Un acercamiento a las riquezas espirituales del Carmelo Teresiano.
domingo, 1 de septiembre de 2013
UN ASCENSOR PARA LLEGAR A JESÚS
"Hazte pequeño en las grandezas humanas..." (Eclesiástico 3,18)
“Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús,
pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección.
Entonces busqué en los Libros Sagrados algún indicio del ascensor,
objeto de mi deseo, y leí estas palabras salidas de la boca de Sabiduría
eterna: “El que sea pequeño, que venga a mí”. (Prov. 9, 4) Y
entonces fui, adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y
queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el que pequeñito que
responda a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré:
“Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en
mis brazos y sobre mis rodillas os meceré”. (Is 66,13) Nunca
palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma ¡El ascensor
que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no
necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo
que empequeñecerme más y más”.
(Teresa de Lisieux, Historia de un Alma, Ms C, 3 rº)
Personalmente, yo diría que Jesús no está elevado, sino junto a nosotros. Nosotros no tenemos que elevarnos a Él, pues Él descendió hasta nosotros. No obstante, la visión de Teresita es novedosa y valiente, en el contexto de una "espiritualidad de méritos", pues pone como clave fundamental la CONFIANZA y el abandono confiado en brazos del Amor.