lunes, 29 de octubre de 2018

EN LAS QUINTAS MORADAS TERESIANAS (1)...Unión y metamorfosis

Las Moradas Quintas son las moradas de la UNIÓN, y este vocablo trae siempre, para el místico, evocaciones y está transido de misterio. Por eso Teresa comienza a escribir aquí compartiendo con sus lectores la tentación de no seguir escribiendo, no sabe qué o cómo decir, y luego se encomienda al Espíritu para hacerlo bien, reafirmando en el # 2 la vocación mística del Carmelo. Todas (todos) estamos llamados a la unión

¿Qué decimos cuando hablamos de UNIÓN? Debemos partir de lo que Teresa dijo al comenzar este itinerario: Dios está siempre presente, vive en nosotros, no se va ni siquiera cuando vivimos en pecado. Dios es omnipresente. ¿Entonces? Es que Dios está aquí, dentro y fuera de nosotros, pero no lo percibimos de esa manera, porque hay siempre un velo entre Dios y nosotros. No lo percibimos como se percibe una cosa, o un amigo, ni siquiera con la fe. Esa barrera, ese velo, solo se desmonta por su gracia, por su amor. Recordemos el pasaje de Vida, citado en la Morada anterior: llega de repente, se nos da, es pura gratuidad. En un momento de este camino Dios puede introducir al creyente en la experiencia de su presencia sin velo, dando paso a un chorro de luz, que poco a poco va convirtiéndose en experiencia estable. Experimentamos que realmente en el vivimos, nos movemos y existimos. 

Teresa nos va a explicar que aquí puede haber un más y un menos de esta UNIÓN, y empezará a hablarnos del más, para luego en el capítulo tercero hablarnos del menos. En los #s 3 y 4, texto de neto corte místico, explica de qué va esto, y entre otras cosas afirma luego: “(Dios) no imposibilita a ninguno para comprar sus riquezas; con que dé cada uno lo que tuviere, se contenta”. Y también: “¿Qué no dará quien es tan amigo de dar y puede dar todo lo que quiere?” Aquí Dios está “junto y unido con la esencia del alma” que el demonio no puede entrar ni hacer ningún daño (5). 

Ideas a resaltar aquí: La entrega total de sí a Dios (ese extraño anhelo de los místicos por salir de sí mismos, para perderse en Dios); un desplazamiento de todas las funciones y del dinamismo del espíritu (el sentir, entender, amar, vivir); y una especie de muerte sabrosa y deleitosa (por encima de toda experiencia terrenal). Es en ese torbellino de entrega, muerte y gozo donde Dios se hace presente. 

También en este primer capítulo Teresa habla de algunos teólogos a los que tuvo que someter sus muchas experiencias, y que no supieron orientarle bien (#s7 y 8), y afirma: “Quien no creyere que puede Dios mucho más y que ha tenido por bien y tiene muchas veces comunicarlo a sus criaturas, que tiene bien cerrada la puerta para recibirlas. Por eso, hermanas, nunca les acaezca, sino creed de Dios más y mucho más, y no pongan los ojos en si son ruines o buenos a quien las hace, que su Majestad lo sabe”. 

En RELACIONES (CC) 29, ella da cuenta de lo que entiende por UNIÓN, y también explica aquí en el # 9, que “esta alma que la ha hecho Dios boba del todo para imprimir mejor en ella la verdadera sabiduría; que ni ve ni oye ni entiende en el tiempo que está así, que siempre es breve, y aun harto más breve le parece a ella de lo que debe de ser… y cuando torna a sí, en ninguna manera puede dudar que estuvo en Dios y Dios en ella”. Utiliza la palabra CERTIDUMBRE tres veces para hablar de la impresión que le queda después de esa experiencia, y no hace falta buscar explicaciones: “Basta ver que es Todopoderoso el que lo hace, y si no somos parte por diligencia que hagamos para alcanzarlo, sino que es Dios el que lo hace, no lo queramos ser para entenderlo”. 

Teresa acude a los símbolos o comparaciones, tratando de abrir espacios interiores en sus lectoras para ser mejor comprendida. Lo hará principalmente a partir del capítulo segundo de estas Moradas, pero ya en este adelanta algunos, que mencionamos: el sello y la cera (9), la bodega de vino (12), y el cenáculo y el don de la paz (12). 


PASAMOS AHORA AL CAPÍTULO SEGUNDO: La palabra clave aquí es METAMORFOSIS o transformación, que es el anhelo del místico, y cuyo proceso Teresa experimenta en su propia vida. Tres momentos: 

1. Unión del hombre con Dios, que se alcanza como parte del crecimiento del cristiano y de su vida en Cristo. 

2. Que pasa a través de la muerte: muerte radical a la anterior forma de vida, arraigada en lo terreno, limitada por el lastre del mal y el pecado. 

3. Para renacer a otra manera de vivir, con horizonte nuevo, con psicología nueva, con nueva apertura a lo trascendente, y apetencia de más vida en un estado superior que la unión presagia. 

Así, UNIÓN, MUERTE MÍSTICA Y VIDA NUEVA son los tres eslabones de esa cadena. De la primera ya nos habló Teresa en el capítulo anterior, y en este hablará de las otras dos. 

Para ello utilizará la historia del GUSANO DE SEDA, elevada al rango de símbolo; transformación biológica para entender la transformación mística. Proceso que se da en varios pasos: 

1. Cómo nace el gusano casi de la nada. 

2. Cómo el gusano, ya crecido, grande y feo, empieza a tejer su propio cobijo. 

3. Cómo el gusano, convertido en crisálida, muere dentro del capullo para dar paso a una vida nueva (Dice Teresa en #4, que esta casa en la que va a morir el gusano es Cristo, porque nuestra vida está escondida en él). 

4. Cómo el capullo se rompe, y sale de él una mariposa, que no se arrastra, sino que vuela. 

LAS LECCIONES DEL SÍMBOLO DEL GUSANO DE SEDA

1. Nosotros solo podemos hacer los preparativos, es decir, tejer el capullo como el gusano, quitando y poniendo, despojándonos de la carga de egoísmo, soberbia, apego a lo desordenado, y poniendo nuestra voluntad en las manos de Dios. 

2. Teresa rechaza todo atisbo de prometeísmo humano: al hombre se le reserva el protagonismo de la preparación, pero es Dios quien protagoniza el don de sí mismo, por amor. Y esto está claramente reflejado en el símbolo de Teresa: solo cuando el gusano muere, se le concede el milagro de renacer mariposa. 

3. La muerte mística del hombre es su mayor triunfo, incluso psicológico, sobre la muerte misma. No es un elemento negativo, y por eso Teresa lo celebra: es morir para nacer de nuevo. 

4. Y aquí presenta entonces la fisonomía del hombre renacido, la típica psicología del místico; la vida nueva, que tiene como gran paradigma al propio Cristo. 

Teresa aquí se describe a sí misma de este modo: mujer de deseos, acosada por la necesidad de obrar y servir, con mirada abierta sobre el inmenso paisaje de la humanidad y del drama humano, capaz de gozar y penar a la vez, siempre en espera de más… 


OTROS SÍMBOLOS COMPLEMENTARIOS: la imagen de la abeja y la miel; la del sello y la cera; evocación primera del Cantar de los cantares, con la imagen de la interior bodega.

FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...