viernes, 2 de octubre de 2020

TERESA DE LISIEUX: EL CAMINO DE LA CONFIANZA

 


Comienza Octubre con la fiesta litúrgica de Teresa de Lisieux, y quiero recordar algunas ideas suyas, tomadas de sus cartas; los santos hablan en el lenguaje de su tiempo y experiencia, nos toca a nosotros reinterpretarlos para nuestro aquí y ahora:

 "No creamos poder amar sin sufrir, sin sufrir mucho. Nuestra pobre naturaleza está ahí, y está para algo. Ella es nuestra riqueza, nuestro instrumento de trabajo, nuestro medio de vida. Es tan preciosa, que Jesús vino a la tierra expresamente para poseerla" (Carta 65, a su hermana Celina, 26 de abril de 1889). Luego, más adelante, afirma: "La santidad no consiste en decir grandes cosas, ni siquiera en pensarlas, ni en sentirlas: consiste en aceptar el sufrimiento". ¿Hace la santa una apología del sufrir? A menudo en la espiritualidad cristiana hemos insistido tanto en el sufrimiento (que no en la alegría) como si fuera un fin, y no solo un medio para alcanzar a Dios y su plenitud. Creo que Teresita habla de ACEPTAR, de abrazar nuestra humanidad, en la que inevitablemente hay dolor e imperfección, y hacerlo desde la fuerza interior que nos da la fe. Por cada momento de dolor, de sufrir, aportar nosotros un acto de amor, de confianza, en Dios. 


 El 16 de julio de 1894 escribe Teresita a una amiga: "Pasaron, pues, para nosotras dos los días benditos de la infancia. Estamos ahora en lo serio de la vida. El camino que seguimos es muy diferente, sin embargo, el término es el mismo. No debemos tener ambas sino un mismo fin: santificarnos en el camino que Dios nos ha trazado". Y luego: "Qué bella es nuestra religión. En lugar de encoger nuestros corazones (como cree el mundo), los eleva y ensancha y los hace capaces de amar, de amar con un amor casi infinito, puesto que ha de continuar después de esta vida mortal..." (carta # 145). El camino de la vida es aventura y batalla, medio de transformación, para alcanzar la madurez en Cristo; esto solo es posible mediante la CONFIANZA absoluta en el amor de Dios, que es infinito, gratuito e incondicional.

Acerca de ese misterio hermoso que es la COMUNIÓN DE LOS SANTOS, escribe Teresita al Abate Belliere, a quien tenía como hermano espiritual: "Creo que los bienaventurados tienen una gran compasión de nuestras miserias; se acuerdan de que siendo como nosotros, frágiles y mortales, cometieron las mismas faltas, sostuvieron los mismos combates, y su ternura fraternal se hace más grande de lo que lo era en la tierra, por eso no cesan de protegernos y de rogar por nosotros" (Carta # 235). Los santos, esos cristianos que nos han precedido en la fe, y que la Iglesia nos propone como modelos e intercesores, son nuestros compañeros de camino; no están ahí simplemente para conceder milagros, sino para animar, sostener, compartir los esfuerzos cotidianos por crecer en Cristo. 

EN EL DÍA DE LA FIESTA:  "He aquí lo que pienso de la justicia de Dios: mi camino es todo de confianza y de amor, no comprendo a las almas que tienen miedo de tan tierno Amigo. A veces, cuando leo ciertos tratados espirituales en los que la perfección viene presentada a través de mil intrincadas dificultades, rodeada de una multitud de ilusiones, mi pobre espíritu se fatiga pronto, cierro el docto libro que me rompe la cabeza y me deseca el corazón, y tomo en mis manos la Escritura Santa. Entonces todo me parece luminoso, una sola palabra descubre a mi alma horizontes infinitos, la perfección se me hace fácil; veo que basta reconocer la propia nada y abandonarse como niño en los brazos de Dios" (Carta # 203, de Teresita al Abate Belliere, mayo de 1887).

martes, 29 de septiembre de 2020

MIRADAS AL "CÁNTICO"... (5)

 A partir de la canción cuarta de CÁNTICO la realidad se vuelve clara y elocuente, enviando mensajes de la presencia y hermosura de Dios. Todo se convierte en mediación, ascendente y descendente, entre Dios y el hombre. Las estrofas están agrupadas en tres bloques: pregunta primero a las criaturas irracionales para quedar el alma insatisfecha (estrofas 4-6); pregunta luego a las criaturas racionales con una mayor insatisfacción (estrofas 7-8); pregunta e interpela directamente al Amado, el único que puede dar razón de sí (estrofas 9-12). 

En la entrada anterior comentamos las canciones 4 y 5; recordemos algunas ideas del santo:

"El alma mucho se mueve al amor de su Amado Dios por la consideración de las criaturas, viendo que son cosas que por su propia mano fueron hechas" (4,3). 

"Las criaturas son como rastro del paso de Dios, por el cual se rastrea su grandeza, potencia y sabiduría y otras virtudes divinas" (5,3).

 Queda claro pues, que en lo creado podemos ver el rastro de Dios, pues las criaturas están vestidas de hermosura y dignidad, ya que Dios las miró todas en su Hijo. En la contemplación de lo creado, vemos a Dios, y crece el anhelo en el alma por el Creador: "Cuanto más el alma conoce a Dios, tanto más le crece el apetito y pena por verle" (6,2). 


¡Ay, quién podrá sanarme! 
Acaba de entregarte ya de vero; 
no quieras enviarme de hoy más ya mensajero, 
que no saben decirme lo que quiero.

Las criaturas despiertan el deseo de la esposa porque le hablan del Amado, pero no son Él; por eso la canción reclama la presencia directa y ya no a través de mensajeros, de mediaciones.  Es que se ha despertado un amor que no se contenta con menos que Dios mismo; esto supone pasar a una etapa nueva en el camino espiritual, es una noche del deseo y el paso al predominio de la vida teologal. Un anhelo de plenitud que no puede saciarse nunca, y que pone a la persona en un nivel nuevo de existencia. No es que se desentienda de la realidad, es que tiene una libertad nueva frente a todo; frente a las cosas, frente a las criaturas, también frente a las mediaciones religiosas. 

 "Todo lo que de Dios en esta vida se puede conocer, por mucho que sea, no es conocimiento de veras" (6,5). 

Pasamos ahora a la canción 7: ahora ya no son las criaturas irracionales las que dejan al alma llagada, sino también las racionales: ángeles y hombres. Porque al contemplarlos, es tan grande la inmensidad que descubre, que muere de amor. 

Y todos cuantos vagan 
de ti me van mil gracias refiriendo, 
y todos más me llagan, y déjame muriendo 
un no sé qué que quedan balbuciendo.

Habla el texto de tres maneras de penar por el Amado: herida, llaga y muerte; la primera es breve y pasa pronto; la segunda, dura más; en la tercera, la llaga se hace fístula, permanente. "La cuál vive muriendo hasta que, matándola de amor, la haga vivir vida de amor, transformándola en amor" (7,4). No muere, pero vive muriendo, y a eso llama "un no sé qué...". 


En la canción 8, "el alma va adelante con su querella y habla con la vida de su alma", y le dice:

Mas ¿cómo perseveras, 
¡oh vida!, no viviendo donde vives, 
y haciendo porque mueras 
las flechas que recibes 
de lo que del Amado en ti concibes?

 En el comentario del santo a esta canción aparecen algunas ideas que deben ser contextualizadas: el lugar del cuerpo y de la vida terrena , que aquí parecen por momentos ser minusvalorados, desde un contexto histórico y espiritual muy diferente al nuestro. Por ejemplo, en el #1, el alma se queja de la duración de la vida temporal, y parece contraponer vida corporal y vida espiritual. Contraposición dualista también entre alma y cuerpo (cárcel del alma, según esa visión). En el #3 de nuevo, habla de dos contrarios: vida natural en el cuerpo y vida espiritual en Dios (Son contrarios entre sí, por cuanto repugna el uno al otro); en uno el alma pena, con tormento, y en otro reposa, que es vida sabrosa. 

En realidad es el "hombre viejo" el que ha de morir, para que nazca y crezca Cristo en nosotros. 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

MIRADAS AL "CÁNTICO"...( 4)

 Conocimiento propio, y luego consideración y conocimiento de las criaturas; por ahí empieza el conocimiento de Dios... "Vestidos los dejó de su hermosura".

Las tres primeras estrofas del poema han cantado el ansia de la esposa en pos del Amado; la fuerza interior que le hace salir de sí, y ponerse en camino. Ahora, hasta la estrofa 10, el amor se hace interpelación. Ya sabe de antemano que sólo Él podrá serle suficiente, pero el mundo es Suyo, tiene algo de Él. También  interpelar, dialogar con las criaturas, le permite al alma un momento de reposo en su búsqueda. Puede hablar de Él, encontrar sus huellas. Busca al Creador en las criaturas, al Absoluto en lo relativo; ahora puede mirar más allá de lo inmediato, y no quedarse en la superficie de lo que mira, sino vislumbrar en la pequeña luz de las criaturas la Luz que les hace ser. 


¡Oh bosques y espesuras, 
plantadas por la mano del Amado! 
¡Oh prado de verduras, de flores esmaltado!
 Decid si por vosotros ha pasado. 

Mil gracias derramando 
pasó por estos sotos con presura, 
y, yéndolos mirando, con sola su figura
 vestidos los dejó de hermosura.

Una primera mirada al mundo es englobante, dilatada, abarcadora: admira su belleza y rastrea desde lejos la presencia del Amado; luego, se detiene en lo concreto, en solitario por los bosques, para mirar los detalles, las flores, y hablar de Él, anticipando el encuentro futuro. 

(Estaría bien volver a leer las primeras páginas bíblicas, el primer relato de la creación, y escuchar la voz que dice una y otra vez: Y vio que era bueno...)

Al trascender la finitud, en la mirada amorosa contemplativa, en la búsqueda enamorada del Único,recobramos la mirada limpia para contemplar la creación. Así, la reconciliación con el cosmos viene a ser el fruto consumado de la purificación y, a la vez, el test primero de que nuestra búsqueda es auténtica. 

 A la luz de la fe, el amor cristiano percibe el mundo como Obra admirable de Dios, lleno de belleza en su riqueza y variedad; desde las cosas va al creador, le mueven a la alabanza. La fe madura, desde la experiencia del Amor, percibe en la creación, más hondamente, los atributos de Dios, como huellas que va dejando a su paso el Creador.  

El contemplativo ve el mundo como el espacio de la Encarnación de Aquel por quien y para quien fueron creadas todas las cosas. La Encarnación del Hijo, su humanidad, ha elevado al mundo a reflejo de la dignidad y hermosura del Hijo, pues  el Padre ha querido que sea a través de su Humanidad donde se nos manifieste plena y definitivamente. 

Eso sí, como dice el Santo, su Presencia será "de paso y con prisa"; es decir, son mediaciones en las que nos detenemos solo lo necesario, pues, por hermosas que sean, nuestra meta está más allá.

Leamos despacio las estrofas del poema y el comentario del Santo, y dejemos que sus intuiciones se hagan nuestras, y despierten nuestra propia visión...


jueves, 17 de septiembre de 2020

MIRADAS AL "CÁNTICO"... (3)


  Seguimos leyendo el CÁNTICO de San Juan de la Cruz; lectura pausada, personal, no para descubrir profundidades literarias o teológicas, sino para escuchar al Espíritu, que nos habla en el testimonio, existencial o escrito, de quienes nos han precedido en la fe. Leemos el poema, cada canción de modo particular, e incluso escuchamos algunas versiones musicalizadas; y todo ello nos ayuda a interiorizar el mensaje, sirviéndonos de los comentarios del santo.

Ya hemos visto las tres primeras canciones: la primera, habla de búsqueda y de pérdida; la segunda, de acudir a mediaciones (pastores) para preguntar por el Amado; la tercera, es el momento ascético del poema, virtudes y renuncias.  De estas dos últimas canciones seguimos comentamos aquí:

Pastores, los que fuerdes

allá por las majadas al otero,

si por ventura vierdes

aquel que yo más quiero,

decilde que adolezco, peno y muero.

 San Juan de la Cruz presenta la segunda canción de este modo: “En esta canción el alma se quiere aprovechar de terceros y medianeros para con su Amado, pidiéndoles le den parte de su dolor y pena; porque propiedad es del amante, ya que por la

presencia no pueda comunicarse con el amado, de hacerlo con los mejores medios que puede; y así, el alma, de sus deseos, afectos y gemidos se quiere aquí aprovechar como de mensajeros que tan bien saben manifestar lo secreto del corazón a su Amado”. A esos mediadores les llama “pastores”, refiriéndose a sus propios deseos, afectos y gemidos, y también a los ángeles o mensajeros, que sirven de enlace entre nosotros y Dios. En este comunicar, advierte, ha de estar presente el “verdadero amor”. No se trata de manera formales que botan del mero cumplimiento, ni de un arrebato momentáneo: la búsqueda del Amado es un largo camino, de toda la vida, de la vida real, para que madure y sazone el amor.

 Advierte que, aunque a veces no nos lo parece, Dios acude siempre en el momento oportuno, y que la aparente demora no ha de acobardarnos; señal de amor verdadero es que el alma adolece, pena y muere por su amado. Estas tres realidades, refieren a las tres potencias del alma: entendimiento, voluntad y memoria. Luego las refiere también a las tres virtudes teologales: fe, caridad y esperanza.

 En fin, dice: “Es de notar que el alma en el dicho verso no hace más que representar su necesidad y pena al Amado; porque el que discretamente ama no cura (cuida) de pedir lo que le falta y desea, sino de representar su necesidad para que el Amado haga lo que fuere servido… Y esto por tres cosas: la primera, porque mejor sabe el Señor lo que nos conviene que nosotros; la segunda, porque más se compadece el Amado viendo la necesidad del que le ama y su resignación; la tercera, porque más seguridad lleva el alma acerca del amor propio y propiedad en representar la falta, que en pedir a su parecer lo que le falta. Ni más ni menos hace ahora el alma representando sus tres necesidades, y es como si dijera: decid a mi Amado que, pues adolezco, y él solo es mi salud, que me dé mi salud; y que, pues peno, y él solo es mi gozo, que me dé mi gozo; y que, pues muero, y él solo es mi vida, que me dé mi vida”.

 La tercera canción dice así:

Buscando mis amores,

iré por esos montes y riberas;

ni cogeré las flores,

ni temeré las fieras,

y pasaré los fuertes y fronteras.

Pero al alma no le bastan gemidos y oraciones, ni mediación de terceros, sino que tiene que hacer las diligencias de su parte que le corresponden; “porque el alma que de veras a Dios ama, no empereza hacer cuanto puede por hallar al Hijo de Dios, su Amado; y aun después que lo ha hecho todo, no se satisface ni piensa que ha hecho nada”. Así pues, aquí aparece el modo en que esa alma, transida de amor, ha de buscar al Amado, y es de dos maneras: ejercitándose en virtudes y ejercicios espirituales de la vida activa y contemplativa. Como antes dije, esta es la estrofa ascética del poema, que no desentona para nada, porque nada hay más exigente y radical que el amor.

Porque, la persona ha de salir de sí, obrar lo que le corresponde, determinada a salir de sus gustos, consuelos y quereres inútiles, con tal de tener consigo a Dios. Porque, “el que busca a Dios, queriéndose estar en su gusto y descanso, de noche le busca, y así no le hallará”.

En ese salir, buscando mis amores, ha de ir por montes (virtudes) y riberas (mortificaciones), procurando tener un corazón desnudo y fuerte; por ello, ni cogeré las flores, ni temeré las fieras. Por flores entiende los gustos, contentamientos y deleites de esta vida (temporales, sensuales y espirituales), pues si se queda en ellos con apego pueden ocupar el corazón, quitarle libertad, impedirle avanzar. Advierte el santo que: “no sólo los bienes temporales y deleites corporales impiden y contradicen el camino de Dios, mas también los consuelos y deleites espirituales, si se tienen con propiedad o se buscan, impiden el camino de la cruz del Esposo Cristo”.

Pero también habla de fieras, fuertes y fronteras, a los que no hay que temer; aquí refiere a los famosos tres enemigos del alma: mundo, demonio y carne.  San Juan de la Cruz ha escrito sobre ellos en sus CAUTELAS y AVISOS A UN RELIGIOSO, pueden acudir a esos textos para entender a lo que se refiere, y leer en este propio texto las explicaciones referidas a estos tres términos.

 En resumen: que el alma para salir a buscar a su Amado, necesita constancia y valor para no detenerse y bajarse a coger las flores, y ánimo y valor para no temer las fieras, y fortaleza interior para pasar los fuertes y fronteras; entiendo que ha de ir por los montes y riberas de virtudes y purificaciones.

 Para entender adecuadamente lo anterior, recordar: 

1. Que se trata de un camino de amor lo que se nos propone; si no fuera el amor lo que nos impulsa, no entenderíamos ni sería posible asumir todas estas exigencias. 

2. Que el santo asume el seguimiento con radicalidad: sí o no, blanco o negro; pero que entre ambos extremos hay un proceso, una gradualidad, una progresión.  

3. Que Dios no actúa según nosotros, sino según Él, y por eso nos acompaña siempre, aun escondido, en esta búsqueda.  No es un camino que hacemos solos.

4. Que no se trata de dar la espalda al mundo, a la realidad, sino de ser libres, frente a dependencias de toda índole que nos lastran; para subir alto, necesitamos un equipaje ligero. 

En las propuestas de nuestro santo, propias de un religioso de talante contemplativo, y en un contexto diferente al nuestro, puede faltar la dimensión social de la fe, y esa tenemos que añadírsela nosotros.

Sigamos leyendo…

lunes, 7 de septiembre de 2020

SALÍ TRAS TI CLAMANDO...

"Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo, ni mi intento será tal, sino sólo dar alguna luz en general, pues V. R. así lo ha querido. Y esto tengo por mejor, porque los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu, que abreviarlos a un sentido a que no se acomode todo paladar. Y así, aunque en alguna manera se declaran, no hay para qué atarse a la declaración; porque la sabiduría mística (la cual es por amor, de que las presentes canciones tratan) no ha menester distintamente entenderse para hacer efecto de amor y afición en el alma...".
San Juan de la Cruz
Cántico B, prólogo 2

Ya lo dice el santo: el poema contiene ya los dichos de sabiduría mística en toda su anchura; comentarlos es abreviarlos, empobrecerlos. Así parece el santo desacreditar su propia obra de comentador: lo que dirá allí no corresponde a la realidad, es un fracaso previsto. No obstante, y aunque el comentario  no es ni sombra del poema, nos acercamos a él con la certeza de que algo nos alumbrará Juan de la Cruz con sus reflexiones, que mucho de su propia experiencia espiritual tendrán.

"La primera estrofa: A dónde te escondiste, la canta un alma llena de heridas místicas, pidiendo gloria a las claras, según el comentarista. Pero cada uno de nosotros siente que, repitiéndola desde las ansias más pobres y turbias de la propia existencia (sin llagas místicas), la canción expresa con total fidelidad lo que pensamos, sentimos, anhelamos. Como si la hubiera compuesto para la situación personal de cada uno" (Federico Ruiz). 

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...