lunes, 22 de octubre de 2018

EN LAS TERCERAS MORADAS TERESIANAS (2): La prueba del amor.


Capítulo 2: Sequedades en la noche del alma. 

Este capítulo es la cima de la sección ascética del libro, aunque como ya dijimos antes, el combate nunca cesa; esfuerzo, lucha, responsabilidad, compromiso personal, son necesarios hasta el final del camino, hasta la última morada. Pero a Teresa le urge pasar a la etapa siguiente, aquella en la que Dios y su gracia tienen la primacía. 

Así, a las personas que están en esta morada o etapa e su vida espiritual les es necesaria la prueba, y ella quiere inculcarle al lector dos o tres convicciones fundamentales: 

1. Que la prueba es de Dios. 

2. Que en la vida espiritual la prueba nos es necesaria. 

3. Que es prueba de amor. 

Es importante saber que: más allá de nuestros esfuerzos y proyectos (del “concierto de nuestras vidas”) Dios tiene su quehacer en nosotros; tendemos a reducir nuestra historia de salvación a tarea y proyecto personal, pero esta no existe sin la intromisión de Dios en el tejido de nuestros planes humanos. Dios está siempre ahí, desbaratando nuestros reductos, escondites y seguridades. Lo mismo que en el esquema sanjuanista, en la escalada del monte es necesario atravesar la noche: para purificar la mirada de la fe, para pasar por el crisol el amor y saber si es verdadero, si es auténtico. La vida cristiana es vida de gracia, no se modela meramente con instrumentos humanos, sino que debe pasar por el troquel del amor de Dios y de su iniciativa, que trasciende nuestros planes. 

Teresa pone varios ejemplos concretos de prueba: un grave contratiempo económico, o lo contrario, si la fortuna y la abundancia tocan a la puerta, la erosión del propio prestigio o la honra, la prueba de Job (problemas de salud, que ponga en peligro la propia vida), o, ya a nivel espiritual, la sequedad, agotamiento de recursos en nuestra relación con Dios, aparente ausencia de Él, falta de estímulos emocionales, sin ilusiones. 

Alternativas: emplazarlo (¿A dónde te escondiste?) o radicarse en la fe pura (Aunque muera, esperaré en Ti). 

La prueba del amor, para Teresa, tiene dos razones: evidenciar cuán precarios son nuestros esfuerzos ascéticos, y que pasemos entonces a otro nivel o ritmo de andadura espiritual. Y así vale aquí al final de las moradas ascéticas esta conclusión: todos nuestros esfuerzos son necesarios, pero insuficientes. No bastan (#2). Y esta evidencia: Dios quiere que volemos más alto: nosotros siempre andamos a cámara lenta, y él nos impulsa, nos lanza más arriba. (#7 y 8). 


Consejos de Teresa para estas moradas

1. Humildad: es decir, conocimiento y aceptación de uno mismo; es decir, reconocimiento y gratitud a Dios por sus dones. La humildad sirve para no perder de vista la medida de uno mismo, no falsearla a los propios ojos, y menos a los ojos de Dios (#8). 

2. Obediencia: incluso, dice Teresa, para quien no es religioso. Se trata de evitar el aislamiento y la autosuficiencia. Buscar amistad con quien vaya más adelantado en este camino, y aprender de ellos que es posible volar alto, y hacerlo con suavidad. 

3. En el #6: “Créanme. No está el negocio en tener hábito de religión o no, sino en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, y que nuestra vida sea lo que Él quiere, y no querer que se haga nuestra voluntad sino la suya. Y si hemos llegado a este punto, humildad, que es el mejor ungüento para nuestras heridas, porque si la humildad es verdadera, vendrá el cirujano que es Dios a sanarnos” (versión propia).


FRANCISCO HABLA DE TERESA

“En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida ...