miércoles, 29 de julio de 2020

UNA TRANSFORMACIÒN EN CRISTO (TERESA DE LISIEUX)

El P. Thomas Keating, monje cisterciense ya fallecido, reconocido internacionalmente por su labor a favor de la vida contemplativa, escribiò un pequeño folleto de menos de cien pàginas sobre Teresa de Lisieux; de este texto tomamos algunos fragmentos para trabajarlos hoy en nuestro Cìrculo de lectura:


La Vida de Santa Teresita del Niño Jesús

 Teresita Martin nació en Alencón, Francia, el jueves, 2 de enero de 1873. Pertenecía a una familia de nueve hermanos, de los cuales solamente sobrevivieron cinco mujeres. Su padre, Luis, era relojero y orfebre, y su madre, Zelie, llevaba un taller de encajes (eran famosos los tejidos de Alencòn). Antes de casarse, los dos habían planeado ingresar a la vida religiosa (se casaron a una edad tardìa, a insistencia de sus familias). 

Teresita perdió a su amada madre en 1877, víctima de cáncer de seno y, según ella misma relata, creció llegando a ser una niña de una voluntad fuerte y un tanto mimada. Cuando tenía nueve años, en 1882, su “segunda mamá”, su hermana mayor Paulina, entró al Carmelo de Lisieux, dejando a Teresita sola de nuevo. Teresita, siempre enfermiza y frágil, fue sanada de una enfermedad grave cuando tenía diez años mediante una visión de la sonrisa de la Santísima Virgen María. En 1886, María, la hermana de Teresita se unió también al Carmelo de Lisieux (su hermana Leona, entraría màs tarde al convento de las Clarisas). Teresita empezó a sentir ella misma el llamado y al año siguiente recibió el permiso de su padre para entrar al Carmelo.


Sin embargo, antes de poder entrar al Carmelo, tenía que superar muchos obstáculos. La superiora del convento Carmelita se negó a aceptar a Teresita en la orden por ser tan joven. Teresita llevó el asunto al obispo local, quien igualmente rechazó el permiso. Finalmente, Teresita, su hermana Celina y su padre, emprendieron una peregrinación a Roma, donde Teresita pudo obtener una audiencia con el Papa León XIII y le rogó que le permitiera ingresar a las carmelitas. El Papa se impresionó con su valentía y espíritu, pero prefiriò no intervenir, refiriendo a Teresita a la superiora del convento de Lisieux. Teresita ingresó finalmente al Carmelo de Lisieux el 9 de abril de 1888, a la edad de quince años. 

 Poco despuès de la entrada de Teresa, su padre sufrió una serie de ataques cerebrales que destruyeron su salud mental y física, y en 1892 Luis Martín regresó de Caen, inválido, y viviendo en la casa de la familia de su difunta esposa. (Moriría el 29 de julio de 1894, cuidado por Celina, su cuarta hija, que acabarà luego entrando tambièn al convento)).

  Teresita hizo la profesión de sus votos perpetuos en septiembre de 1890. En 1893, se le permitió permanecer en el noviciado, donde escribió su primera obra (sobre Juana de Arco) en enero de 1894. En septiembre, su hermana Celina entró al Carmelo de Lisieux y un año más tarde le siguió su prima María Guérin. Durante este período, Teresita (comenzó a escribir los recuerdos de su vida y experiencia en el Carmelo, que màs tarde serìan publicados bajo el tìtulo deHistoria de un Alma

En abril de 1896 sufriò su primera hemoptisis, y cayó seriamente enferma alrededor de la misma época un año más tarde. La transfirieron a la enfermería del monasterio el 8 de julio de 1897. Murió el jueves, 30 de septiembre y fue sepultada en el cementerio de Lisieux. 

Un año después de su muerte, se imprimieron dos mil copias de la Historia de un Alma y el libro cobró popularidad inmediatamente. Teresita fue beatificada por Pío XI en 1923 y canonizada dos años después. En 1980, Juan Pablo II hizo un peregrinaje a Lisieux y más adelante la declaró Doctora de la Iglesia. 

***
Desde mi punto de vista, Santa Teresita es la figura clave en la recuperación de la dimensión contemplativa del Evangelio en nuestros tiempos, un proceso que se necesita desesperadamente en la comunidad cristiana y que solamente está recién empezando a echar raíces. Teresita manifiesta una penetración extraordinaria en el corazón de las enseñanzas de Jesús sobre el Reino de Dios, así como un programa preciso para extenderlo a la vida cotidiana. Ella comprendió y participó profundamente en la experiencia de Jesús de la Realidad Suprema como Abba, una palabra tierna y amorosa para dirigirse al Padre.

El libro de Thomas Keating va poniendo en paralelo seis paràbolas de Jesùs con las ideas y enseñanzas de Santa Teresita. A partir de ahì, nos propone ideas importantes para la vivencia contemplativa del Evangelio. Comparto algunas de ellas: 

1. La Paràbola del fariseo y el publicano en el templo: Jesús dice que el recaudador de impuestos volvió a su casa justificado, lo que quiere decir que todos sus pecados fueron perdonados, pero no así el fariseo. Esto significa que los lugares sagrados no son esenciales para que alguien pueda entrar al Reino de Dios. En las enseñanzas de Jesús, el lugar sagrado es donde estás. Está en la vida diaria ordinaria. La idea de que el lugar sagrado está justamente donde te encuentras es una revolución en el concepto popular de lo sagrado. Hay lugares tales como iglesias y santuarios, donde nos renovamos espiritualmente, donde escuchamos la voz de Dios y donde podemos tener experiencias espirituales. Pero, de acuerdo con ésta parábola, esos no son los lugares usuales donde se lleva a cabo la transformación. Nuestras reacciones en la vida diaria son la medida de la profundidad de nuestra oración y del poder que ella nos da. Para la mayoría de la gente, la vida diaria del mundo seglar es el sitio donde tiene lugar la transformación en Cristo. Al igual que el fariseo, uno puede estar en la vida religiosa y no ser transformado. Es la acción oculta del reino de Dios que trabaja no sólo en circunstancias externas, sino a través de un cambio radical en nuestras actitudes. Esto es lo que es la transformación. No es ir a una peregrinación o entrar en un estado especial de vida. Es cómo vivimos donde estamos y lo que hacemos en esas circunstancias. Lo que Teresita llamaba “el Caminito” es simplemente las circunstancias de la vida cotidiana y lo que hacemos con ellas.

2. La Paràbola de la semilla de mostazaEn la versión de la parábola de Lucas, el grano crece hasta hacerse un árbol. Quizás el razonamiento de Lucas era que el grano de mostaza, si iba a ser el símbolo del Reino de Dios, tenía que crecer hasta llegar a ser algo significativo. De hecho, las semillas de mostaza no crecen como árboles. No crecen para hacerse cedros del Líbano, que pudieran tener hasta trescientos pies de altura y albergar a muchos pájaros. Para los que escuchaban la parábola de Jesús, una semilla de mostaza sólo podía crecer hasta el tamaño de un arbusto pequeño, no más de cuatro pies de altura y sólo unos pocos pájaros pueden anidar en sus ramas. Como símbolo, por lo tanto, el grano de mostaza es lo reverso de lo que los israelitas de esa época tenían en mente cuando ellos imaginaban el Reino de Dios. Ellos creían que, a través de Israel, Dios iba a establecer su soberanía y reinar sobre todas las naciones del mundo. Sin embargo, la parábola claramente señala que el Reino de Dios no tiene nada que ver con el triunfo vengativo sobre nuestros enemigos o con el éxito mundano. Lo que la parábola claramente implica es que, si crees que tu iglesia, tu nación, o tu grupo étnico va a ser liberado por Dios y que disfrutarás de un triunfo magnífico, o si esperas que el mundo se convierta a Jesucristo, estás equivocado. Esto no va a suceder. Lo que al Evangelio le interesa eres tú. No lo que puedas hacer, sino únicamente tú. Santa Teresita escribe: La santidad no consiste en esta o aquella práctica sino en la disposición del corazón, (notemos el cambio de lo externo a lo interno) que permanece siempre humilde y pequeño en los brazos de Dios, pero confiado hasta la audacia en la bondad del Padre. Eso era lo que Santa Teresita quería decir cuando hablaba del camino de la infancia espiritual. Esto es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: “Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los Cielos”.

(Continuarà...)

martes, 21 de julio de 2020

HUMANIDAD, EXPERIENCIA DE DIOS

El ser humano es experiencia de Dios. No sólo tiene capacidad de vivenciar, sino que, en el seno de esa misma experiencia, el ser humano es. Pero sólo existe esa experiencia de Dios cuando la persona, en toda su unidad, se hace consciente de estar fundamentada radicalmente en la realidad divina. Si Dios es experiencia de humanidad, el ser humano se va haciendo persona desde esta experiencia de lo absoluto. Se va generando, por tanto, un vínculo profundo donde los límites humanidad/divinidad se van tejiendo cada vez más imperceptibles, aunque existentes. Así es como podemos afirmar la radical dependencia de la humanidad con respecto a su origen divino. Esta esencial dependencia genera, en la misma humanidad, una necesidad del fundamento de su existencia. Teresa de Lisieux no escatima consciencia y audacia para experimentarse una manera finita de ser Dios. Toda la trayectoria interior de la existencia de Teresa refleja la acogida a esta realidad divina infinita que se hace finita en su humanidad personal. Se trata de una intuición profunda que se impone en sí misma como categórica. En la Ofrenda al Amor misericordioso de Dios expresa su radical deseo, que su ser quede impregnado de la divinidad en su versión de ternura entregada. Un deseo de que su realidad finita quede radicalmente absorbida en la realidad infinita: 

A fin de vivir en un acto de perfecto amor, yo me ofrezco como víctima de holocausto a tu Amor misericordioso y te suplica que me consumas sin cesar, haciendo que se desborden sobre mi alma las olas de tu ternura infinita que se encierran en ti, y que de esta manera llegue a ser mártir de tu amor, Dios mío”.

Rosario Ramos
Teresa de Lisieux: Hacia una interioridad creativa, liberada e integradora
Revista de Espiritualidad

domingo, 19 de julio de 2020

EL CASTILLO DE LA LIBERTAD

La invitación de santa Teresa a entrar dentro de uno mismo para encontrarse con Dios es una exhortación a descubrir un amplio espacio de libertad.

-Claudia Morales Cueto

A pesar de haber comenzado a escribir el libro de Las Moradas en una situación de mucho trabajo y cansancio físico, parece que en cuanto toma la pluma santa Teresa se entusiasma con el deseo de compartir con sus hermanas las riquezas de la experiencia de entrar al hermoso castillo del alma.

Conforme avanza en el recorrido de las distintas estancias o moradas, comparte con más frecuencia lo difícil que le resulta poder comunicar estas experiencias interiores, que por su naturaleza son inefables. En la conclusión afirma que este libro ha sido escrito: “para consuelo y deleite” (1). Como mujer de vida orante, comparte su experiencia para inspirar y acompañar a la experiencia gozosa del Amor.

Para vivir y pasear en este castillo no se requiere ningún tipo de licencia o permiso, afirmación osada y peligrosa para su tiempo, ya que las mujeres estaban sometidas a la autoridad patriarcal, debido a las tradiciones culturales de la época. Este lugar que describe santa Teresa es tu morada, donde se vive con entera libertad (Conclusión 1). A este castillo puedes entrar a tratar con Dios como amigo, siempre que quieras.

Hemos pasado ya varios meses en el confinamiento por la pandemia... y a pesar de no poder salir a los parques, a la calle, al trabajo, siempre podemos tener la experiencia de salir dentro de nosotros mismos para explorar nuestro propio castillo interior. Deseo que lo sigas recorriendo en toda su amplitud, con libertad.

Aunque no se trata de más de siete moradas, en cada una de éstas hay muchas: en lo bajo y alto y a los lados, con lindos jardines y fuentes y laberintos y cosas tan deleitosas, que desearéis deshaceros en alabanzas del gran Dios, que lo crió a su imagen y semejanza” (Conclusión 3).

(Tomado del Blog, Teresa, de la rueca a la pluma)

miércoles, 15 de julio de 2020

DESAFÍOS DE LA VIDA RELIGIOSA

"Cada persona humana tiene una vida espiritual, y creo que muchos jóvenes, y personas mayores, tienen dentro una conversación que se podría llamar espiritual. Nosotros religiosos y religiosas, tenemos que ser esas personas con las cuales aquellas personas tengan la posibilidad de conversar. Debemos construir también un ambiente en el cual una persona que empieza a reconocer una llamada interior pueda ser ayudado a fortalecer su sentimiento y intuición. En cuanto a la vida consagrada misma, es cierto, en el momento en que la vida, o la forma de vivir, no habla más de Jesús, o del Evangelio, o de una apertura al Espíritu Santo, o de la madurez cristiana o de un verdadero espíritu misionero, entonces tenemos que cambiar, y saber cambiar, todo lo que podría ser un falso testimonio, todo lo que es una creación puramente humana y ciertos estilos obviamente alienantes".

Padre Míċéal O’Neill
Prior General O. Carm.

CON MARÍA, LA MADRE DE JESÚS (5)

Durante estos días estamos compartiendo algunos textos de carácter mariano, a propósito de las celebraciones de la Virgen,para enriquecer así nuestro amor a nuestra madre y hermana en el Carmelo:


EL ESCAPULARIO DEL CARMEN (2)

El Escapulario es esencialmente un "hábito". Los que lo reciben están agregados o asociados en varios grados respecto al Carmelo que está dedicado al servicio de nuestra Señora para el bien de toda la Iglesia. Podemos profundizar nuestra apreciación de este don mediante la reflexión acerca del significado de las prendas y ropa en la Biblia. Necesitamos ropa para protegernos contra los elementos (véase Eclo. 29:28); es una bendición de Dios (véase Deut. 10:18; Mat. 6:28-30); simboliza todas las promesas divinas de restauración (véase Bar. 5:1-4). Por último, hemos de estar revestidos de inmortalidad (véase 2 Cor 5:3-4). Pero, entre tanto, hemos de estar revestidos de lo nuevo (véase Col. 3:10); de hecho, hemos de estar vestidos de Cristo (véase Rom. 13:14). Por nuestra Regla recordamos que hemos de estar revestidos de la armadura de Dios. Esta armadura es casi totalmente defensiva, la única arma ofensiva es la espada de la Palabra de Dios (véase Ef. 6:17). Así pues, el Escapulario visto como prenda nos recuerda nuestra vestimenta bautismal en Cristo, nuestra dignidad como miembros del Carmelo de María y nuestra invulnerabilidad cuando llevamos la armadura de Dios.

 
A fin de apreciar el Escapulario, es menester volver la mirada hacia nuestra tradición y mirar alrededor de nosotros y considerar las sensibilidades contemporáneas y componentes culturales. La prenda de María es un tema rico en la espiritualidad de las Iglesias tanto oriental como occidental. En Oriente, el velo o manto de María es un signo de su protección; en Occidente, el hábito de María es un signo de pertenencia a ella. Ambos aspectos se combinan en la reflexión de Sta. Teresa Benedicta de la Cruz: Edith Stein. Ella habla del santo hábito de la Madre de Dios, el escapulario marrón y dice que el 16 de julio damos gracias a nuestra querida Señora por habernos vestido con la prenda de salvación, un signo visible de su protección maternal. S. Teresa de Jesús se refiere varias veces al "hábito de María." Se deleita relatando la trampa que la Virgen le tendió al P. Gracián para darle su hábito, y observa "Es su costumbre favorecer a los que de ella se quieren amparar."

De su profundo conocimiento de que el hábito del Carmelo es el de María, Sta. Teresa de Jesús deduce las implicaciones concretas para la vida de sus miembros, e.g. Todas las que traemos este hábito sagrado del Carmen somos llamadas a la oración y contemplación, y a la humildad. Resultaría fácil multiplicar tales referencias de los santos y escritores espirituales del Carmelo en cuanto al hábito carmelitano.

Nuestra tradición demuestra la más firme convicción de que el hábito y el Escapulario no tienen efecto salvífico a no ser que veamos su significado como el hábito de María que nos afilia a la Familia carmelitana, y vivamos en conformidad con su ejemplo. Las verdades centrales que han de ponderarse incluyen la protección de María, su intercesión a la hora de nuestra muerte y después de ésta. De nuestra parte se requiere una relación filial, o una que exprese que somos sus hermanos y hermanas y que estemos entregados a su servicio para la la gloria de su Hijo. El Escapulario es un signo que nos lleva hacia tales relaciones.

 En el contexto moderno, María nos muestra cómo escuchar la Palabra de Dios en las Escrituras y en la vida misma, cómo estar abiertos a Dios y cercanos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas en un mundo donde la pobreza en sus muchas formas les arrebata su dignidad. María también nos muestra el sendero de la mujer hacia Dios y nos acompaña como mujer que es el icono de la ternura de Dios, una mujer que tuvo que afrontar muchas pruebas, a fin de cumplir la vocación que Dios le dio. Es el signo de libertad y de liberación para cuantos en su opresión claman a Dios. De nuestra parte, el Escapulario es una expresión de nuestra confianza en el cuidado de María. Muestra nuestra voluntad de ser testigos de nuestra adopción bautismal y de ser sus hijos e hijas, hermanos y hermanas, así como nuestro deseo de estar revestidos de sus virtudes, de su espíritu contemplativo y de su pureza de corazón. Así, revestidos por ella, nosotros, como ella, reflexionamos la Palabra y demostramos que somos discípulos de su Hijo en nuestra dedicación a las obras del Reino de Dios: verdad y vida, santidad y gracia, justicia, amor y paz. 

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Por lo que hemos considerado, es obvio que el Escapulario es uno de los tesoros de la Familia Carmelitana. Cuando hablamos del Escapulario debemos poner de relieve la pertenencia a la gran Familia del Carmelo. No sería apropiado enrolar gente con el Escapulario sin una explicación detallada de lo que están recibiendo. Habida cuenta de que el Escapulario es un símbolo, su significado ha de señalarse cuidadosamente. En particular se debe destacar que quien lo lleva debe tener una relación con María, además de esperar favores de ella. Si estamos revestidos del hábito de María, hemos de esforzarnos también para estar revestidos de sus virtudes. El Escapulario es uno de nuestros medios para dirigir a las personas hacia María y, por lo tanto, a su Hijo.


Fragmentos del documento
CON MARÍA LA MADRE DE JESÚS
La Virgen en la vida del Carmelo
Carta Circular de los Superiores Generales P. JOSEPH CHALMERS, O.Carm. y P. CAMILO MACCISE, O.C.D. 
con ocasión de los
750 años del Escapulario
16 de mayo de 2001

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...