sábado, 20 de octubre de 2018

EN LAS TERCERAS MORADAS TERESIANAS (1): Como el joven del Evangelio...

Esta Morada consta de dos capítulos en el libro de Teresa, por lo que empezamos por el primero:

Capítulo 1: Como el joven del Evangelio...

Un paso más, Castillo adentro, y se llega a las Terceras Moradas, y aquí no esperemos haber dejado atrás la ascesis, la vigilancia y el esfuerzo. En esta morada Teresa hablará de la prueba del amor, de los riesgos de los espejismos y el narcisismo, del paso por una especie de adolescencia del espíritu…. Teresa comparte la experiencia agridulce de su propio paso por esta etapa del camino (Vida 8, 11/12).

Tipos bíblicos para estas jornadas: una la toma del Evangelio y otra la elabora ella misma a partir de un salmo, utilizándolas como las dos caras de esta etapa del camino. La primera, el salmo 111 (Dichoso quien teme al Señor): en el lenguaje bíblico esto no significa sentir miedo de Dios, sino respeto y conciencia amorosa. En este tipo bíblico Teresa resalta dos aspectos: seguridad y bienaventuranza: las moradas terceras son un seguro de vida solo si el morador de ellas deposita su confianza en Dios. Educarse en el arte de una ilimitada confianza en Él es tarea de esta jornada espiritual, porque solo esta confianza puede salvarnos de la inestabilidad e inseguridad permanentes de uno mismo. Es Dios, no el castillo propio, quien nos garantiza la seguridad ante mis miedos e incertidumbres del camino.
 El segundo tipo bíblico es la otra cara: no es la imagen ideal, sino el un joven de carne y hueso, el del Evangelio de Mt 19, 16/22. El joven bueno que busca vida eterna y se marcha entristecido, luego de hablar con Jesús. Generoso y tacaño al mismo tiempo: quiere darse, pero no quiere soltar (Camino 32,8). Así, el morador de estas terceras moradas debe:
1.    Entrenarse en la generosidad de cara a Dios y a los hermanos.
2.    Recuperarse de la humillación y el fracaso y de las incoherencias de sus ímpetus juveniles.
3.    Aceptar que Dios tome la iniciativa más allá de mis proyectos de generosidad.
 Lo anterior, incluso cuando la iniciativa de Dios me tome por sorpresa en los acontecimientos de la vida, en la intromisión de los demás en lo mío, o en los sucesos que se cruzan de través frente a mi propio programa espiritual. Cuando expresamente el Señor desborda o desbarata mis esquemas.

Lo que Teresa describe en estas Moradas es una especie de “adolescencia espiritual”, con los típicos rasgos de esa etapa de la madurez humana: arrojo y generosidad, seguridad ficticia con una inseguridad de fondo, arrogancia mal disimulada (#6)… Y entonces Teresa insinúa lo que será el paso siguiente de esta Morada (el capítulo 2): “Pruébanos tú, Señor, que sabes las verdades, para que nos conozcamos” (#9). Es necesario que el Senor, que sabe nuestras verdades, nos someta a la prueba del amor, y pasar esa prueba marcará el paso de frontera de las cuartas moradas...

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...