe su vida en aquellos tiempos, "la cautividad que en estos tiempos traía mi alma", y recuerda:

"De hablar de Dios u oír de El casi nunca me cansaba, y esto después que comencé oración. Por un cabo tenía gran consuelo en los sermones, por otro me atormentaba, porque allí entendía yo que no era la que había de ser...". (8, 12)

Y entre intentos y súplicas, poco a poco fue entendiendo la razón de su incapacidad para entregarse definitiva y totalmente a Dios: Debía faltar de no poner en todo la confianza en su majestad y perderla de todo punto en mí.
La experiencia de esta mujer es la experiencia de todos nosotros, la lucha entre verdad y mentira, entre bien y mal, entre luz y tinieblas, entre exterioridad e interioridad, entre hombre nuevo y hombre viejo. Es el camino ascendente hacia el monte de la perfección. Es el sendero de la santidad, que no se conquista con las armas del mundo, sino que se recibe de Dios gratuitamente. Teresa está aquí redescubriéndose a sí misma, y redescubriendo a Dios. Comprende finalmente su incapacidad para salir a flote, y se abandona en fe a las aguas tumultuosas, para sentir entonces la mano amiga de Jesús que le viene a decir: Yo soy la Vida.


"Buscaba remedio; hacía diligencias; mas no debía entender que todo aprovecha poco si, quitada de todo punto la confianza de nosotros, no la ponemos en Dios. Deseaba vivir, que bien entendía que no vivía, sino que peleaba con una sombra de muerte, y no había quien me diese vida, y no la podía yo tomar; y quien me la podía dar tenía razón de no socorrerme, pues tantas veces me había tornado a Sí y yo dejádole" (8, 12)

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...